Detodounpoco

septiembre 15, 2009

Paréntesis veraniego

Archivado en: entretenimiento,humor,nación,política,sociedad — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 12:07 pm

Tras un largo paréntesis veraniego, decido retomar mi blog sin ningún tema concreto sobre el que escribir. Parece que hay que pensar sobre lo que se va a escribir, pero a mí, a veces, me ocurre lo contrario, que necesito escribir para pensar. No sólo eso, sino que me he acostumbrado a hacerlo a ritmo de teclado, y no pienso igual si escribo en una cuartilla. ¿Será que el curso del pensamiento también se acostumbra a un ritmo? No lo sé, pero en cualquier caso a mí me ocurre eso.

Aquel que esté dispuesto a leerme hoy debe saber que voy a hacer un repaso somero a algunas cuestiones que he ido leyendo este verano, aunque hubieran aparecido en la prensa con anterioridad.

La crisis financiera parece que se va a solventar sin grandes cambios de paradigma en el modelo económico, tal como habían augurado algunos profetas. Se inyectó dinero público para que el sistema siguiera funcionando como lo había hecho hasta ahora, y al principio – al menos eso han dicho – habrá un mayor control sobre las entidades por parte de los bancos centrales. Luego, ya veremos.

La gripe A plantea incertidumbres, y los mensajes de la OMS y del Ministerio de Sanidad no son siempre coincidentes, ni tampoco las medidas a adoptar por los diferentes países de nuestro entorno. Unos, como Australia, dicen que vacunarán al 100%, otros como Reino Unido al 75%, Francia al 70%, y España al 15-20%, aunque dice que mantiene en reserva vacunas para el 60% de la población. Es cierto que la mayoría pasa la gripe sin problemas, pero también es cierto que esta gripe parece más virulenta en adolescentes y adultos jóvenes, y no siempre con patologias previas. Según he leído, del total de muertes en estos tramos de edad, un 40% no presentaban patologías previas, y creo recordar que este dato lo aportaba la OMS. Puede, y espero, que este otoño-invierno no presente grandes novedades en cuanto a la gripe A, pero me temo que pueda haber un colapso de los centros sanitarios. Yo no tengo las cosas suficientemente claras, y eso que he ido leyendo toda la información pertinente que sobre el tema ha ido editando el ministerio.

Parece ser que se prepara una nueva ley del aborto, y que las jóvenes de 16 años podrán abortar sin el consentimiento de sus padres, para de esta forma no coartar una decisión íntima que debe ser tomada con la máxima libertad. Sin embargo, creo que tienen prohibida la entrada a un local público en el que esté permitido fumar. Por cierto, se prepara una nueva ley para prohibir fumar en todos los locales públicos cerrados. Recuerden que antes muchos resturantes habían efectuado obras para acondicionar sus locales a la ley anterior, a fin de tener separados a fumadores y no fumadores. ¿Quién se encarga ahora de amortizarles ese reciente desembolso?

El plan E, pergeñado para “reactivar” la actividad económica, tiene a todos los pueblos y ciudades patas arriba. Concretamente, donde yo vivo, se ha efectuado una completa remodelación del tráfico y les aseguro que circular por allí resulta mucho más peligroso y arduo que antes. Este plan, en el mejor de los casos, puede servir para construir un nuevo pabellón deportivo o una pista de skates; en otros para hacer una zanja y voverla a tapar y, en el peor, para fastidiar al ciudadano un poco más de lo que ya estaba. Ahora, reactivar, lo que se dice reactivar, no me lo creo.

Hace unos días, en Rodiezmo, cantaron la internacional, con el puño en alto, varios dirigentes socialistas; entre otros, Leire Pajín y Bibiana Aído. Rajoy lo ha comparado con el saludo fascista. Yo no estoy de acuerdo con Rajoy, y creo que los descamisados de la tierra se sienten muy representados por ambas mozas. Que ganan entre 10 y 20.000 euros mensuales, sí, ¿y qué….?. ¿O es que os creéis que los socialistas quieren repartir pobreza?. No señor. Quieren repartir riqueza, y quieren empezar por ellos mismos, para dar ejemplo.

