Detodounpoco

Abril 27, 2007

El chándal

Archivado en: libertad, moda, ropa, sociedad — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 7:05 am

Este atuendo deportivo, utilizado para que los deportistas no se enfriaran en los momentos anteriores y posteriores a la prueba, ha pasado a convertirse en la prenda más universal.

Se usa para todo. Vamos de visita a un domicilio y es corriente que nuestros anfitriones nos reciban en chándal. Acudimos a un bar, o a una cafetería, y vemos chándales por doquier. En los supermercados y grandes superficies, en hospitales, paseando por las calles, en restaurantes. No sé si ha llegado a las embajadas, pero no me extrañaría.

Lo usan por igual niños que niñas, jóvénes que jóvenas, adultos que adultas, y hasta los abuelos y las abuelas. Sí, sí, hasta éstos. Normalmente combinados con los tenis, que son como las antiguas zapatillas de deporte pero más mazacotas y de colores variados.

Los hay de diversos tejidos y de todos los colores y combinaciones de colores, abundando los fosforitos, lo cual contribuye a crear un ambiente multicolor muy alegre vayamos donde vayamos.

Se trata de una prenda cómoda y suelta, ideal para sentirse como en casa. Además, como se usa igual en casa que en la calle, permite a sus usuarios tomar el camino del supermercado sin pasar por el dichoso trance de arreglarse para salir.

Ha igualado los sexos, porque lo usan casi por igual hombres y mujeres, por lo que podemos considerarla la prenda menos machista que existe.

En las mujeres amas de casa ha sido el sustituto ideal de la bata de guatiné, con lo cual ha eliminado las conotaciones negativas - de marujeo - que aquella pudiera tener.

Es, hasta ahora, después del atuendo chino, la prenda más igualadora y democrática que existe pues lo usan todas las clases económicas.

Se ha impuesto tanto, y en tantos ámbitos, que si vistes una americana te miran como a un bicho raro, y si vistes traje de chaqueta piensan que trabajas en El Corte Inglés o eres director de una sucursal bancaria. Es decir, el chándal no sólo se ha generalizado, sino que se ha impuesto a todo lo demás.

Dentro de poco, si las cosas avanzan al mismo ritmo, en nuestro país habrá dos prendas: el chándal para el invierno, con toda su gama multicolor, y la bermuda para el verano, también multicolor.

Debo de decir que detesto esta moda, y que opino que esta uniformidad en el vestir que nos marca el chándal es lo más chabacano que existe. La elegancia en el vestir formaba parte de una cierta estética que contribuía a alegrarnos la vida.

Ese afán desmedido por la comodidad, en detrimento de la elegancia, es reflejo de un desprecio absoluto por la estética y de la imposición de una tiranía de la cultura light, que ha afectado de forma transversal y simultánea a todas las generaciones.

Ese concepto de la comodidad a cualquier trance, sin matices añadidos, nos conduce directamente a la bermuda como prenda universal del verano y al chándal para el tiempo frío.

Yo entiendo el vestir como una forma de respeto hacia uno mismo, y como el comienzo de una forma de respeto a los demás, y esta prenda, fuera de su uso como atuendo deportivo, se me hace poco respetable.

Yo agradezco a mis padres que me hayan privado de ese espectáculo multicolor del chándal.

Abril 26, 2007

Los límites de la libertad de expresión

Archivado en: censura, información, libertad, pensamiento, política — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:25 am

La libertad de expresión es, quizá, la más fundamental de todas las libertades, pues es la que nos permite denunciar los intentos de cercenar otras libertades por parte de los poderes establecidos.

La libertad de expresión, por sí sola, garantiza muy poco, porque es preciso que existan los canales adecuados para que esa libertad formal se materialice. En una situación de monopolio informativo, por ejemplo, la libertad de expresión no se podría materializar. Sin embargo, este es otro capítulo y no es el objeto del presente escrito, en el que nos ocuparemos tan solo de la libertad formal, dando por supuesto que aquella se puede materializar.

Es indudable que el uso irresponsable, o malintencionado, de la libertad de expresión puede acarrear daños importantes, a veces de carácter irreversible - acordémonos del “calumnia que algo queda” -, a la persona o a la entidad perjudicada, y que dicho exceso debe ser castigado, de igual forma que resarcida la persona o la entidad. En esto creo que estaremos todos de acuerdo.

La cuestión a discutir es a quien corresponde limitar dichos excesos verbales en un Estado de Derecho. Mi opinión es que es sólamente la ley, mediante los tribunales,  la que se debe encargar de corregir dichos excesos, ya se trate de difamación, injurias, calumnias, atentado contra el honor, o cualesquiera que sean los diferentes delitos o faltas tipificados como consecuencia del mal uso de dicha libertad.

