Detodounpoco

junio 10, 2009

Los chiringuitos, las terrazas

Archivado en: aficiones,educación,humor,restaurantes — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:15 am

Ahora, en Andalucía en general, y en Cádiz en particular, llega una época especialmente agradable, al menos para mí. A partir del 40 de mayo, si se cumple el refrán de “no te quites el sayo, hasta …..” podemos disfrutar de terrazas sin sufrir las aglomeraciones de la época estival.

Parece que nos quieren quitar los chiringuitos, algo tan característico nuestro, que nos permitían escuchar música Regay, o de otro tipo, mientras saboreábamos una cerveza bien tirada acompañada de unos boquerones, de un cazón o de unas sardinitas, o aliviar la calima de un caluroso día de playa. Desconozco la razón de estas sesudas iniciativas, pero le he leído hoy a Barbeito que hay razones ecologistas detrás de esto. No deja de ser curioso, como señala el mismo autor en su artículo, que mientras que los chiringuitos se consideran perjudiciales para el medio ambiente, esas guillotinas horizontales que son las motos acuáticas surcan nuestras aguas cada día más cerca de la orilla, provocando, a la par que ese desagradable olor a gasóleo, algún que otro accidente mortal a algún desafortunado bañista. No voy a ser yo aquí quien niegue el pan y la sal a los ecologistas, que han supuesto en muchos casos un adecuado contrapeso a los intereses de los especuladores de turno, pero en algunos casos se exceden, y pueden lograr que todos muramos de aburrimiento en un medio ambiente muy saludable.

Quede con esto señalada mi oposición a que alguien, porque le guste bañarse en pelotas, y desee una playa más salvaje, o por la razón que sea, me quite la posibilidad de tomarme mi cerveza fresquita, con mis pimientitos y mis boquerones, ya sea por la mañana o en una calurosa noche de verano, en cuyo caso me priva de escuchar una música acorde con el tiempo, y regada con su correspondiente cubata de Barceló. En estos casos no se trata tanto de defender el medio ambiente, sino de imponer sus gustos a los demás. De la misma forma que yo he de aguantarme con la estética dudosa de quien juega a las palas en pelota picá, ellos deberían ser un poco más condescendientes con mis gustos. Aún recuerdo un día, en el Palmar de Vejer hace muchos años, estando yo debidamente tumbado en mi toalla y ataviado con mi Meyba, cuando escuché: “¿me da fuego?”, y al alzar la vista me encontré la mandinga de un tipo que me estaba señalando. Bueno, pues fui tolerante. En vez de cagarme en “tos sus tus”, por atrevido, le di fuego y santas pascuas. Yo no le pido a este ecologista de picha al aire que me contemple en actitud semejante, sino tan sólo que me deje tomar en paz mis sardinitas.

Pues eso, que viene una buena época, tras un otoño y un invierno fríos y de infausto recuerdo – por razones de índole personal -, y vamos a tener que irnos al Caribe y cambiar los boquerones y la caballa caletera por el aguacate, el mango y lo que se tercie. Francamente, creo que estos ecologistas de picha al aire le hacen mucho daño a los Cousteau y a los Attenborough. Ciertamente, a Cousteau ya no le pueden hacer mucho daño, pero ya ustedes me entienden, que esto del ecologismo es algo tan amplio, tan variopinto, que admite lo mismo al mejor naturalista del mundo que al carota más analfabeto. Por desgracia, estos últimos son los que me quieren quitar el chiringuito.

Siempre ha habido chalados de la más diversa especie, pero en otros tiempos se les tenía por tales, y en paz. Hoy mandan, y consiguen que los políticos de diverso pelaje les escuchen y acepten sus propuestas medioambientales. Está claro que los políticos se rinden al que es capaz de armar más ruido, y los analfabetos a los que me refiero son especialistas en esto.

Desde hace unos años, por la noche, con mis hijos, solíamos frecuentar una terraza en el Puerto de santa María, porque el dueño, aparte de ser muy amable, interpretaba agradables melodías de los ochenta que no podían – era materialmente imposible – molestar a ningún vecino de la zona. Bien, pues alguien, creo que fue uno del quinto de un edificio cercano, se quejó, y el ayuntamiento prohibió que este señor siguiera cantando. Vuelvo a asegurar que no fue el de la planta baja, ni el del primero , ni el del segundo, sino un amargado que se sentía molesto porque otros supieran cantar, porque era materialmente imposible que escuchase nada. No piensen que no respeto el sueño ajeno, sino todo lo contrario; creo que, en caso de conflicto, debe prevalecer este derecho sobre el derecho al divertimento, pero no era este el caso.