Un tal Risto Mejide, antiguo miembro del jurado de Operación Triunfo, se ha convertido en todo un fenómeno mediático, y reparte leña a diestro y siniestro en un nuevo programa a su medida: G20. Es el prototipo del nuevo intelectual de la era Zapatero. Si uno se mete con la gente de forma desvergonzada es un intelectual, y si lo hace con todo el mundo y con el mayor descaro entonces ya es el no va más. En una ocasión, ante una imagen de Benedicto XVI, dijo que le parecía un personaje siniestro, y que a él le inspiraba miedo, y que comprendía que a los niños les aterrorizase. Bueno, pues creo que hasta lo aplaudieron.

En Areyns de Munt, un municipio de Barcelona, han realizado un simulacro de referéndum preguntando a su habitantes por si desean la independencia de Cataluña. Desconozco los términos exactos en que estaba formulada la pregunta, y no me voy a molestar en saberlo. ¡Qué hastío de gente! Con razón decía Unamuno:¡Qué país, qué paisaje y qué paisanaje!

Bueno, pues ya está, hoy no comento más.

junio 10, 2009

Los chiringuitos, las terrazas

Archivado en: aficiones,educación,humor,restaurantes — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:15 am

Ahora, en Andalucía en general, y en Cádiz en particular, llega una época especialmente agradable, al menos para mí. A partir del 40 de mayo, si se cumple el refrán de “no te quites el sayo, hasta …..” podemos disfrutar de terrazas sin sufrir las aglomeraciones de la época estival.

Parece que nos quieren quitar los chiringuitos, algo tan característico nuestro, que nos permitían escuchar música Regay, o de otro tipo, mientras saboreábamos una cerveza bien tirada acompañada de unos boquerones, de un cazón o de unas sardinitas, o aliviar la calima de un caluroso día de playa. Desconozco la razón de estas sesudas iniciativas, pero le he leído hoy a Barbeito que hay razones ecologistas detrás de esto. No deja de ser curioso, como señala el mismo autor en su artículo, que mientras que los chiringuitos se consideran perjudiciales para el medio ambiente, esas guillotinas horizontales que son las motos acuáticas surcan nuestras aguas cada día más cerca de la orilla, provocando, a la par que ese desagradable olor a gasóleo, algún que otro accidente mortal a algún desafortunado bañista. No voy a ser yo aquí quien niegue el pan y la sal a los ecologistas, que han supuesto en muchos casos un adecuado contrapeso a los intereses de los especuladores de turno, pero en algunos casos se exceden, y pueden lograr que todos muramos de aburrimiento en un medio ambiente muy saludable.

Quede con esto señalada mi oposición a que alguien, porque le guste bañarse en pelotas, y desee una playa más salvaje, o por la razón que sea, me quite la posibilidad de tomarme mi cerveza fresquita, con mis pimientitos y mis boquerones, ya sea por la mañana o en una calurosa noche de verano, en cuyo caso me priva de escuchar una música acorde con el tiempo, y regada con su correspondiente cubata de Barceló. En estos casos no se trata tanto de defender el medio ambiente, sino de imponer sus gustos a los demás. De la misma forma que yo he de aguantarme con la estética dudosa de quien juega a las palas en pelota picá, ellos deberían ser un poco más condescendientes con mis gustos. Aún recuerdo un día, en el Palmar de Vejer hace muchos años, estando yo debidamente tumbado en mi toalla y ataviado con mi Meyba, cuando escuché: “¿me da fuego?”, y al alzar la vista me encontré la mandinga de un tipo que me estaba señalando. Bueno, pues fui tolerante. En vez de cagarme en “tos sus tus”, por atrevido, le di fuego y santas pascuas. Yo no le pido a este ecologista de picha al aire que me contemple en actitud semejante, sino tan sólo que me deje tomar en paz mis sardinitas.