Si no protegemos adecuadamente la libertad de expresión las demás libertades, que dependen en gran parte de ésta, se verán amenazadas por todos los que, desde el poder, mantienen tentaciones liberticidas.

Ningún comité ético de periodistas, ni ningún ente oficial, al margen de los tribunales, debe arrogarse la potestad de decidir sobre el uso adecuado o inadecuado de dicha libertad. Eso supondría considerar a los ciudadanos súbditos, incapaces de seleccionar y contrastar la información que se les ofrece, al tiempo que dichos organismos acabarían convirtiéndose en órganos censores al servicio de los poderes fácticos establecidos.

Si la democracia nos supone maduros para votar, que es la decisión más importante que se puede tomar, también nos debe suponer maduros para leer o escuchar aquello que consideremos más oportuno.

Normalmente, aquellos que son partidarios de limitar la libertad de expresión, no están tan preocupados por el uso de la misma como por la audiencia de que disponga aquél al que pretenden limitársela. A ninguno de estos liberticidas le preocupa el uso inadecuado que pueda hacer de la misma alguien sin altavoz mediático, de la misma forma que tampoco le preocupará en exceso el mal uso que puedan hacer de la misma los medios afines a su ideología. Creo, por tanto, que aquellos que abogan por limitar la libertad de expresión alegando motivaciones éticas, en realidad, ocultan sus verdaderas intenciones: imponer su pensamiento como el pensamiento único, limitando exclusivamente la libertad de los que no piensan como ellos.

Al referirme a la libertad de expresión, y defenderla, lo hago con la que se dirige a la población adulta. Los niños merecen una protección y una consideración aparte, que sí me parece que debe quedar regulada.

La libertad de expresión debe estar garantizada por la ley, de la misma forma que tipificados sus excesos, y cualquier atajo a los tribunales esconde intereses inconfesables.

Es cierto que, a veces, el mal uso de dicha libertad puede condenar a personas al descrédito, y que enfrentarse a un poder mediático en los tribunales suele resultar costoso e infructuoso. También estoy absolutamente de acuerdo con eso, pero la solución sería mejor nuestro sistema legal, y acostumbrarnos a que el mayor garante de nuestras libertades debe ser el imperio de la ley. Estamos acostumbrados a lo contrario, y vemos que el poder político trata de maniatar al poder judicial, una y otra vez, pero debemos ser conscientes de que las democracias sólidas han de caracterizarse por el sometimiento de todos y cada uno de sus ciudadanos a la leyes.

De cualquier modo, estos peligros que encierra la libertad de expresión, como el descrédito absoluto e injustificado de una persona física o jurídica, nunca sería solventado por un organismo censor que estaría más ocupado en proteger los intereses del organismo por el que fue creado.

Los principales canales por los que se ejerce la libertad de expresión en las democracias modernas son la prensa escrita, la radio, la televisión, y últimamente internet. Ciertamente, los tribunales son absolutamente incapaces de controlar todos y cada uno de los excesos de la libertad de expresión procedentes de dichos medios, y esta incapacidad fáctica puede ser aprovechada por muchos para continuar usando impunemente los privilegios de abusar de dicha libertad.

A los sistemas democráticos hay que presumirles confianza en la madurez de las personas, pues por eso nos permiten que votemos. Esta madurez también debe servir para que las personas opten por aquellos canales de información que estimen más veraces, que contrasten mejor la información y que distingan claramente ésta de la mera opinión. De esta forma, en las democracias maduras, aquellos medios que falsificasen la verdad de forma continuada estarían condenados a desaparecer, ya que, como los políticos se encargan de recordarnos una y otra vez, aunque no acaben de creérselo, el pueblo es sabio.

Si lo somos, adelante: libertad de expresión sin otra cortapisa que la legal. Y si no, los propios políticos que votamos serían los primeros que habría que cuestionar.

Abril 25, 2007

Llega la época del atún rojo

Archivado en: aficiones, gastronomía, restaurantes — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:43 am

A partir de mayo comienza en el estrecho de Gibraltar la tradicional pesca del atún rojo, que se dispone a atravesar el mismo y pasar al Mediterráneo para la puesta. El atún conserva bien todas sus propiedades si la red de congelación se ha mantenido adecuadamente, por lo que es posible consumirlo todo el año sin una merma en sus propiedades organolépticas. No obstante cada vez escasea más, y sólo en determinados restaurantes, como explicaremos más adelante, es posible adentrarse en la cultura de, para algunos - Ferrán Adriá entre otros -, uno de los pescados más sabrosos.

No sólo a Ferrán Adriá, sino también a otros, como Fernando, el dueño de El Faro de El Puerto, en el Puerto de Santa María, les parece que el atún rojo ocupa el primer lugar entre los pescados.

