Detodounpoco

Junio 13, 2007

El esnobismo y la publicidad

Archivado en: gastronomía, humor, moda — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:02 am

El enorme desarrollo de las tecnologías de la comunicación ha tenido muchas consecuencias, una de las cuales ha sido el enorme impacto que las empresas de publicidad ejercen sobre nosotros, con su contribución al despliegue y difusión del esnobismo.

Siempre hubo esnobs, pero nunca en la proporción de nuestros días. Según parece la palabra tuvo origen en las universidades inglesas, como contracción de la expresión latina “sine nobilitate”, “sin nobleza”, que luego pasó a convertirse en snob.

Hoy entendemos por esnob aquella persona obsesionada por estar a la última, sencillamente porque resulta “chic”. No me estoy refiriendo a los adolescentes manipulables que se encuentran en la edad del pavo, sino a adultos talluditos, que lo mismo se ven abducidos por el último móvil de Fernando Alonso, como por un fin de semana con talasoterapia incluida en un hotel pegado a su propio domicilio, que por reservar mesa en “El Bulli” para degustar una tortilla de patatas desestructurada, o esencia de espuma de guisantes gelé con caviar de Beluga.

No todos los esnobs pueden reservar mesa en “el Bulli”, pero todos comparten algo común: adquirir cosas que no precisan para impresionar a gente que quizás ni siquiera conozcan sencillamente porque están de moda. Cada esnob organiza su vida particular y “está a la moda” segun le vaya marcando el status social al que pertenezca.  Lo que caracteriza al esnob no es el tipo de bienes o de servicios que utiliza, sino la motivación espúrea por la que los consume.

Los publicistas, que conocen bien el paño, dirigen todo su poder embaucador a este tipo de especímenes. Además, el esnobismo es enormemente contagioso y tiene un enorme poder, pues es capaz de convertir en arte, o en producto de primera necesidad, lo engañoso o lo superfluo.

No hay que confundir al hombre moderno, a la altura de su tiempo, con el hombre esnob. El hombre moderno aprovecha los avances para facilitar la satisfacción de sus necesidades, mientras que al  esnob le crean continuamente nuevas necesidades para satisfacer su esnobismo. El esnob es el mejor ejemplo del tontorrón moderno al que manejan como a un tarambana haciéndole creer que está a la última. Es la diana perfecta del marketing publicitario.

Este corto artículo me lo ha sugerido un magnífico artículo de Antonio Burgos titulado “Ferrán Adriá hasta en la sopa”, en el que nos describe en tono de humor el esnobismo gastronómico de la “alta cocina”.

Junio 8, 2007

El papel de las matemáticas en la educación

Archivado en: divulgación, educación, enseñanza, método, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:04 am

Siempre se ha insistido en la importancia de las llamadas humanidades para la formación del individuo, y sobran razones para hacerlo. Nuestra cultura no se puede entender sin atender a nuestra raíces derivadas del pensamiento griego, a nuestro derecho y a muchas de nuestras instituciones, derivadas del legado romano y de su lengua, el latín, así como sin atender a nuestra tradición judeocristiana. Renunciar a ello sería prescindir de nuestra historia, y no hay forma más cabal de situarnos en nuestro mundo que guardando nuestras referencias espacio temporales. Sin saber de dónde venimos, difícilmente podremos comprender lo que somos ni a dónde vamos. Tampoco me parece conveniente renunciar a conocer la historia de las grandes ideas que han influido de forma notable en nuestro modo de afrontar el mundo. Una historia de las grandes ideas filosóficas me parece esencial para saber lo que somos, y lo que podemos ser.

Se ha insistido mucho menos, sin embargo, en la importancia de las matemáticas en la formación del hombre culto. A las matemáticas siempre se le ha concedido una importancia utilitaria, en orden a su aplicación más inmediata. Todo el mundo comprende que no se puede vivir sin sumar, ni sin dividir, y muchos padres estiman la valía de sus hijos para las matemáticas por su capacidad para hacer las cuentas. Sin embargo, muchos menos reparan en su importancia para la formación integral de la persona.

 Esto no siempre fue así, y en la antigua Grecia Platón tenía expuesta en su escuela una leyenda en la que prohibía entrar a quien no supiera geometría, la disciplina matemática por excelencia de los antiguos griegos. Algo que no debe extrañar, dada la enorme afición de los griegos al pensamiento deductivo.

La matemática debe enseñar a dudar de todo aquello que no haya sido explícitamente demostrado, y a rechazar dos ideas contradictorias entre sí, mutuamente excluyentes. Es el mundo de la creación pura, limitado exclusivamente por las reglas del pensamiento lógico. Es el mundo de las estructuras, entendidas éstas como entidades que deben gozar de unas propiedades, y nos conduce directamente a la teoría de modelos, que no son más que estructuras simplificadas de la realidad que nos permiten su estudio cada vez más aproximado.

Estas cualidades, por sí mismas, deberían ser suficientes para estudiarlas con cierta profundidad y con método. Sin embargo, la importancia de su estudio trasciende el mero campo de las matemáticas, pues dota a quienes la estudian como es debido de un espíritu dubitativo y escéptico muy saludable para afrontar con éxito el enorme impacto de toda la propaganda mediática al que nos vemos sometidos. Una persona que ha internalizado el método matemático - aunque no sepa matemática superior - se preguntará por si existen razones suficientes para creer ciertas cosas y para dudar de otras. 