Mucho ojo con este tipo de gente, que disfrazados de ecologistas, cuando en realidad son perfectos analfabetos funcionales, y con la coartada de la contaminación acústica, de las costas, medioambiental, planetaria o universal, nos joden la vida día a día, minuto a minuto y segundo a segundo. Mi más profundo respeto a todos los attenboroughs del mundo, y mi más profundo desdén hacia quienes pretenden amargarnos la vida cada día un poco más, porque no saben de nada, pero quieren opinar, y además carecen de gusto y de sensibilidad para valorar las cosas sencillas pero bellas. A éstos, ni caso.

enero 9, 2009

El blog, a casi dos años vista

Archivado en: aficiones,divulgación,enseñanza,pedagogía,personalidad — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 1:28 pm

Cuando me planteé iniciar un blog expuse una serie de razones para hacerlo, y quizás la más sincera de todas fue la última: que lo hacía porque, sencillamente, me apetecía.

Un día me preguntaron que por qué esto de escribir, y contar cosas en un blog. Dije que porque me gustaba escribir, porque me ayudaba a ordenar ideas dispersas, y quizás dijera algo más. Mi interlocutor, no satisfecho, me inquiría: ” Sí, eso está muy bien, pero podrías escribir y ordenar ideas sin necesidad de utilizar un escaparate público, como es un blog. Yo pienso que detrás de eso debe existir algún tipo de carencia, y de ahí esa necesidad tácita de ser leído”. Lo cierto es que me quedé preocupado por mis posibles carencias, pero creo que no he nacido para psicoanalizarme. Hoy, con más de 80 artículos diversos, creo que el pequeño esfuerzo dedicado al blog me permite no haberlo perdido todo, como habría ocurrido con mi natural tendencia a la entropía. Ciertamente, si los volviera a revisar uno a uno, probablemente cambiaría muchas cosas, obviaría algunas cosas, añadiría matices, e incluso no habría escrito alguno de ellos. No sé quién dijo que lo mejor es enemigo de lo bueno, pero así es. Si yo esperara, para realizar algo, a quedar plenamente satisfecho, mi actitud habría sido absolutamente contemplativa.

También me dijeron que esto que se escribe en los blogs nunca se pierde, y que algún día podrían leerlo los nietos, y los que vengan….No sé si esto será totalmente cierto, pero eso me hizo pensar en una frase, creo que de Mark Twain, que me gusta mucho hoy – quizás por la poca consideración que me profesan mis hijos-, y que dice más o menos literalmente esto: “ A los 14 años mi padre me parecía un absoluto ignorante, y cuando cumplí 21 me sorprendí por todo lo que había aprendido mi padre en tan sólo 7 años”. Aspirar a que mis hijos piensen a esas edades lo mismo que Mark Twain me parece un exceso de optimismo, pero al menos hoy me consuela el pensar que pudiera llegar a suceder.

El hecho fundamental, bromas aparte, es que me he acostumbrado a escribir – y a pensar, es curioso – a ritmo de teclado, y que quizás encierre alguna carencia que me incline a hacerlo público. Hoy, de hecho, quería escribir sobre algo y no sabía de qué. Había proyectado algo sobre la economía de pensamiento que nos conceden las matemáticas, sobre el hecho de que hoy apenas se redacta en los colegios, pero al final me está saliendo esto.

Es cierto que se está perdiendo la costumbre de redactar en los colegios, y que quizás eso ocasione una carencia difícilmente salvable en la edad adulta, pero analizar las posibles razones que han llevado a eso no era el objeto del presente artículo.

Hace unos días un amigo, no sé si con ocasión de la noticia de que unos autobuses en Barcelona portaban esta leyenda: ” Probablemente Dios no exista. No te preocupes y disfruta de la vida”, me envió unas frases de un libro de mi admirado Bertrand Russell titulado “¿Por qué no soy cristiano?”. Se trataba de unas frases aparentemente impecables, bien redactadas,  que mostraban un fino espíritu analítico, y que destacaban el papel dañino, a su juicio, de las religiones. Yo creo que mi amigo no pretendía que yo lo convenciera de lo contrario – estoy seguro, de hecho -, pero como buen polemista que es quería ponerme a prueba, o, mejor,  poner a prueba mis argumentos en un tema complejo como éste del fenómeno religioso. Quizás, pienso hoy, mi costumbre de escribir en un blog me haya hecho  responderle de una forma más sopesada, más calibrada. Quizás.