Pues eso, que viene una buena época, tras un otoño y un invierno fríos y de infausto recuerdo – por razones de índole personal -, y vamos a tener que irnos al Caribe y cambiar los boquerones y la caballa caletera por el aguacate, el mango y lo que se tercie. Francamente, creo que estos ecologistas de picha al aire le hacen mucho daño a los Cousteau y a los Attenborough. Ciertamente, a Cousteau ya no le pueden hacer mucho daño, pero ya ustedes me entienden, que esto del ecologismo es algo tan amplio, tan variopinto, que admite lo mismo al mejor naturalista del mundo que al carota más analfabeto. Por desgracia, estos últimos son los que me quieren quitar el chiringuito.

Siempre ha habido chalados de la más diversa especie, pero en otros tiempos se les tenía por tales, y en paz. Hoy mandan, y consiguen que los políticos de diverso pelaje les escuchen y acepten sus propuestas medioambientales. Está claro que los políticos se rinden al que es capaz de armar más ruido, y los analfabetos a los que me refiero son especialistas en esto.

Desde hace unos años, por la noche, con mis hijos, solíamos frecuentar una terraza en el Puerto de santa María, porque el dueño, aparte de ser muy amable, interpretaba agradables melodías de los ochenta que no podían – era materialmente imposible – molestar a ningún vecino de la zona. Bien, pues alguien, creo que fue uno del quinto de un edificio cercano, se quejó, y el ayuntamiento prohibió que este señor siguiera cantando. Vuelvo a asegurar que no fue el de la planta baja, ni el del primero , ni el del segundo, sino un amargado que se sentía molesto porque otros supieran cantar, porque era materialmente imposible que escuchase nada. No piensen que no respeto el sueño ajeno, sino todo lo contrario; creo que, en caso de conflicto, debe prevalecer este derecho sobre el derecho al divertimento, pero no era este el caso.

Mucho ojo con este tipo de gente, que disfrazados de ecologistas, cuando en realidad son perfectos analfabetos funcionales, y con la coartada de la contaminación acústica, de las costas, medioambiental, planetaria o universal, nos joden la vida día a día, minuto a minuto y segundo a segundo. Mi más profundo respeto a todos los attenboroughs del mundo, y mi más profundo desdén hacia quienes pretenden amargarnos la vida cada día un poco más, porque no saben de nada, pero quieren opinar, y además carecen de gusto y de sensibilidad para valorar las cosas sencillas pero bellas. A éstos, ni caso.

mayo 6, 2009

Tiempos sorprendentes

Archivado en: divulgación,humor,política,sociedad — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:37 am

Vivimos tiempos sorprendentes, o al menos a mí me lo parece.

La crisis económica y financiera global, en nuestro país agravada por problemas estructurales propios, y la amenaza del paro creciente, una de las mayores lacras sociales, se cierne sobre nosotros. Por si fuera poco, existe una alarma en aumento, aunque de momento parece que algo contenida, con la morbimortalidad que pueda causar la nueva gripe. Nuestra sistema judicial está colapsado, y las causas pendientes, las sentencias sin ejecutar, y la incoordinación de nuestra administración de justicia alcanza niveles alarmantes. Nuestro sistema educativo está a la cola de Europa en muchos aspectos, y a la cabeza en ninguno, según el informe PISA. Parecen problemas de la suficiente entidad como para que, por sí mismos, ocuparan la mayor parte de los desvelos de nuestros políticos y de nuestros funcionarios.

Sin embargo, no parece que sea así. El otro día, haciendo zapping en la TV, me sorprendió un debate sobre los derechos de los incapacitados a disfrutar de asistentas sexuales. Sí, lo han leído bien. Asistentas sexuales, no sociales. Vamos, alguien que se acerque por tu domicilio a alegrarte la vida sexual con cargo al erario público, alguien que tras hacerte la cama te desabrocha la bragueta. No quiero que me juzguen insensible, pero las “manolas” que se las pague quien pueda y quiera, y si no, a otra cosa, mariposa.