A mí también me parece que hay que situarlo entre los más sabrosos, pero opino que hay que saber consumirlo y que esto no es posible en cualquier restaurante, sino tan sólo en unos pocos y no precisamente los de más renombre.

En la zona de Cádiz, en la que se realiza la tradicional pesca del atún rojo mediante las almadrabas, las localidades en las que es posible consumir el atún en toda su gama de posibilidades son, sin duda, Barbate y Zahara, y sólo en algunos restaurantes escogidos. En localidades muy próximas, como Conil, en la que abundan restaurantes en los que sirven distintas variedades de pescado no existe la cultura del atún para su plena degustación. Pos supuesto que nos podemos tomar un filete de atún fresco, o un morrillo de atún exquisito, o incluso un atún mechado en manteca delicioso, como en El Roqueo, pero no podemos salir de ahí.

Debemos tener en cuenta que hay atunes que llegan a pesar 600 kilos, y que su despiece da para mucho, y que sus diversas partes son muy diferentes, y requieren preparaciones también distintas.

En este corto artículo me voy a limitar a señalar aquellas partes del atún más sabrosas a mi juicio, y sus fomas de preparación más comunes, así como el restaurante que conozco más experto en estas lides. El atún admite muchas formas de preparación y puede combinar con muy diferentes tipos de salsas, y de guisos, pero no va a ser éste el objeto de este escrito. No voy a escribir sobre el atún encebollado, ni sobre el atún a la naranja, ni frito, ni al mojo, ni sobre las distintas guisas de preparación que admite. Sí lo voy a hacer comentando las partes más sabrosas, con más enjundia, y sobre la conveniencia de tomarlas a la plancha o añadirles algún condimento.

El restaurante por excelencia para degustar el atún en todas sus variedades es
El Campero
, situado en la localidad de Barbate. Allí podemos pedir desde un morrillo a la plancha, una verdadera exquisitez, hasta una ventresca también a la plancha, o al-andalus, un combinado de almadraba en aceite, que incluye varias partes del despiece del atún conservadas en aceite de oliva, como la melva, el mormo y el contramormo, el atún ajiar, y otras. El mormo resulta tan delicioso al paladar que yo suelo pedir un plato en exclusiva del mismo. También podemos solicitar el tarantello, pero conviene pedirlo con algún tipo de salsa porque es una parte mucho más seca que el morrillo o que la ventresca. Aquellos que quieran probar de todo un poco deben acudir al menos ocho personas, y encargar un menú de degustación.

En este restaurante se pueden degustar muchas otras variedades de pescado y guisos marineros, así como probar la famosa carne de retinto aunque para este menester yo recomendaría acudir a un restaurante cercano de la zona: La Castillería. En El Campero también es posible degustar las famosas ortiguillas fritas, que aquí fríen de una forma muy especial, así como probar el pargo en salsa de ortigas y un revuelto que para mí no tiene parangón como revuelto marinero: el revuelto de ortiguillas con gambas.

En fin, si les coge cerca ya me contarán. No obstante la propaganda gratuita que le acabo de hacer al restaurante debe ir acompañada de algunas advertencias. Nadie debe esperar encontrarse con un restaurante lujoso, sino más bien lo contrario, pues da la sensación de un bar o una marisquería. Los precios son bastante elevados, y las raciones son muy escasas, no bajando los precios de veinte euros la ración. Vamos, que es fácil salir con hambre. Además, los postres dejan mucho que desear. Absolutamente desaconsejable en temporada alta, y siempre preferible, si hay algún sitio, tapear o tomar raciones en la barra que sentarse. Ya saben ustedes: hay restaurantes en los que la barra es más aconsejable que la mesa y éste, a mi juicio, es uno de ellos.

Hay veces que preparan un guiso que se acaba muy rápido, y que son garbanzos con buche de mero. Hay que decirle al maître que cuando lo preparen haga el favor de llamarnos y nos plantamos allí en una hora, los que vivimos en la provincia. Los de fuera pueden probar suerte el día que vayan.

Espero haberles dado algunas claves a los posibles lectores para la degustación de tan selecto manjar, así como haberles abierto algo el apetito.

Abril 24, 2007

Más sobre la felicidad

Archivado en: cerebro, divulgación, felicidad, mente, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:09 am

En un artículo anterior sobre este tema - ver La felicidad- defendía la naturaleza genética de la propensión hacia la dicha o hacia la infelicidad.

En el magazine de El Mundo de esta semana, de fecha 22 de abril de 2007, venía un reportaje periodístico titulado “Declarado el hombre más feliz del planeta”. El mismo versaba sobre un estudio efectuado por especialistas en neurociencia afectiva - sea eso lo que sea - a un tal Matthieu Ricard, que en dicho estudio había sido nombrado “el hombre más feliz de la tierra”.

