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Enero 23, 2008

La mecánica de la enseñanza y la enseñanza de la mecánica

Archivado en: divulgación, enseñanza, pedagogía, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:58 am

Los niños de hoy deben aprender a razonar, y para ello se emplean innumerables tácticas, y se imparten cursos sobre didáctica de las matemáticas,. sobre didáctica de la lengua, de los idiomas, etc., etc. Se procura que el niño comprenda todo lo que está estudiando, evitando al máximo que se aprendan las materias de memoria, y para ello se emplean fichas y material didáctico de lo más diversos. Hace unos días me comentaba un familiar, dedicado a la enseñanza, que ahora se emplea una tabla sobre la que están incrustados en forma perpendicular pequeños vástagos, de forma que los niños con una goma elástica podían rodear los diversos vástagos, creando cuadrados, triángulos, ractángulos y diversos polígonos.

La enseñanza clásica insistía en la repetición y en la memorización de actividades, en el dominio por parte del niño de diversas mecánicas. Las tablas de sumar y de multiplicar se memorizaban cantando, y se adiestraba a los niños mediante la repetición mecánica de numerosas actividades. Se pensaba que tras la repetición mecánica se alcanzaría la comprensión. Hoy día se ensayan numerosas estrategias destinadas a facilitar la comprensión, y luego, sólo luego, se realizan algunos ejercicios destinados a concretar la teoría.

Cada método puede tener sus partidarios y sus detractores, o se puede optar por una fórmula de compromiso entre ambas opciones, pero al final la evaluación de los resultados será la que establezca la bondad de cada método. En principio, podría resultar más plausible el método “moderno”, más orientado hacia la comprensión que hacia la memorización. Esto último resulta, sin duda, más autoritario, mientras que lo primero parace más democrático. La cuestión que nos planteamos es si los métodos democráticos deben ser extendidos al ámbito de las aulas.

Mi opinión es que la enseñanza requiere, en gran medida, de la repetición de hábitos y de mecánicas que no pueden ser muy bien comprendidos en dicha etapa, y que no por ello deben dejar de ser estudiados. La comprensión de que ” 2+ 2 = 4″ desde un punto de vista formal requiere de diversos conocimientos, algunos más profundos de lo que un profano pueda sospechar, y sin embargo casi todo el mundo convendrá en que la tabla de sumar es de lo primero que debe ser enseñado. Por tanto, su aprendizaje no puede ser explicado en profundidad, y deberemos apelar a la memoria. Si alguna táctica, como aprenderla cantando, o cualquier otra, puede facilitar su rápido aprendizaje, pues bienvenida sea.

El aprendizaje de los idiomas es otro ejemplo que ilustra la opinión anteriormente expuesta. Los niños no precisan aprender filología para manejar una lengua, y su aprendizaje está basado en la repetición, a veces atorrullada y torpe, de palabras y estructuras gramaticales apenas aprendidas. Aprovecharé este ejemplo para exponer mi idea de que todo lo deberíamos aprender de esta forma: al principio de forma repetitiva y mecánica, pero intentando conseguir el máximo grado de eficacia, para sólo más tarde, cuando la mecánica haya hecho reposar esos conocimientos, plantearnos el porqué de las diversas estructuras gramaticales empleadas, o el porqué de la propiedad conmutativa de la suma de naturales. ¿Os imagináis el intento de enseñar una lengua a un niño empezando por la gramática?. Bueno, pues un dislate del mismo calibre es enseñar matemáticas, o física, o literatura, prescindiendo de la memoria.

Por otra parte, desprestigiar los conocimientos adquiridos de forma mecánica, o repetitiva, encierra contradicciones que trataré de poner en evidencia. De la misma forma que un niño nacido en Inglaterra se puede entender en su lengua mejor que un español que haya estudiado filología inglesa, un electricista que monta a diario instalaciones eléctricas lo hará con mucha mayor eficacia que un ingeniero del ramo, aunque éste comprenda mucho mejor los fundamentos de la materia. De igual forma, se puede haber estudiado de forma exhaustiva la integral de Riemann, y ser incapaz de aplicar un truco de sustitución para resolver una integral concreta.

La importancia de la repetición y de la mecánica en los procedimientos no se limita al ámbito de la enseñanza, aunque haya constituido hoy la razón de este artículo. Todos aprendemos a conducir, sin tener necesidad de saber lo que hace un embrague. Sin embargo, somos tan conscientes de los peligros que encierra una torpe conducción que nos afanamos en conseguir la mejor realización práctica de dicha actividad. Si el desconocimiento del inglés nos causase los mismos estropicios que no saber conducir adecudamente, nos afanaríamos en buscar la forma de aprenderlo de una vez por todas, dejando aparte todo tipo de consideraciones teóricas. Es el caso de alguien que ha de sobrevivir en un país extranjero.

El filósofo y matemático Whitehead decía que la civilización avanza tan sólo cuando consigue repetir de forma mecánica actividades que había costado siglos aprender. Y a mi juicio tenía razón.

¿Os imagináis al cirujano que debe extirparnos el apéndice pensándose si realiza la laparotomía por este sitio o por aquél?. Con la enseñanza debería ocurrir lo mismo, y los políticos que la utilizasen para realizar experimentos con el futuro de nuestros hijos deberían pagar por ello, porque el asunto es tan serio al menos como conducir de forma inadecuada.

1 comentario »

  1. Muy buena reflexión. El ‘quid’ de la cuestión, en el ámbito social, sobre la proliferación de métodos en la enseñanza, la expresas perfectamente - a mi parecer - en la frase en la que aludes a ‘experimentar con’. Para experimentar con algo, cuestionarlo, perfeccionarlo, buscar en ello nuevos y mejores horizontes hay que estar preparado; muy bien preparado. Desgraciadamente los poderes fácticos que tenemos - nada preparados - gustan de preconizar el ‘experimentar’ como algo que se lleva, que queda bien, que es progreso, sin consideraciones previas como es tener una buena formación. Y así se juega con la enseñanza, con la moral (’hay que probarlo todo’), con la ética y en suma casi no queda campo en el que no se observen unos frutos tan infecundos y todo por las simples razones de que los que no saben, ni están medio preparados, imponen lo que les viene en gana caprichosamente. La segunda parte de esta historia es que es ese mismo pueblo con el que se experimenta el que, mayoritariamente, ha puesto ahí a esas personas. El pueblo que tales cosas hace no es que esté confundido, es que no sabe ni desea saber algo muy importante: saber discernir. Todo engaño termina cuando se observan los frutos. Y los frutos a nivel educativo - objeto de este artículo -, moral, ético, familiar, social y otros ámbitos donde se experimenta caprichosamente, son obvios. Aún así, incluso queda la alternativa de seguir con el engaño.
    Saludos.

    Comentario por José Manuel. — Enero 24, 2008 @ 3:19 pm

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