Por otra parte, hoy tenemos al menos a tres magistrados de nuestra avanzada Audiencia Nacional ocupados en atender los problemas de nuestro planeta. Uno investiga crímenes de Israel, otro quiere encausar a tres ministros chinos por crímenes contra el Tibet, y el último investiga la implicación de Franco en los crímenes del Holocausto. Perdonen, creo que hay uno más, que de forma regular pregunta a los estadounidenses por Guantánamo. Anteriormente, Garzón declaró oficialmente que Franco había muerto, y gastó muchos miles de euros en descubrir fosas y tumbas, con la coartada de la Ley de Memoria Histórica elaborada por el gobierno. La flamante ministra de Igualdad parece haber descubierto un filón con lo de “miembros y miembras”, y trae mareados a los miembros ¡perdón, y miembras! de la Real Academia que, a este paso, habrá que cambiarle el nombre por el de Real Academia del Género. Y en esas estamos.

Mientras tanto, según nos cuentan, los comedores sociales a los que acuden cada día mayor número de personas, tienen cada vez más problemas de abastecimiento de alimentos. O sea, que mientras que unos gastan en juzgar hoy a Franco y mañana Dios sabe a quién, y otros en imprimir folletos para cambiarnos el chip masculino en otro neutro -o femenino- los de siempre, y muchos más, no tienen qué para llevarse a la boca.

Sin embargo, y pesar de estas evidencias, nuestros prebostes repiten sin cesar que no van a permitir que la crisis la paguen los de siempre. Y hay que darles la razón, puesto que no sólo la están pagando los de siempre, sino muchos otros que antes no la sufrían. Para que luego digan que no están igualando.

Hace unos días, en una entrevista que leí, Aznar, tras referirse indirectamente a Zapatero como “ratoncillo político”, decía que tenía que hacer como Silvela, retirarse tras reconocer su incapacidad para gobernar. Yo no sé en qué piensa este Aznar, ni cómo es posible semejante dosis de ingenuidad. Él sí que debería de retirarse, que carece de sensibilidad para valorar la importancia de llamar miembras a las señoras, así como de capacidad para cuantificar la eficacia de esta medida para paliar los efectos de la llamada violencia de género.

Por todo esto que les he contado, y por algunas cosas más, me parecen éstos tiempos sorprendentes.

junio 13, 2007

El esnobismo y la publicidad

Archivado en: gastronomía,humor,moda — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:02 am

El enorme desarrollo de las tecnologías de la comunicación ha tenido muchas consecuencias, una de las cuales ha sido el enorme impacto que las empresas de publicidad ejercen sobre nosotros, con su contribución al despliegue y difusión del esnobismo.

Siempre hubo esnobs, pero nunca en la proporción de nuestros días. Según parece la palabra tuvo origen en las universidades inglesas, como contracción de la expresión latina “sine nobilitate”, “sin nobleza”, que luego pasó a convertirse en snob.

Hoy entendemos por esnob aquella persona obsesionada por estar a la última, sencillamente porque resulta “chic”. No me estoy refiriendo a los adolescentes manipulables que se encuentran en la edad del pavo, sino a adultos talluditos, que lo mismo se ven abducidos por el último móvil de Fernando Alonso, como por un fin de semana con talasoterapia incluida en un hotel pegado a su propio domicilio, que por reservar mesa en “El Bulli” para degustar una tortilla de patatas desestructurada, o esencia de espuma de guisantes gelé con caviar de Beluga.

No todos los esnobs pueden reservar mesa en “el Bulli”, pero todos comparten algo común: adquirir cosas que no precisan para impresionar a gente que quizás ni siquiera conozcan sencillamente porque están de moda. Cada esnob organiza su vida particular y “está a la moda” segun le vaya marcando el status social al que pertenezca.  Lo que caracteriza al esnob no es el tipo de bienes o de servicios que utiliza, sino la motivación espúrea por la que los consume.