Hasta aquí nada especial a reseñar, pues todo indicaba que se trataba de un reportaje sensacionalista al que los periodistas nos tienen tan acostumbrados. Sin embargo, seguí leyendo y advertí que su padre fue Jean Francois Revel, el famoso escritor y filósofo liberal francés, fallecido el pasado año, y tan conocido por su pensamiento democrático liberal y por ser el autor de obras como “La tentación totalitaria”, o “El conocimiento inútil”. Este hecho despertó en mí más interés por el personaje, por Mattieu Ricard.

Ricard hizo el doctorado en genética celular en el Instituto Pasteur de París, y trabajó con el premio Nobel de medicina Francois Jacob. Sin embargo, tras el estudio de textos budistas decidió imprimir un cambio radical a su vida, dando un disgusto monumental al filósofo liberal que era su padre, y partió hacia el Himalaya para hacerse discípulo de Kangyur Rinpoche, un histórico maestro del Tibet de la tradición más ancestral del budismo. Corría el año 1972, y las próximas tres décadas de la vida de este hombre serían dignas del mejor guión de película.

Conoció al Dalai Lama y en 1989 se convirtió en su asesor personal y en su traductor al francés, convirtiéndose en la figura budista occidental más influyente del mundo, habiendo recibido la Orden Nacional Francesa. Ha escrito muchos libros, uno a medias con su padre, “El monje y el filósofo”, que sólo en Francia vendió 500.000 copias. Me hubiera gustado otro libro escrito a medias sobre gastronomía, porque Revel era un consumado gastrónomo y un gran gourmet, mientras que su hijo debe subsistir a base de vegetales.

Aparte, ha escrito otros libros, todos en torno a la consecución de la felicidad, de la que se muestra un firme defensor, aún reconociendo que requiere un importante esfuerzo. Es, como digo, un firme defensor de la plasticidad de la mente, y de su capacidad para ser moldeada.

Por supuesto el reportaje no destaca nada importante de la metodología del estudio realizado en Winsconsin a Ricard, sino que se limita a decir que le colocaron 256 sensores para detectar su nivel de estrés, irritabilidad, enfado, placer, satisfacción y así con decenas de sensaciones diferentes, así como pruebas de resonancia magnética nuclear frecuentes. Según parece, en el baremo efectuado, superó con creces a cientos de voluntarios, desbordando los límites de felicidad previstos en el estudio.

Ricard ha escrito una decena de libros, todos éxitos editoriales, y ha destinado todo el dinero de sus cuantiosas ventas a obras de caridad. Practica el celibato dede los 30 años, y hoy cuenta con 61, y carece de todas las cosas que la mayoría perseguimos con mayor o menor ahínco.

Sería interesante conocer la metodología del estudio, aunque yo dudo mucho que una serie de ondas recogidas por unos electrodos, y que unas imágenes obtenidas por resonancia magnética nos permitan obtener unas puntuaciones válidas sobre la felicidad de las personas.

Siempre he pensado, no obstante, que técnicas milenarias para meditar y aislar la mente, tan comunes en el budismo, sí deben aportar cuando menos serenidad al espíritu y, quizás, esta ausencia de estrés y de angustia de cualquier tipo sí vaya asociada a un determinado patrón de ondas elctroencefalográficas. La felicidad, sin embargo, intuyo que es algo más que la serenidad y que la ausencia de estrés, y que no hay patrón elctroencefalográfico que lo capte, por muchos electrodos que se coloquen en el cráneo.

No dudo que a Ricard el tipo de vida que eligió a sus treinta años le haya hecho sentirse realmente feliz; quizás estuviera predispuesto genéticamente para sentirse feliz así. Otros, muy probablemente no soportaran ese tipo de vida.

Sigo pensando que, salvo casos aislados, la mayoría de las personas han de desenvolverse en su ambiente habitual y que genéticamente unos están más predispuestos que otros a ver el vaso medio lleno, y a gozar con las pequeñas cosas y a minimizar los contratiempos. Sí creo en algunas técnicas para racionalizar y minimizarlas contrariedades, así como en otras para conseguir un adecuado estado de relajación.

De cualquier forma me parecía oportuno hacer mención al reportaje sobre la vida y el estudio realizado a Ricard en Wisconsin, así como a su última obra traducida al español titulada “Defensa de la felicidad”, por si alguien estima oportuno emprender un viaje al Tibet para reencontrarse con lo más profundo de su ser.

Abril 23, 2007

Es falso, pero ¡qué bien funciona!

Archivado en: Matemática, ciencia, divulgación, filosofía, lógica, modelos, método — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 12:29 pm

Galileo dijo que la naturaleza estaba escrita en lenguaje matemático, y desde entonces muchos son los que han repetido la misma frase de forma mecánica, sin pararse a pensar lo que están diciendo.

