Detodounpoco

septiembre 15, 2009

Paréntesis veraniego

Archivado en: entretenimiento,humor,nación,política,sociedad — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 12:07 pm

Tras un largo paréntesis veraniego, decido retomar mi blog sin ningún tema concreto sobre el que escribir. Parece que hay que pensar sobre lo que se va a escribir, pero a mí, a veces, me ocurre lo contrario, que necesito escribir para pensar. No sólo eso, sino que me he acostumbrado a hacerlo a ritmo de teclado, y no pienso igual si escribo en una cuartilla. ¿Será que el curso del pensamiento también se acostumbra a un ritmo? No lo sé, pero en cualquier caso a mí me ocurre eso.

Aquel que esté dispuesto a leerme hoy debe saber que voy a hacer un repaso somero a algunas cuestiones que he ido leyendo este verano, aunque hubieran aparecido en la prensa con anterioridad.

La crisis financiera parece que se va a solventar sin grandes cambios de paradigma en el modelo económico, tal como habían augurado algunos profetas. Se inyectó dinero público para que el sistema siguiera funcionando como lo había hecho hasta ahora, y al principio – al menos eso han dicho – habrá un mayor control sobre las entidades por parte de los bancos centrales. Luego, ya veremos.

La gripe A plantea incertidumbres, y los mensajes de la OMS y del Ministerio de Sanidad no son siempre coincidentes, ni tampoco las medidas a adoptar por los diferentes países de nuestro entorno. Unos, como Australia, dicen que vacunarán al 100%, otros como Reino Unido al 75%, Francia al 70%, y España al 15-20%, aunque dice que mantiene en reserva vacunas para el 60% de la población. Es cierto que la mayoría pasa la gripe sin problemas, pero también es cierto que esta gripe parece más virulenta en adolescentes y adultos jóvenes, y no siempre con patologias previas. Según he leído, del total de muertes en estos tramos de edad, un 40% no presentaban patologías previas, y creo recordar que este dato lo aportaba la OMS. Puede, y espero, que este otoño-invierno no presente grandes novedades en cuanto a la gripe A, pero me temo que pueda haber un colapso de los centros sanitarios. Yo no tengo las cosas suficientemente claras, y eso que he ido leyendo toda la información pertinente que sobre el tema ha ido editando el ministerio.

Parece ser que se prepara una nueva ley del aborto, y que las jóvenes de 16 años podrán abortar sin el consentimiento de sus padres, para de esta forma no coartar una decisión íntima que debe ser tomada con la máxima libertad. Sin embargo, creo que tienen prohibida la entrada a un local público en el que esté permitido fumar. Por cierto, se prepara una nueva ley para prohibir fumar en todos los locales públicos cerrados. Recuerden que antes muchos resturantes habían efectuado obras para acondicionar sus locales a la ley anterior, a fin de tener separados a fumadores y no fumadores. ¿Quién se encarga ahora de amortizarles ese reciente desembolso?

El plan E, pergeñado para “reactivar” la actividad económica, tiene a todos los pueblos y ciudades patas arriba. Concretamente, donde yo vivo, se ha efectuado una completa remodelación del tráfico y les aseguro que circular por allí resulta mucho más peligroso y arduo que antes. Este plan, en el mejor de los casos, puede servir para construir un nuevo pabellón deportivo o una pista de skates; en otros para hacer una zanja y voverla a tapar y, en el peor, para fastidiar al ciudadano un poco más de lo que ya estaba. Ahora, reactivar, lo que se dice reactivar, no me lo creo.

Hace unos días, en Rodiezmo, cantaron la internacional, con el puño en alto, varios dirigentes socialistas; entre otros, Leire Pajín y Bibiana Aído. Rajoy lo ha comparado con el saludo fascista. Yo no estoy de acuerdo con Rajoy, y creo que los descamisados de la tierra se sienten muy representados por ambas mozas. Que ganan entre 10 y 20.000 euros mensuales, sí, ¿y qué….?. ¿O es que os creéis que los socialistas quieren repartir pobreza?. No señor. Quieren repartir riqueza, y quieren empezar por ellos mismos, para dar ejemplo.

Un tal Risto Mejide, antiguo miembro del jurado de Operación Triunfo, se ha convertido en todo un fenómeno mediático, y reparte leña a diestro y siniestro en un nuevo programa a su medida: G20. Es el prototipo del nuevo intelectual de la era Zapatero. Si uno se mete con la gente de forma desvergonzada es un intelectual, y si lo hace con todo el mundo y con el mayor descaro entonces ya es el no va más. En una ocasión, ante una imagen de Benedicto XVI, dijo que le parecía un personaje siniestro, y que a él le inspiraba miedo, y que comprendía que a los niños les aterrorizase. Bueno, pues creo que hasta lo aplaudieron.

En Areyns de Munt, un municipio de Barcelona, han realizado un simulacro de referéndum preguntando a su habitantes por si desean la independencia de Cataluña. Desconozco los términos exactos en que estaba formulada la pregunta, y no me voy a molestar en saberlo. ¡Qué hastío de gente! Con razón decía Unamuno:¡Qué país, qué paisaje y qué paisanaje!

