Detodounpoco

enero 4, 2009

Reflexiones sobre la memoria

Archivado en: cerebro,cultura,divulgación,filosofía,memoria,pedagogía,pensamiento,psicología — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 1:34 pm

La memoria, en la enseñanza, nunca es que estuviera muy bien vista. Siempre fue la hermana pobre del razonamiento, y el término peyorativo de “empollones” se reservaba para aquellos que todo se lo sabían de memoria. No obstante, y a pesar de no gozar de buena prensa, cuando yo estudiaba teníamos que memorizar de forma obligada una gran cantidad de datos, que, por otra parte, si no hubiera sido así, nunca habríamos llegado a aprender. Hoy parece que se tiende a sustituir ese “método antiguo” de memorización por un aprendizaje mas “comprensivo”.

No hace falta ser un lince para apreciar que cualquier razonamiento, por poco elaborado que sea, requiere del concurso de la memoria, aunque ésta, sin el concurso de la razón, puede derivar en una erudición insulsa, plagada de datos inconexos, y carentes de cualquier atisbo de plausibilidad.

Sin embargo, esta nueva entrada de mi blog para este nuevo año no pretende analizar la memoria en el campo de la enseñanza, sino en el transcurrir de la vida diaria.

Una memoria excesiva podría resultar desastrosa, incompatible con la vida, porque recordar un día completo nos llevaría todo un día. Podría pensarse que si el recuerdo se acelerase podríamos emplear menos tiempo, pero entonces siempre estaríamos obviando detalles, y la memoria no sería perfecta, tal como hemos supuesto. La memoria, por tanto, siempre es incompleta, parcial, y selectiva, porque existen mecanismos de defensa que nos llevan a hacer olvidar aquellos recuerdos que nos resultan más traumáticos. A veces, sin embargo, estos traumas siguen operando desde el inconsciente, y hasta que alguien no es capaz de presentarnos esa ralidad con toda lucidez, y hacérnosla comprensiva, el problema no desaparece. Sería éste el caso del psicoanálisis.

La construcción del “yo”, algo que casi todos tenemos tan claro, y que permanece constante aunque perdamos el pelo, engordemos o nos aparezcan arrugas, no es posible sin la memoria. Una persona sin memoria se desconoce a sí misma, y si no tuviera memoria en absoluto podría incluso mirarse al espejo y no saber quién es, pues no guarda recuerdo de su figura, ni tampoco recuerda que un espejo sirve para devolver la imagen. Las personas que han sufrido amnesia, por un accidente, o por cualquier otra causa, tienen que reconstruir su “yo”, y eso, imagino, les tiene que suponer una extrañeza enorme, y si entran en contacto con personas que los reconocen, y a los que ellos han olvidado, aparte del desconcierto esto podría desarrollarles cierta paranoia. Quizás, la mejor forma de que dispongan para reconstruir el “yo” aquellas personas con amnesia irrecuperable sería cambiar por completo de ambiente, a un lugar donde nadie los conociera. Aunque, ¿quién sabe si una amnesia es irrecuperable?

¿Tienen los animales conciencia del “yo”? Yo creo que sí, que mi perro sabía perfectamente que él era el mismo que dos horas antes -aproximadamente, claro está- engulló un delicioso trozo de carne, e incluso puede soñar con ello. Yo creo que podría decirse que la memoria – una cierta memoria- es condición necesaria y suficiente para la construcción del “yo”. Sucede que nuestro “yo” es un “yo” más complejo, más elaborado, más teñido de culpas, más angustiado que el “yo” de los animales. Esta complejidad de nuestro “yo”, en comparación con el “yo” animal, es, probablemente, un producto ineludible de nuestra inteligencia, de nuestro lenguaje y de una enorme construcción cultural, que por una parte nos abre un inmenso mundo de posibilidades, pero por otro oprime nuestra conciencia.

Obviamente, las claves neurofisiológicas de la memoria no han sido el objeto de este artículo, sino tan sólo acercarnos a ella desde la reflexión profana, lo cual siempre implica una probabilidad de error. No obstante, la ciencia comienza con la curiosidad y con la reflexión, y, en última instancia, las bases neurofisiológicas de la memoria, su distribución topográfica en el cerebro, las distintas conexiones neuronales que la materializan, y las diferentes moléculas y proteínas que le dan soporte físico deben explicar nuestras observaciones. Aunque la ciencia tenga su método, su obligación es intentar responder preguntas, y éstas pueden ser previas al quehacer científico, aunque en el curso de éste surjan más y más preguntas por responder.

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