Ha sido tan útil, y tan generalizada, la aplicación de la matemática a la Física que uno podría sentirse tentado a pensar algo así. Sería, sin embargo, una visión idealista de la realidad que no tiene mucho fundamento. La naturaleza no contaba con nosotros, ni sabía qué tipo de matemáticas inventaríamos. Resulta más natural pensar al revés: los conceptos matemáticos fueron creados por el hombre para comprender mejor la naturaleza. De esta forma obviamos la estereotipada explicación de que la naturaleza estaba contando con nuestra aparición en el planeta Tierra, poco humilde por nuestra parte.

Así debieron surgir los números, tras el esfuerzo de muchas generaciones, y los primeros conceptos geométricos. Ni lo uno ni lo otro existen en la naturaleza, pero ya hemos visto lo útiles que nos han resultado.

A los antiguos egipcios, las inundaciones periódicas del Nilo los impulsaron a desarrollar el concepto de área y a calcular las áreas de los terrenos que podían quedar borrados por las mismas. Fueron los primeros balbuceos de la matemática aplicada. Más tarde, en Grecia, Euclides, sistematizó en un cuerpo teórico toda la geometría conocida en una forma parecida a como se estudia - o como se estudiaba - en los colegios. Fue el comienzo de la matematica abstracta, teórica, sin vistas a una aplicación inmediata.

En la mecánica clásica, newtoniana, resulta muy útil el concepto de sólido rígido. Se trata de un concepto matemático, que tampoco existe en la realidad. Se define como un conjunto de n partículas tal que dos cualesquiera de éllas están siempre a la misma distancia entre sí. Sabemos que los átomos están continuamente vibrando ( salvo, teóricamente, en el cero absoluto ) y que el sólido rígido es una ficción. Sin embargo esta abstracción, esta modelización de la realidad, nos permite aplicarle un imponente aparato matemático creado a a tales efectos. El asunto es que, a los efectos del estudio del movimiento, nuestra ficción funciona, ¡ y cómo lo hace !.

A nuestra escala de velocidades, incluida la de los cohetes espaciales, la mecánica de Newton funciona perfectamente aunque sepamos, desde Einstein, que los tiempos y los espacios dependen de la velocidad del observador que los mide.

Las matemáticas aplicadas son modelizaciones de la realidad que, dependiendo del ámbito en que nos movamos, se adaptan mejor o peor, o, lo que es lo mismo, predicen mejor o peor lo que va a suceder y tienen, por tanto, mejor o peor poder explicativo.

Karl Popper introdujo para los modelos el concepto de falsabilidad, requisito indispensable para que cualquier modelo científico de la realidad pudiera ser refutado.  Desde este punto de vista, teorías tan importantes como el psicoanálisis o la teoría de la evolución, no pueden ser incluidas como teorías científicas por no ser falsables, según el propio Popper. Cualquier modelo que haya sido falsado debe ser abandonado.

 Hoy somos algo menos restrictivos, y los modelos no son abandonados por el mero hecho de haber sido falsados. La mecánica de Newton ha sido falsada por el experimento de Michelson y Morley, y la teoría de la relatividad se justa más a los hechos observados. Sin embargo Newton sigue vigente, y a la escala de velocidades en que nos movemos el modelo funciona extraordinariamente bien, aunque sea falso.

Probablemente lo que llamamos verdadero, o falso, es una forma de interacción entre nuestro aparato perceptor y la realidad. Decimos que una teoría aparece como verdadera cuando es capaz de explicar, y de predecir, fenómenos que nuestro aparato perceptor pondrá de manifiesto. Quizás otros seres inteligentes, dotados de otro aparato perceptor, obtuviesen otra teoría diferente, igualmente válida para explicar todos los fenómenos que su aparato peceptor pudiera captar. ¿Cuál de las dos teorías describiría, entonces, la realidad?. Podríamos decir que las dos, y podríamos decir que ninguna. Quizás la realidad no sea más que eso: nuestra mejor aspiración de descripción de la naturaleza.

Hemos explicado que las matemáticas surgieron como modelos para explicar la naturaleza, y que pueda haber - y de hecho hay - muchas matemáticas diferentes y muchos modelos explicativos, con mayor o menor éxito.

En otro escrito de este mismo blog, titulado Cerebro y Lógica, se defiende la hipótesis de que la Lógica, sin embargo, es algo universal, a diferencia de las matemáticas.

Abril 21, 2007

Prohibido cumplir más de lo que prometió

Archivado en: pedagogía, política — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 12:47 pm

Es frecuente, y normal, que exijamos a nuestros políticos que cumplan con su programa electoral, y que les pidamos cuentas por ello. No en vano son nuestros inquilinos, y si no cumplen el contrato que prometieron cumplir en cuatro años en nuestras manos está echarlos para alquilarles el palacio a otros.

