Pruebas en Medicina
En Medicina son muy pocas las pruebas, o los tests diagnósticos, que son inequívocos para una enfermedad determinada. Esto es normal que no lo sepan los pacientes, pero ocurre que a veces tampoco lo saben todos los médicos.
Un paciente enfermo no es igual a una prueba, o a un test, y nunca se insistirá lo suficiente en la necesidad de escuchar, valorar e interpretar lo que nos cuenta aquél.
No era infrecuente, entre médicos inexpertos, ante un electrocardiograma con una onda que aparecía al revés, establecer diagnósticos de lo más refinados: que si situs inversus, que si marcapasos ectópico de aurícula derecha, que si esto, o que si lo otro. Sin embargo, lo más corriente era que el enfermero hubiera intercambiado los electrodos de los brazos.
Recuerdo una ocasión en que un enfermero muy experimentado, y con sentido común, entró en la consulta con un electrocardiograma en la mano. En el mismo aparecían complejos ventriculares a una frecuencia de 300/mn., de forma rítmica.
- ¿Qué te parece esto?.
- Me parece que el enfermo está muriéndose, o que estamos ante un artefacto en el electro.
- La enferma está tan normal, hablando conmigo. Resulta que el residente que está de guardia, al verlo me ha pedido que prepare el carro de parada, que le dé el laringoscopio para intubar, desfibrilador y demás. Quiere darle ya la descarga, y la enferma le ha dicho con cara angustiada: “¿tan mal estoy, doctor?”.
- Vete para abajo, y dile que le tome el pulso.
- Ya lo he hecho yo, y está a 70 pulsaciones.
- Pues dile de mi parte que se acueste, que el paciente se lo agradecerá.
No era infrecuente que se confundiera un anticuerpo contra una bacteria, el A.S.L.O., con “reuma”, y el paciente fuera tildado de reumático con todas sus consecuencias. Se trata de un error grosero, del mismo significado que confundir los anticuerpos contra el sarampión con la enfermedad, Por otra parte, el “reuma” no es un término médico. Existen enfermedades reumáticas, cada una con su nombre y apellido, y con su tratamiento particular.
El sentido común y el conocimiento serio es fundamental, pero ante cualquier test diagnóstico cualquier médico debiera plantearse las preguntas siguientes:
1º De todos los enfermos, en qué tanto por ciento la prueba resulta positiva. Esto es la sensibilidad de la prueba, o del test diagnóstico. Mide la capacidad del test para detectar la enfermedad. También se llama fracción de verdaderos positivos, pues es el cociente entre los enfermos que dan positivo en el test y la totalidad de los enfermos.
2º De todos aquellos sanos, en qué tanto por ciento la prueba es negativa. A esto se le llama la especificidad de la prueba. Mide la capacidad del test para detectar a los sanos. También se llama fracción de verdaderos negativos, pues es el cociente entre los sanos que dan negativo en el test y la totalidad de los sanos.
Ambos dependen de las cualidades intrínsecas del test diagnóstico, pero no tienen mucho interés clínico porque no nos permiten responder a las preguntas siguintes:
1ª ¿Qué probabilidad tiene de estar enfermo un individuo que da positivo en un test diagnóstico?. A esto le llamamos valor predictivo positivo.
2ª ¿Qué probabilidad tiene de estar sano un individuo que da negativo en un test diagnóstico?. Esto es el valor predictivo negativo del test.
A la hora de interpretar los valores predictivos de un test hay que tener en cuenta que estos valores dependen de la prevalencia de la enfermedad en la población, de lo frecuente que sea la enfermedad. Aunque el test tenga una muy alta sensibilidad y especificidad, si la enfermedad es muy poco frecuente el valor predictivo positivo será muy bajo, por lo que el test será muy poco útil para diagnosticar la enfermedad. Desconocer este concepto puede significar informar a un paciente de ser portador del virus del SIDA sin que lo sea.
Estos conceptos, y algún otro, me parecen imprescindibles para interpretar de forma cabal, y prudente, el resultado de las diferentes pruebas diagnósticas, y merecerían, de por sí, un artículo aparte.