Vengo utilizando internet desde sus comienzos en España, aproximadamente desde el año 1996, y realicé la declaración de la renta por este sistema el primer año que se implementó, motivo por el que fui felicitado por la administración tributaria en su momento. Quiero decir con esto que he asistido como espectador directo a la evolución de esta tecnología, prácticamente desde sus comienzos. Al principio, y por curiosidad, utilicé todos los recursos que ofrecía la red, desde la simple navegación, el correo electrónico, los chats, las news, el netmeeting, las listas de distribución, el telnet, etc.,etc. Al principio, aún con el Ms-dos y el Windows 3.1 como sistemas operativos, cada una de sus aplicaciones exigía un programa particular para ejecutarlas, y había que configurar los sistemas paso a paso, para lograr que funcionaran. Era mucho más laborioso que ahora, en que uno adquiere un ordenador y viene con todo eso instalado, y con muchas otras cosas. No existía la alta velocidad, y las velocidades de navegación creo recordar que estaban en torno a los 57 kilobaudios/segundo, cuando ahora son normales los 12 megabaudios. Existían muchas menos páginas web y muchísimos menos recursos, porque la velocidad de crecimiento de páginas en la red ha sido exponencial. La mayoría de las páginas empezaron siendo gratuitas, y posteriormente muchos periódicos y otros recursos se fueron haciendo de pago, aunque algunos, como determinados periódicos, volvieron a la gratuidad. Aparecieron las redes P2P, que permitían compartir archivos a nivel planetario entre usuarios particulares, y el fenómeno no parece que vaya sino a crecer cada día más, con nuevas y mejores aplicaciones.
Sin embargo, algo que intuí desde sus comienzos que constituía una absoluta revolución, tecnológica y social, tiene peligros innegables. El primero puede ser, sin más, el exceso de información, así como la globalización de ésta. No nos engañemos, estamos ante el más formidable aparato de propaganda que jamás haya existido. Bien es cierto que existe libertad para que cada individuo exprese su opinión de forma libre, y se haga oír, pero eso es una nimiedad ante la fuerza de las organizaciones poderosas que se empeñen en transmitir sus consignas, la mayor parte de las veces interesadas.
La enseñanza en los colegios, que se debería encargar de formar mentes capaces de pensar por sí mismas, cada día hace más dejación de sus obligaciones, e internet se ha convertido en uno de los principales recursos de la escuela, desde sus primeros niveles. Mis hijos tienen, un día sí y otro también, que realizar trabajos consultando en internet, incluida la asignatura de educación física, en la que han de presentar periódicamente trabajos bien nutridos con fotos y colores, contra más fotos mejor. El “copia y pega” se ha convertido en habitual entre los alumnos, y existe incluso una página web, “el rincón del vago”, desde la que es posible acceder a numerosos trabajos ya confeccionados sobre los más diversos y pintorescos temas.
Yo recuerdo que cuando yo estudiaba eran muy corrientes los diactados y las redacciones, y estas últimas fomentaban la imaginación y la capacidad para el pensamiento, así como la expresión escrita. La lectura obligatoria de libros también era mucho más común que ahora, o al menos esa es mi impresión. Los niños estaban mucho menos “informados”, pero estaban bastante mejor formados. El saber se valoraba mucho, y recuerdo un programa de televisión, creo que llamado “cesta y puntos”, en el que diversos colegios españoles competían entre sí, y el nivel de las preguntas era elevado. Entonces no existía informe PISA, ni nada que se le pareciera, pero con seguridad no hubiéramos quedado a la cola de Europa en comprensión verbal y capacidad lectora. El programa de televisión al que he hecho referencia indica que existía un caldo de cultivo, que situaba la importancia del conocimiento en su verdadero lugar. Es cierto que hoy se ha generalizado la enseñanza obligatoria, y eso conlleva, muchas veces de forma inevitable, una merma en la calidad. No obstante, yo me estoy refiriendo exclusivamente a la disminución de la calidad como consecuencia de la enorme confusión de conceptos, de conceder importancia a lo que no la tiene, y de quitársela a lo que la posee.
Internet, por tanto, ha contribuido a desvirtuar la enseñanza de nuestros hijos, acercando mucho la información, mientras que los colegios han descuidado la formación, creyendo que se puede susutituir una por otra, que son intercambiables. Por otra parte, la globalización de la información que nos proporciona este medio, permite que muchas cabezas huecas sean absolutamente vulnerables a la propaganda más brutal.
Podría pensarse que el correo electrónico, un fabuloso medio para la comunicación, habría redundado en una comunicación más personal, más profunda, más continuada entre las personas, que cuando sólo disponíamos del correo ordinario, pero también tengo la impresión de que esto no es así. Raras veces se utiliza el correo para enviar una misiva meditada, bien escrita, que pueda competir con el antiguo estilo epistolar. Más bien se emplea para enviar notas telegráficas, escuetas, o para mandar algún archivo, o algún enlace a alguna noticia particular, o a algún artículo de opinión. Parece que el hombre ha claudicado definitivamente de la noble tarea de pensar por sí mismo. No me refiero a pensar en sus asuntos o intereses particulares – lo cual se suele hacer bastante bien -, o en los propios de su campo particular, sino en pensar y reflexionar sobre cualquier tema que pueda ser objeto de interés, pero pensar por sí mismos, no por medio de otros.
Por tanto, adelante con internet, y sin limitaciones a su tecnología y a sus posibilidades, pero cuidado con su uso por parte de las mentes en período de formación, pues corren el grave riesgo de no llegar a formarse nunca.