Antes, cuando no escribía en el blog, tenía la costumbre de debatir en algunas listas, y entrar en el cuerpo a cuerpo propio de las discusiones apasionadas. A veces era divertido, y estimulaba el ingenio, y la rapidez y la ironía en la respuesta, pero distaba mucho de la reflexión serena que me exige el blog. Es cierto que aquí no tengo contrincantes, ni replicantes, pero quizás ya sólo me guste discutir con los que opinan lo mismo que yo. Esto último, por favor, tómenselo a broma.

noviembre 19, 2007

Ricky Mango

Archivado en: aficiones,biografía,divulgación,imaginación,personalidad — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 12:38 pm

Conocí a este curioso personaje porque compartimos durante un tiempo un foro en internet. Después él abandonó el foro, y nos volvimos a reencontrar en otro, pero esta vez de una forma absolutamente fugaz. No obstante, con unas pocas pinceladas dejó su sello, inconfundiblemente personal. A veces, muy esporádicamente, nos hemos escrito pero nunca hemos llegado a intimar.

Sin embargo, Rick, como solíamos llamarle en la lista, me parece un tipo excepcionalmente original.

Es físico, pero su trabajo habitual es como traductor, y entre sus aficiones se cuentan la lingüística, la literatura, la música, y todo aquello que pudiera haber motivado a un exquisito espíritu renacentista. Sus cualidades son múltiples, pero me llama especialmente la atención su capacidad para expresar de la forma más económica, bella y elegante a un tiempo, una idea, una emoción, o incluso algo indefinido que barrunta su cerebro.

Sé poco más de él, salvo que sus escritos trasmiten sensibilidad contenida y belleza expresiva, ya esté escribiendo sobre la última novedad en física del E8, sobre el último libro de Boadella, o sobre los murales mitológicos hindúes.

 También sé, porque me lo ha contado y porque no revelo nada inconfesable, que no soporta la tiranía del aquí y ahora, lo que quizás le ha impulsado a viajar  y a vivir en diferentes partes, algo también permitido por su trabajo.

Hoy me he leído, de un tirón, una gran parte de los artículos de su último blog y no me ha decepcionado. Para ser francos, me ha encantado.

Internet tiene muchos usos, y una enorme utilidad práctica, y constituye una fuente de información inagotable, pero no siempre nos permite conocer a gente excepcional. Debo decir que la excepcionalidad deriva, a mi juicio, de varias cualidades nada comunes como son una imaginación desbordante, una capacidad extraordinaria para la expresión verbal, y un espíritu rebelde insobornable, que le hace estar lo más alejado de cualquier tipo de sectarismo, atendiendo únicamente al dictado de su razón, o de su corazón, depende, pero nunca a la llamada del rebaño. Es lo que podríamos llamar un auténtico individuo.

 Posee una fuerte personalidad, como todo aquel que piensa por sí mismo, y esto puede incomodar a aquéllos que sólo quieren escuchar, o que sólo quieren leer, aquello que les daría la razón, y no se puede esperar esto de Rick, sencillamente porque es imprevisible, alejado de cualquier cliché.

 En fin, estoy hablando muy bien de él, y no creo que sea capaz de perdonármelo.

 La única manera que tienen de saber si lo que les cuento es cierto es leerlo, y para eso me veo obligado a hacerle esta discretísima propaganda, insertando la dirección de su blog:

Ricky Mango

septiembre 17, 2007

Un verano menos

Archivado en: aficiones,entretenimiento,felicidad — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:23 am

Cuando yo era mucho más joven el final del verano lo marcaba la final del trofeo Carranza. Por aquel entonces este trofeo se celebraba a finales de agosto, y cuando finalizaba, ya comenzado septiembre, el paseo marítimo de Cádiz presentaba un aspecto desolado. Era como si, por arte de magia, todo el mundo hubiese desaparecido.  En aquellos tiempos ese paisaje anunciaba, de forma inexorable, el comienzo del nuevo curso, ya fuese en los últimos años del colegio o en la facultad. Hoy, sin embargo, recuerdo con cierta carga de nostalgia aquel paisaje desolado, quizás porque el actual lo sea aún más.

 Hoy, el final del verano lo señala el comienzo de curso de mis hijos, lo cual supone un cambio drástico en nuestros biorritmos.

 Hasta donde se remonta mi memoria puedo afirmar que el verano siempre me ha sentado bien. Me gusta la playa, las terrazas, el sol, los tardíos oscureceres, y si me apuran hasta el calor del que tanto nos quejamos. También me gusta más la ropa de verano que la de invierno, y por supuesto la cerveza muy fría, bien tirada, en vaso fino, parecido al de servir sidra, pero más pequeño, y con el punto adecuado de espuma. Si hace muchísimo calor me gusta una cerveza ligera, como la Cruzcampo de barril, y si hace algo más de fresco prefiero otra con más cuerpo, como la Mahou, también de barril.