Los publicistas, que conocen bien el paño, dirigen todo su poder embaucador a este tipo de especímenes. Además, el esnobismo es enormemente contagioso y tiene un enorme poder, pues es capaz de convertir en arte, o en producto de primera necesidad, lo engañoso o lo superfluo.

No hay que confundir al hombre moderno, a la altura de su tiempo, con el hombre esnob. El hombre moderno aprovecha los avances para facilitar la satisfacción de sus necesidades, mientras que al  esnob le crean continuamente nuevas necesidades para satisfacer su esnobismo. El esnob es el mejor ejemplo del tontorrón moderno al que manejan como a un tarambana haciéndole creer que está a la última. Es la diana perfecta del marketing publicitario.

Este corto artículo me lo ha sugerido un magnífico artículo de Antonio Burgos titulado “Ferrán Adriá hasta en la sopa”, en el que nos describe en tono de humor el esnobismo gastronómico de la “alta cocina”.

mayo 2, 2007

Un amigo visita al médico

Archivado en: cirugía,humor,medicina,relatos — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 9:35 am

A veces los galenos carecemos de la empatía necesaria para situarnos al otro lado de la mesa, o de la camilla.

Mi amigo Juan Luis acudió hace unos días a que le extirparan un quiste sebáceo localizado en la espalda, y un pequeño nevus, y así me cuenta su experiencia.

” Como ya supondrás, la intervención no ha tenido trascendencia alguna, aunque como yo soy un cagueta total para los galenos y, afortunadamente, hacía años que no entraba en un quirófano, me han impresionado un poco los hechos cuya
narración prosigo.

Yo pensaba que me sentarían en la silla de un consultorio médico y que, allí mismo, me quitarían los dos defectos que tenía (ahora sí que soy perfecto).
También consideraba prácticamente innecesario que me pusieran puntos en una herida que podría equipararse a un corte sufrido en la cocina. Pero no.

Primero me han hecho desprenderme de todos los objetos metálicos que llevaba, lo cual, ya me ha parecido exagerado.

Luego, me han hecho quitarme la camisa y ponerme una bata de esas, abierta por detrás (de las que se te ve el culo); afortunadamente yo llevaba puestos los pantalones.

Pero ha aparecido una despampanante enfermera con minifalda que me ha obligado a quitarme los pantalones y………. Perdona, ¡qué más hubiera querido yo!.

La verdad es que también me han hecho ponerme un gorro en el pelo, a guisa de los gorros femeninos impermeables para la ducha, que no contribuía en nada a mi, de por sí, poco atractivo. Incluso me han dado unas fundas asépticas para que me las pusiera cubriendo mis zapatos. Eso sí lo he entendido, pues
yendo hacia la clínica he pisado algunas cacas de perro aposta.

Me han metido en un quirófano, como los de las películas, con un montón de aparatos similares a los de un taller de reparación de automóviles (e incluso con la radio puesta); sólo faltaba el póster de la chica ligera de ropa, pero creo que “esa” era yo.

Me han obligado (no sin poco esfuerzo) a tumbarme boca abajo en la camilla y me han tapado la cabeza con una especie de sábana (para sofocar mis posibles gritos, pensé yo).

Entonces, han empezado a hacerme, con verdadero entusiasmo por su profesión, todas esas perrerías que hacéis los médicos, para vuestro regocijo y nuestra desazón.

Había tres personas (el cirujano y dos ayudantes) pendientes de mi, por lo que me he sentido muy importante. Pero me prometieron que la intervención era “cosa de diez minutos” y me han tenido en la camilla 45 minutos largos.

Me han pinchado (o banderilleado) con anestesia local y, cuando ésta ha hecho su mágico efecto, han “entrado a matar” sin ninguna piedad.

Además, dejaban el instrumental quirúrgico sobre mi persona. Sobre el culo de mi persona, para ser exactos. Menos mal que no me había desprendido de mis pantalones.

