Detodounpoco

Octubre 1, 2007

La Casa Real y la unidad de España

Archivado en: divulgación, monarquía, nación, pensamiento, política — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 1:22 pm

Hace aproximadamente una semana el diario El Mundo se hizo eco de la preocupación de la Casa Real en torno a la quema de fotos de los Reyes en Gerona, lo cual, según afirmaba el mismo diario, no se interpretaba como un ataque a la persona de Don Juan Carlos, sino más bien como un ataque a la unidad de España y a la Constitución. Este mismo lunes, en Oviedo, Don Juan Carlos ha destacado que la Monarquía parlamentaria que sustenta nuestra Constitución ha determinado el más largo período de estabilidad y properidad en democracia vividos en España.

 Ante estas manifestaciones de la Casa Real, y del Rey mismo, sólo se me ocurre decir: ” A buenas horas, mangas verdes”. Debo explicar que por “mangas verdes” se conocía en Cádiz a unos policías que, cuando se les requería, siempre aparecían a destiempo. Puede ser que sea la Monarquía la Institución que haya determinado la etapa de mayor estabilidad y prosperidad vividas en democracia en nuestro país, pero si eso fuera cierto no estaría de más que dicho reconocimiento viniera de la mano de otras personas más desinteresadas en dicho juicio.

No hacía falta, digo yo, que se quemaran fotos de los Reyes como para verlas venir. Ya se veía mucho antes, y había sido advertido por numerosos medios de comunicación, y a los representantes del PP en Cataluña se les perdona la vida de continuo, y en las Vascongadas aún peor. Sin embargo, los Reyes de todos los españoles sólo han visto el peligro que eso supone cuando han visto quemadas su fotos.  Desde mi punto de vista reaccionan tarde y mal, porque al menos podrían haber disimulado un poco, dejar que el tiempo hiciera que todos nos olvidáramos del agravio sufrido por sus personas, y por la Institución que encarnan, y entonces, sólo entonces, expresar su preocupación por la unidad de España y por el tormento no figurado, sino real, que sufren muchos españoles por el totalitarismo nacionalista.

Aparte, aunque dos Repúblicas hayan fracasado estrepitosamente en España, por mucho que se empeñen la unidad de España y la Corona no deben seguir caminos convergentes necesariamente. Particularmente, la unida de España me importa mucho, mientras que la Corona sólo me importa en cuanto que instrumento secundario para garantizar la estabilidad, pero sin establecer necesariedad alguna entre la continuidad de España como nación y la continuidad de la Corona. Me parece un instrumento muy útil, aunque en forma alguno necesario. Si me pareciera necesario los que me parecerían prescindibles serían el conjunto de los españoles. Nuestro futuro como nación no debe depender de una Institución.

Personalmente, me parece mucho más racional la República que la Corona, y no albergo una especial simpatía por la Institución ni por quienes la representan, cuyo servicio a España no me ha parecido el más acertado, al menos en lo que a su función moderadora se refiere. No obstante, hace mucho tiempo que dejé de pensar que lo óptimo desde el punto de vista racional es lo óptimo desde un punto de vista real. De igual forma que pienso que un sistema democrático, con separación de poderes, y con un Estado de Derecho ejemplar, no funcionaría en Burundi, albergo serias dudas sobre un nuevo experimento republicano en España. Por supuesto, también albergo serias dudas sobre la continuidad de la España que consagra la Constitución con la institución de la Corona que tenemos, y con el Gobierno actual.

Respecto a la unidad de España, los únicos partidos que se han expresado con claridad en favor de la independencia son ERC, HB, o en su defecto ANV, y el BNG. El PNV a medias, ahora abiertamente, y CIU siempre de forma ambigua. La claridad es de agradecer, porque no esconden sus cartas, y saben que la separación entraña riesgos evidentes que están dispuestos a asumir, o al menos eso parece.

No entiendo, sin embargo, cómo la Constitución da cabida a partidos abiertamente separatistas, que no respetan las reglas del juego, y que lanzan desafíos anticonstitucionales, como el referéndum propuesto por Ibarreche. Los partidos separatistas sólo podrían tener cabida en nuestro sistema si admitieran que la única manera de obtener respuesta a sus aspiraciones secesionistas fuera mediante una reforma constitucional, en la forma que la propia Constitución prevee.

Yo considero el suelo catalán tan mío como de Maragall, de la misma forma que el suelo de Cádiz, y entiendo que los residentes en Cataluña sólo tienen el usufructo de su suelo, por lo que considero que la decisión de separarse no es competencia exclusiva de los usufructuarios, sino de todos los propietarios; en nuestro caso, de todos los españoles.

Sin embargo, si llegado el caso, se planteara un referéndum y nada, ni nadie, lo impidiera, exijo el mismo derecho del resto de España a elegir el momento y las condiciones más oportunas para desprendernos de lo que se ha constituido en una verdadera rémora. Esto sería, tan sólo, la aplicación de un principio de reciprocidad en desventaja, porque si una parte más pequeña siente el derecho de ser autónoma, más razones aún le corresponderán a la parte más grande para desprenderse de la más pequeña. Esta última cuestión siempre ha sido eludida por los catalanes de las listas en las que he intervenido, e ignoro, francamente, el porqué.

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