 En el verano todo transcurre más lento, al menos en Cádiz, y los políticos parecen olvidarse de nosotros, y nosotros de ellos, y todo resulta más desenfadado, menos serio que en invierno. Las aglomeraciones, a veces, es cierto, se hacen insufribles, y es difícil encontrar mesa en los restaurantes, y te atienden peor, pero qué quieren que les diga………, me gusta el verano.

 Hoy, como considero que el verano se ha interrumpido, reanudo la actividad en mi blog, aunque con un tema ligero como éste, como quien quiere ir acostumbrando el cuerpo poco a poco a la nueva estación.

He conocido a personas a las que les encanta el otoño, y no seré yo quien niegue ese encanto. Lo cierto es que aquí el otoño sólo lo notamos por el mal tiempo que suele acompañarlo, y no disfrutamos de grandes bosques con sus árboles y sus hojas marchitas. Parece indudable que la climatología influye en los caracteres, y que determinadas enfermedades mentales asociadas con el ánimo, como la depresión, afloran con mayor frecuencia en determinadas estaciones, en otoño y en primavera.

El hecho es que hoy empiezan mis hijos el colegio, y comienzan de nuevo las historias de siempre: los profesores nuevos, los cambios de clase con los consiguientes nuevos compañeros – un experimento educativo que no se practicaba en mis tiempos, y que pretende que todos  conozcan a todos -, el material didáctico inacabable, y compuesto por “útiles” que sólo encuentras visitando numerosas papelerías. En fin, qué les voy a contar que ustedes no sepan.

Bueno, pues hay gente para todo. Mi mujer me cuenta que conoce a varias personas que renacen tras el verano, cuando se reanudan los corrillos escolares de madres que se forman depués de dejar a los niños en el colegio. Al parecer el verano las deprime, y los corrillos las reaniman. Estoy pensando en apuntarme, a los corrillos.

abril 25, 2007

Llega la época del atún rojo

Archivado en: aficiones,gastronomía,restaurantes — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:43 am

A partir de mayo comienza en el estrecho de Gibraltar la tradicional pesca del atún rojo, que se dispone a atravesar el mismo y pasar al Mediterráneo para la puesta. El atún conserva bien todas sus propiedades si la red de congelación se ha mantenido adecuadamente, por lo que es posible consumirlo todo el año sin una merma en sus propiedades organolépticas. No obstante cada vez escasea más, y sólo en determinados restaurantes, como explicaremos más adelante, es posible adentrarse en la cultura de, para algunos – Ferrán Adriá entre otros -, uno de los pescados más sabrosos.

No sólo a Ferrán Adriá, sino también a otros, como Fernando, el dueño de El Faro de El Puerto, en el Puerto de Santa María, les parece que el atún rojo ocupa el primer lugar entre los pescados.

A mí también me parece que hay que situarlo entre los más sabrosos, pero opino que hay que saber consumirlo y que esto no es posible en cualquier restaurante, sino tan sólo en unos pocos y no precisamente los de más renombre.

En la zona de Cádiz, en la que se realiza la tradicional pesca del atún rojo mediante las almadrabas, las localidades en las que es posible consumir el atún en toda su gama de posibilidades son, sin duda, Barbate y Zahara, y sólo en algunos restaurantes escogidos. En localidades muy próximas, como Conil, en la que abundan restaurantes en los que sirven distintas variedades de pescado no existe la cultura del atún para su plena degustación. Pos supuesto que nos podemos tomar un filete de atún fresco, o un morrillo de atún exquisito, o incluso un atún mechado en manteca delicioso, como en El Roqueo, pero no podemos salir de ahí.

Debemos tener en cuenta que hay atunes que llegan a pesar 600 kilos, y que su despiece da para mucho, y que sus diversas partes son muy diferentes, y requieren preparaciones también distintas.

En este corto artículo me voy a limitar a señalar aquellas partes del atún más sabrosas a mi juicio, y sus fomas de preparación más comunes, así como el restaurante que conozco más experto en estas lides. El atún admite muchas formas de preparación y puede combinar con muy diferentes tipos de salsas, y de guisos, pero no va a ser éste el objeto de este escrito. No voy a escribir sobre el atún encebollado, ni sobre el atún a la naranja, ni frito, ni al mojo, ni sobre las distintas guisas de preparación que admite. Sí lo voy a hacer comentando las partes más sabrosas, con más enjundia, y sobre la conveniencia de tomarlas a la plancha o añadirles algún condimento.