 Hay algo que me parece tan importante como exigirles el cumplimiento de su programa, y es exigirles que no hagan nada que no hayan prometido. Exigirles que se limiten a cumplir su programa, y que no toquen nada que no viniera explicitado en su programa.

Si no les planteamos esta exigencia con la misma contundencia que la otra nos pueden ocurrir muchas cosas imprevistas, como vernos involucrados en una guerra ajena a nuestros intereses colectivos, como acostarnos monárquicos y levantarnos republicanos, o que nos planteen serias incertidumbres sobre nuestra organización territorial, e incluso sobre la integridad del territorio.

Además, si no les hacemos pagar en las urnas por tomar este falso atajo estamos propiciando que nos engañen para la próxima. Se pueden dedicar a prometer unas cuantas cosas fáciles de cumplir, de cara a la galería, y luego empeñarse en trastear sobre todo el ámbito de cuestiones en que se abstuvieron de prometer nada. Les estaríamos dando la oportunidad de pervertir el sistema bajo la apariencia de haber cumplido su programa electoral. Parece una trampa burda, pero si todo el cinturón mediático que apoya a los gobiernos actúa al unísono convertirán fácilmente la mentira en verdad, o la verdad en mentira. Nada acaba siendo más verdadero que una mentira suficientemente repetida.

Se podrá objetar que en el curso de una legislatura surgen muchos imprevistos que no podían haberse anticipado durante la campaña electoral. Esto no constituiría una objección seria, pues todos aquellos imprevistos de envergadura que surgieran podían ser resueltos mediante la convocatoria de un referéndum.

El objeto de ir planteando a nuestros políticos estas exigencias, con la misma contundencia de que cumplan con su programa, no es otro que fortalecer nuestra democracia. Es preciso blindar el sistema contra las veleidades de aquellos políticos que pretenden subvertir el sistema, bajo la excusa de que han cumplido con su programa. Ha llegado la hora de exigirles alto y claro que no toquen nada, aparte de lo que prometieron.

Haga usted un calendario, prometa más cosas factibles de cumplir, pero sépalo de una vez por todas: le exigiremos no sólamente por el cumplimiento de su programa, sino por todo aquello que haga no contemplado en el mismo. Si tiene en su mente muchos cambios, muchas ideas importantes, no dude en proponérnoslas antes de las elecciones, que a lo mejor nos gustan.

Abril 20, 2007

Empirismo frente a idealismo

Archivado en: divulgación, filosofía, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 12:25 pm

Los principales representantes del empirismo fueron los británicos Berkeley, Locke y Hume, y los principales filósofos que encarnaron el idealismo fueron los alemanes Fichte, Hegel y Marx.

 Los primeros encarnaron la postura de que lo único cierto son nuestras percepciones, y que todo lo demás son interpretaciones dudosas a partir de las mismas. Desde este punto de vista Hume no acepta la noción de causalidad sino como una mera asociación temporal entre la supuesta causa y el supuesto efecto. Berkeley llegó más lejos, llegando a negar la realidad de todo aquello cuanto percibíamos. La crítica más seria que se puede oponer a esta concepción es darle una patada en la espinilla a quien aquello defiende.

Los segundos encarnaron la postura opuesta, y buscaron una interpretación apriorística de la filosofía, del mundo y de la historia, y forzaron los hechos para conseguir que éstos no trastocasen su teoría. Hegel mantuvo la teoría conocida como dialéctica hegeliana, según la cual la evolución de la historia de los pueblos, de las grandes ideas filosóficas y de los grandes sistematizaciones transcurría mediante el debate entre una idea ( la tesis) y su contraria ( antítesis ), y vuelta a empezar el proceso hasta conseguir la perfección, lo que él llamó la Idea Absoluta. Por supuesto en la historia de los pueblos lo más cercano a la Idea Absoluta fue, en la Antigüedad, el Imperio Romano, y en su tiempo su Prusia natal.

En palabras de Russell,  es difícil concebir que tal cúmulo de disparates tuviera, y siga teniendo, tantísimos seguidores.

Hegel aplicó su sistema de la dialéctica a todo lo imaginable, y publicó que el sistema solar había alcanzado la Idea Absoluta y que ya no se descubriría ningún planeta adicional. Al poco tiempo su coetáneo, Gauss, anunció el descubrimiento de un nuevo planeta, y los correligionarios de Hegel se apresuraron a retirar la publicación, sin que ya lograran aplacar las críticas a su sistema.