El método matemático también enseña a separar el grano de la paja, y a afrontar las discusiones de todo ámbito centrando las cuestiones y evitando la digresión. También enseña a elegir las reglas del juego más apropiadas - los axiomas - para el juego que nos disponemos a afrontar, así como a respetarlas inexorablemente una vez elegidas - en matemáticas no se cambian los axiomas a conveniencia -. Si nuestro Estado de Derecho dispusiera de más personas con mentalidad matemática es posible que no nos dieran el espectáculo al que nos tienen acostumbrados.

Aparte, las matemáticas son bellas. No se trata de una belleza sensual como la de las artes plásticas, sino de una belleza austera, intelectual, que se expresa con las palabras precisas, de forma concisa y unívoca. Al contrario que la belleza plástica, subjetiva por naturaleza, la belleza matemática es objetiva pues obedece al principio de no contradicción, y su expansión creativa está limitada por las reglas del pensamiento lógico.

En este corto artículo he abordado exclusivamente el papel de las matemáticas en la formación integral del individuo, sin ocuparme de su importancia particular para todas las ramas del conocimiento científico.

Todos los estudiantes, sin excepción, ya fueran a cursar Ciencias o Letras, debieran captar la esencia del método matemático para que su espíritu se viera beneficiado de sus indudables virtudes. Obviamente, el contenido será más amplio para aquellos alumnos que opten por cursar Ciencias.

Junio 6, 2007

Los valores y el valor

Archivado en: divulgación, enseñanza, filosofía, pedagogía, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:53 am

Vivimos en una sociedad acomodaticia, en la que una gran mayoría de personas no se mueve sino por un interés material. Las ideas, los valores, y el espíritu parecen algo trasnochado, que no vale la pena defender.

En nuestra democracia, los que hablan, los que tienen mayor proyección pública, los más influyentes, no son los más sabios. Son aquellos que trabajan para defender las ideas del grupo mediático que los emplea, o bien aquellos que son valientes para defender ideas independientes sin el respaldo de un poder mediático.

Sucede, sin embargo, que muchas veces la lucidez y la valentía no van unidas, y los lúcidos permanecen callados, expresándose exclusivamente los valientes.

Savater es para mí un ejemplo de un intelectual valiente. Es cierto que ha cambiado sus posiciones con frecuencia, y que en la Transición mostró veleidades hacia Batasuna, pero también lleva años denunciando y expresando su rechazo más rotundo a la falta de libertad en el País Vasco, y esto conlleva riesgos. También me parece claro que quiere portar la etiqueta de “progre” hasta el final de sus días a un elevado precio, pero esta opinión mía no invalida el reconocimiento de su valor.

Echo de menos, sin embargo, gente valiente como él, que exprese con firmeza y rotundidad ideas que resulten impopulares - las populares resulta fácil defenderlas -.

Hace unos días una chica de un instituto de Madrid, de 16 años, ha presentado objeción de conciencia respecto a la nueva asignatura Educación para la Ciudadanía. Ha sido la primera en España en hacerlo, y ha sido señalada por ello. No sabemos si estamos ante un caso de valentía en la defensa de unos principios, o ante un afán de notoriedad. Lo segundo sería histrionismo, antes que valentía.

En un coloquio se le preguntó al filósofo y escritor José Antonio Marina por este asunto, y expresó sus dudas sobre la capacidad jurídica de esta chica para presentar objeción, opinando al mismo tiempo que no existía justificación objetiva alguna para hacerlo. Asimismo, dijo que el derecho de los padres a educar no es absoluto, sino en todo caso el derecho de los hijos a ser bien educados. Puso el ejemplo de que si, en el caso de que unos padres fueran nazis, el Estado debería consentir que lo adoctrinaran en dichas ideas.

Todo eso está muy bien, pero yo me pregunto si es conveniente que sea el Gobierno de turno quien se encargue de inculcar los valores que estime más oportunos. Siendo, como es, la educación un arma tan poderosa cabría sospechar que los diferentes Gobiernos utilizaran una asignatura tal para adoctrinar, pervirtiendo el sentido primigenio de la educación, que debería ser sentar las bases para que los alumnos pudiesen pensar por sí mismos.

También le preguntaron a Marina sobre el libro que recomendaba el Ministerio de Educación, en su guía educar en valores, titulado “Alí Babá y los 40 maricones”, y al parecer omitió contestar.

José Antonio Marina es el autor del libro para la nueva asignatura Educación para la Ciudadanía, editado por S.M. ( Sociedad Marianista ), y en este corto artículo yo sólo me propongo introducir el debate, sin tomar partido por esto o por aquello.

Tan sólo señalar que cualquier código de valores, inculcado desde cualquier Gobierno de cualquier signo, despierta mis más profundos recelos. Se puede objetar a esto que tan sólo se presentan una serie de valores, sin adoptar partido por ninguno de ellos en concreto, y es debido a que desconozco la forma en que se van a presentar los contenidos concretos la razón por la que prefiero guardar silencio.

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