El restaurante por excelencia para degustar el atún en todas sus variedades es
El Campero
, situado en la localidad de Barbate. Allí podemos pedir desde un morrillo a la plancha, una verdadera exquisitez, hasta una ventresca también a la plancha, o al-andalus, un combinado de almadraba en aceite, que incluye varias partes del despiece del atún conservadas en aceite de oliva, como la melva, el mormo y el contramormo, el atún ajiar, y otras. El mormo resulta tan delicioso al paladar que yo suelo pedir un plato en exclusiva del mismo. También podemos solicitar el tarantello, pero conviene pedirlo con algún tipo de salsa porque es una parte mucho más seca que el morrillo o que la ventresca. Aquellos que quieran probar de todo un poco deben acudir al menos ocho personas, y encargar un menú de degustación.

En este restaurante se pueden degustar muchas otras variedades de pescado y guisos marineros, así como probar la famosa carne de retinto aunque para este menester yo recomendaría acudir a un restaurante cercano de la zona: La Castillería. En El Campero también es posible degustar las famosas ortiguillas fritas, que aquí fríen de una forma muy especial, así como probar el pargo en salsa de ortigas y un revuelto que para mí no tiene parangón como revuelto marinero: el revuelto de ortiguillas con gambas.

En fin, si les coge cerca ya me contarán. No obstante la propaganda gratuita que le acabo de hacer al restaurante debe ir acompañada de algunas advertencias. Nadie debe esperar encontrarse con un restaurante lujoso, sino más bien lo contrario, pues da la sensación de un bar o una marisquería. Los precios son bastante elevados, y las raciones son muy escasas, no bajando los precios de veinte euros la ración. Vamos, que es fácil salir con hambre. Además, los postres dejan mucho que desear. Absolutamente desaconsejable en temporada alta, y siempre preferible, si hay algún sitio, tapear o tomar raciones en la barra que sentarse. Ya saben ustedes: hay restaurantes en los que la barra es más aconsejable que la mesa y éste, a mi juicio, es uno de ellos.

Hay veces que preparan un guiso que se acaba muy rápido, y que son garbanzos con buche de mero. Hay que decirle al maître que cuando lo preparen haga el favor de llamarnos y nos plantamos allí en una hora, los que vivimos en la provincia. Los de fuera pueden probar suerte el día que vayan.

Espero haberles dado algunas claves a los posibles lectores para la degustación de tan selecto manjar, así como haberles abierto algo el apetito.

abril 8, 2007

Las aficiones

Archivado en: aficiones,entretenimiento,personalidad — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:07 pm

Decía Ortega que las aficiones desvelaban mejor que nada la personalidad del que las cultivaba. No cabe duda de que aquello para lo que detraemos tiempo de nuestro ocio debe ser algo importante, sobre todo teniendo en cuenta lo escaso de este último.

Sería interesante, aunque muy arriesgado, el ejercicio de extraer conclusiones sobre la personalidad a partir de las aficiones que cultivamos.

En mi caso han sido muchas, algunas de forma continuada, que aún persisten, y otras que con el tiempo he ido abandonando.

Entre ellas, han ocupado un lugar importante el atletismo en mi juventud, el ajedrez sobre la misma época, las matemáticas, a las cuales aún dedico esporádicamente algún tiempo, el ensayo en general, la gastronomía , los retratos, de hace poco tiempo a esta parte, y escribir, también desde hace poco. Desde hace algo más también soy aficionado a los automóviles.

Quizás el ajedrez, y las matemáticas, desvelen mis ansias de certidumbre, y mi desagrado por lo relativo y por lo incierto. Si estas conjeturas fuesen ciertas debería ser inusualmente extraño encontrarnos con un explorador o con un aventurero aficionado a las matemáticas. El aventurero debe tener algo de insensato, pues de otro modo no se internaría en la aventura.

El gusto por el ensayo puede revelar un interés por centrarme en el meollo de las cuestiones, un deseo de plantear las cuestiones de forma directa, sin adornos.

La práctica del atletismo puede indicar cierta tendencia al individualismo, a depositar todas las expectativas en uno mismo.

La gastronomía, y los restaurantes, en mi caso, están muy asociadas al cine americano y a lo que se debe entender por una velada romántica. Posteriormente, lo que comenzó siendo una excusa se convierte en un placer en sí mismo.

Respecto a los automóviles no sé qué decir. Siempre me han gustado, pero no por lo que puedan tener de distinción sino por su belleza intrínseca.

El retrato es una afición tardía que, junto a la escritura, colman el ansia artística que todos llevamos dentro.

En resumen, este artículo ha sido la excusa perfecta para invitaros a visitar mi galería de retratos virtuales.

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