Posteriormente Marx procuró interpretarlo todo, la filosofía, la historia, la economía, al hombre, a la luz de lo que se ha dado en llamar materialismo dialéctico, el cual procura una explicación apriorística del hombre y de la historia basado en conceptos como “la lucha de clases”, la alienación del trabajo, la teoría del valor y de la plusvalía, y sus predicciones sobre el sistema político que conllevaría la anulación de la enajenación del hombre, consecuencia del trabajo en el sistema capitalista. Por supuesto, la teoría marxista pretendía estar fundamentada científicamente. La Historia pasó de ser, en la teoría marxista, algo contingente para convertirse en una evolución necesaria del devenir humano, explicada desde la lucha de clases.

No hace falta insistir en la influencia de las teorías marxistas en el devenir del S. XX.

La intención de este corto artículo no es la discusión en profundidad de ambos sistemas filosóficos, sino llamar la atención sobre el hecho de que mientras que el idealismo predominó, y ejerció su mayor influencia, en el mundo anglosajón,  el idealismo lo hizo en la Europa continental.

El empirismo sitúa las percepciones por encima de todo lo demás, y los hechos percibidos se convierten en juez supremo de todo lo demás, mientras que el idealismo convierte la explicación, la síntesis apriorística, en el valor supremo, llegando a supeditar los hechos a la Idea. El empirismo es más analítico, mientras que el idealismo es más sintético. El primero es más apropiado para el quehacer científico, mientras que el segundo tiene unas aspiraciones explicativas mucho más amplias. El empirismo es mucho más escéptico, y el idealismo es mucho más ingenuo y crédulo. En general, el idealismo ha gozado de mucha mayor aceptación.

Es probable que la poca afición del mundo anglosajón a las grandes revoluciones que ha experimentado el resto del continente europeo tengan que ver con su visión empirista y cautelosa de la realidad, alejadas de la fantasía idealista mucho más proclive a iniciar todo tipo de experimentos para implementar la Idea. Quizás, también esa modestia y esa desconfianza del empirismo hacia las grandes teorías explicativas hace que los anglosajones respondan mucho más a la evidencia de los hechos consumados.

Abril 19, 2007

La felicidad

Archivado en: divulgación, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:58 am

Muchos libros se han escrito sobre este tema, y muy posiblemente se sigan escribiendo muchos más. Sólo se necesita que haya infelices que sigan comprándolos.

 No todos los libros que se han escrito sobre el tema son despreciables, ni mucho menos, y quizás todos aporten algo positivo a quien los lea, aunque tan sólo sea suscitándoles un motivo de reflexión para el que se sienten incapaces de llegar por sí mismos. Sí creo, sin embargo, que la mayoría no aportan gran cosa pero se siguen escribiendo porque existe una gran demanda de gente insatisfecha.

Por supuesto cuando se habla de felicidad se suponen una serie de condiciones mínimas garantizadas, como son la salud, un mínimo de condiciones económicas, y la ausencia de grandes tragedias.

Mi idea es que los libros buenos, escritos por gente sensata y capaz, pueden ayudar a racionalizar y a paliar las contrariedades de la vida, haciéndolas más llevaderas, y minimizando su importancia. Esto no es poco, por supuesto. Bienvenidos sean, pues.

Sin embargo, la facultad para ser más o menos feliz, para sacarle mayor o menor partido a las cosas cotidianas, más insignificantes, no creo que se aprenda en ningún libro. Creo que es algo que viene escrito en nuestros genes, y nos hace más o menos proclives a la dicha.

Sabemos que la psicosis maníaco depresiva, enfermedad que se caracteriza por fases de depresión intensa que alternan con fases de euforia desatada, presenta una alta concordancia en gemelos univitelinos - aquellos que portan la misma carga genética -, lo cual nos revela la importancia de los genes en algunas enfermedades que alteran el humor.

Ya Aldoux Huxley tuvo que sospechar esta posibilidad cuando escribió su famoso libro “Un mundo feliz”, en el que postula una sociedad en la que conviven diferentes estamentos y en la que los individuos son programados genéticamente para estar satisfechos cada uno de ellos con el rol que desempeñan.

Ese especial funcionamiento del cerebro que hace que algunos se sientan dichosos con cosas que a otros nos parecen minucias es la clave de todo.

A medida que avancen la genética y el conocimiento de la fisiología cerebral estaremos más cerca de conseguir hombres felices, aunque quizás sea a costa de conseguir individuos alfa, beta, epsilon, como en el libro de Huxley. Estos seres programados genéticamente para hacer siempre las mismas tareas lo están también para ser felices desempeñándolas.

En definitiva, y sintetizando, opino que los libros de autoayuda para ser más felices solo sirven para paliar las causas de infelicidad, mimimizándolas al racionalizarlas, pero no sirven para aumentar las muchísimas posibles causas de felicidad. Esto último, desde mi punto de vista, viene genéticamente condicionado aunque uno pueda educar algo la sensibilidad para campos específicos.