Yo notaba inquietantes estirones en la piel de mi espalda, aunque tengo que reconocer que no he sentido ningún dolor, a excepción de los leves pinchazos iniciales para la anestesia (no menos de media docena).

Lo cierto es que no estaba muy cómodo (supongo que nadie lo está en tales condiciones) y, con lo aprensivo que soy yo, cada vez que me rociaban con algún líquido (como el yodo) pensaba que lo que sentía era mi propia sangre.

Para más INRI en la radio sonaba Paulina Rubio. He estado a punto de decir: puedo aguantar cualquier cosa excepto eso; cambien de emisora o me voy. También había momentos en que estaba tentado de recordarles, a voz en grito, que seguía despierto -y vivo- debajo del montón de trapos con el que me habían hecho desaparecer.

La cuestión es que, cuando creía que ya me habían extirpado y cosido ambos “sietes”, el cirujano -un individuo anoréxico y de Castellón, cuyo segundo apellido era “Nomdedeu”- me dice: “vale, ya te he sacado el quiste, voy a coserte”. He
estado a punto de decirle que, si quería, me cosiera a la camilla, porque ya me había acostumbrado.

Cuando -por fin- han terminado, me he incorporado tan deprisa que los tres han corrido hacia mí, por si me caía. Lo cierto es que, mientras estaba tumbado, habían elevado la camilla, para trabajar mejor, hasta una considerable altura. Sólo el hecho de que estaba cosido a ella, ha impedido otra desgracia.

Dado mi natural pálido -mortecino-, y el hecho de que, ciertamente, estaba un poco desorientado, ha hecho que el trío de facultativos me haya abrazado al unísono,
para evitar cualquier desfallecimiento, y caída mía, con el considerable riesgo que ello hubiera supuesto para las costosas baldosas del suelo del quirófano.

Me han dicho que las dos cosas que me han quitado las mandarán al laboratorio de análisis, y que la semana que viene recoja los resultados y se los lleve (ya sabía yo que no me dejaría ir así como así). El lunes día 7 me quitará parte de los puntos, y dentro de 15 días el resto, creo que me han dicho.

Yo he salido de allí huyendo como Satán de la Cruz y mi madre, que esperaba fuera, al verme salir corriendo creía que me había escapado. Se ha empeñado en limpiarme el yodo que llevaba por el cuello y en que tomáramos un café en la cafetería del hospital, pero lo que yo quería era salir de allí. Manchado, pero vivo.

El cirujano enano debe de haber hecho un buen trabajo puesto que, aunque me ha dicho que los puntos que me ha puesto donde antes estaba el quiste me dolerían y me ha recetado dos nolotiles cada seis horas, sólo me he tomado uno a las
cinco de la tarde, y no porque me doliera, sino por temor a ello.

Noto como si alguien estuviera apretándome con su dedo índice en un punto de la espalda (y, quizás, así sea). Es decir, noto un poco de presión, donde están los puntos, supongo. Pero del
dolor que yo esperaba notar, nada de nada. Y me alegro mucho.

Quizás sea porque soy el novio de la muerte (y no me refiero a la pobre Raquel).

Bueno, espero no haberte aburrido demasiado con esta larga, pero también inusual en mí (al menos últimamente) disertación sobre las aventuras y desventuras de mis bultos. Por cierto que, dado que el cirujano era de cirujía plástica, he estado a punto de pedirle que me pusiera tetas. Pero en una bolsa, para llevármelas a casa.

Si me hubieses visto de la guisa que iba hoy en la clínica es muy probable que me retiraras el saludo. Te aseguro que si no me hubiesen obligado a dejar el móvil fuera, me hubiese
hecho una foto. A lo que sí se la he hecho es a un fragmento de la historia médica, que intentaré adjuntarte a este mensaje. Y es porque, antes de la operación, he estado a punto de marcar yo mismo la casilla marcada con el número 8, y salir huyendo del recinto hospitalario.”

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Sólo espero que este corto relato nos haga reflexionar a los médicos sobre las trascendentales cuestiones que plantea mi amigo.

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