Abril 17, 2007

Recorre el camino

Archivado en: Matemática, divulgación, enseñanza, pasatiempos — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 7:25 pm

Este es un problema que se planteará al lector de forma intuitiva, pero suficientemente clara. Se obviarán las definiciones pertinentes para un planteamiento preciso de la cuestión, y será el lector si quiere resolverla quien tendrá que procurarse estas definiciones y las consiguientes aclaraciones conceptuales.

Muchas veces la solución de un problema está en las preguntas que nos planteamos respecto al mismo, y en las aclaraciones conceptuales que precisamos para plantearlas.

Se trata de  completar el recorrido de un camino sin pasar más una vez por el mismo tramo.

grafo-1.jpg

En este gráfico de arriba no nos resultará difícil ver cómo podemos completar el camino sin pasar más de una vez por el mismo tramo.

En el siguiente, a poco que nos fijemos, nos daremos cuenta de que tal cosa resulta imposible.

grafo-2.jpg

Se trata de ejemplos sencillos que no entrañan dificultad alguna. El siguiente gráfico, sin embargo, nos llevaría más tiempo de analizar.

grafo-3.jpg

Pero aunque lo analizáramos siempre habría un nuevo gráfico que constituiría un nuevo reto. Desearíamos, si fuera posible, encontrar aquellas condiciones necesarias y suficientes para poder completar un camino sin pasar más de una vez por el mismo tramo. Y también, si es posible recorrerlo, cuál es el itinerario para completarlo.

Abril 16, 2007

Religión versus ética

Archivado en: filosofía, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:50 pm

En este corto artículo pretendo analizar la inconveniencia de sustituir la religión por una ética laica. Me voy a referir sólamente a aquellas religiones que han permitido el desarrollo en su seno de un Estado de Derecho, sin que las normas del mismo se hayan visto mediatizadas por la influencia de ningún credo particular. Aquellas religiones que dictan la norma legal son, desde mi punto de vista, incompatibles con la democracia.

Las normas del Estado de Derecho se han mostrado insuficientes para garantizar una sana convivencia, y esto es así por dos razones fundamentales: 1ª porque la convivencia humana es tan compleja que no habría normas suficientes para regular todos y cada uno de sus aspectos y 2ª porque no se puede garantizar, de facto, el cumplimiento de todas las normas existentes. Cualquier Estado de Derecho que se precie de serlo debe intentar garantizar el cumplimiento de las normas vigentes por todos los ciudadanos. Siempre será preferible una sociedad con pocas normas pero que se cumplan a otra con muchas y que no se cumplan.

Las religiones compatibles con los Estados democráticos de Derecho proveen a los individuos que las profesan de unas normas de conducta emanadas de una supuesta verdad revelada, o dictada por la autoridad religiosa. La separación Iglesia- Estado propia de las democracias hace que éstas elaboren sus leyes independientemente de las normas que dispongan las diferentes religiones para sus fieles, siendo además aquéllas de obligado cumplimiento para todos.

Desde este punto de vista, las religiones comportan para los individuos que las profesan unas normas que complementan a las leyes que han de cumplir. Además, las religiones no consisten simplemente en un conjunto de normas, sino en una cosmovisión especial que impregna toda la vida del verdadero creyente.

La cuestión es si una ética de la convivencia puede sustituir, o aún superar, el comportamiento que las religiones propugnan para sus devotos. Mi opinión es que sí, pero sólo en algunos casos particulares.

La ética presupone una importante capacidad racional para conocerla y una importante finura moral para aplicarla, lo cual hace que el comportamiento ético que pudiera ser el sustituto de la religión es sumamente infrecuente. La religiosidad, sin embargo, está al alcance de muchas personas. Por eso no entiendo por qué desde los poderes públicos, en muchas ocasiones, se criminaliza a determinadas religiones, fundamentalmente a las más tolerantes.

Por otra parte, los regímenes abiertamente anticlericales se han mostrado capaces de los mayores desmanes, como podemos comprobar al estudiar la Revolución francesa o los regímenes de Lenin, Stalin, Pol Pot, y tantos otros. El nazismo fue otro régimen anticlerical, si bien no en la forma explícita de los anteriores. El ateísmo con pretensión científica al negar a Dios despoja al hombre de su condición humana, y lo somete a la ingeniería social que promete liberar al hombre de la explotación por ptros hombres. Esa consideración científica, que dicho ateísmo tiene de sí mismo, le ha permitido adoptar medidas extremas contra el ser humano.

Ciertamente, otros regímenes abiertamente favorecedores de la Iglesia han cometido crímenes, pero no de una forma tan generalizada, porque no estaban inspirados por una supuesta concepción científica de la organización social.

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