Bueno, pues ya está, hoy no comento más.

abril 13, 2009

Avanzar hacia un gobierno mundial

Archivado en: ética,divulgación,educación,enseñanza,nación,pedagogía,pensamiento,poder,política — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:19 am

La crisis financiera mundial hizo abogar a muchos por un cambio de paradigma económico. El capitalismo ha fracasado, sentenciaron algunos. Otros, en cambio, dijeron que no, que lo que había fallado no era el mercado, sino la regulación de ese mercado. Otros dijeron otras cosas, pero en lo que todo el mundo parecía estar de acuerdo es en que algo había fallado. Unos defendían la inyección de dinero a los bancos por parte de los gobiernos; otros lo contrario, pretendían que los bancos se hundieran víctimas de su codicia. Visto desde fuera parecía que ni los economistas más prestigiosos se ponían de acuerdo. Unos defendían la inyección de dinero público, a través de los bancos; otros defendían el intervencionismo, pero soslayando a los grandes predadores; otros, en fin, predicaban contra cualquier intervencionismo. ¡Qué confusión!. Al final, la reunión del famoso G20 parece haberse saldado con más inyección de dinero público, y con una fiscalización de los paraísos fiscales. No parece que vaya a haber un cambio de paradigma, como algunos apuntaban.

Bertrand Russell, en un libro titulado “¿Tiene el hombre futuro?”, ya abogaba por un gobierno mundial. Sus razones eran diferentes, era el tiempo de la guerra fría, y lo que le preocupaba era la amenaza latente de una guerra nuclear. En el libro desarrollaba, con cierta minuciosidad, los posibles inconvenientes que planteaba esta idea, y la forma de solventarlos, así como sus grandes ventajas. Hoy parece más alejada la posibilidad de un enfrentamiento nuclear, pero la superpoblación, la globalización, la inmediatez de las comunicaciones, y las enormes bolsas de pobreza, le devuelven, desde mi punto de vista, la actualidad a esa vieja idea.

El mundo, aunque a veces resulte difícil creerlo, progresa. Es cierto que el progreso científico y tecnológico no se ha acompañado, en la misma medida, del debido progreso moral. Hoy parece demostrado que nuestro planeta puede producir alimentos para todos, que puede haber algo para todos, pero que no puede haber de todo para todos. Tampoco parece razonable, ni fundamentado, que un porcentaje muy escaso de personas disfruten de un enorme porcentaje de las riquezas. Antes también ocurrían estas cosas, pero la gran aldea global ha permitido que todo el mundo esté enterado de esto de forma casi inmediata, y que los más desfavorecidos arriesguen sus vidas en busca de unos privilegios que sus países de origen no pueden ofrecerles.

Por las razones anteriores, y por muchas otras, creo que nada cambiará realmente mientras el hombre no avance hacia un gobierno mundial.

Nada cambiará, mientras que las reservas planetarias, como el Amazonas, el mayor pulmón del mundo, sean cuestión de los explotadores de turno, amparados por los gobiernos de la zona, en vez de estar protegidas por un gobierno mundial, que proteja los intereses de todos.

Nada cambiará, mientras que unos pocos piensen que un río es de su propiedad, por la simple razón de que pasa por su terruño, y los demás a fastidiarse.

Nada cambiará, mientras que un señor nacido en Nueva York se considere superior, porque así se lo han dicho, o porque sabe que ha nacido en una zona más próspera, que otro señor nacido en Sierra Leona.

Nada cambiará, mientras los educadores del mundo, por designios de sus políticos, cortos de mira y de altura moral, enseñen a los niños que aquellos son sus enemigos, que su tierra y su sangre son mejores, que están siendo explotados sin serlo, y que deben liberarse de un yugo imaginario para conseguir ser los más ricos de la tierra. Mientras los políticos de una zona manejen la educación, inculcarán lo que más les interese a ellos para autoperpetuarse, y nunca lo que más interese a los niños.

Un gobierno mundial acabaría con esta plaga, con la lacra de los políticos de corto alcance, que asolan el mundo con su ignorancia y con su egoísmo, que inventan problemas artificiales para autoperpetuarse, en vez de resolver los verdaderos problemas, que inculcan el odio, y que son deleznables desde todo punto de vista.

Un gobierno mundial crearía un mundo mucho más justo, mucho más seguro y mucho más en paz. El medio ambiente estaría mucho más asegurado, y la palabra “solidaridad” estaría llena de contenido, porque estaría asegurada por un gobierno de todos y para todos, y no dependería del sentimiento altruista de una persona concreta en un momento concreto.

¿Es esto una utopía? Sin duda, por el momento lo es, porque el hombre no ha alcanzado el grado de desarrollo moral deseable, pero más adelante la utopía devendrá en necesidad, y necesitaremos políticos de verdad, dispuestos a cambiar el mundo, y con las ideas claras sobre como hacerlo.

¿Qué sistema político, o político económico debería encarnar ese gobierno mundial? Es difícil aventurarlo, pero es posible descartar algunas opciones. Obviamente, el capitalismo salvaje actual estaría descartado, y convendría limitar los ingresos máximos por persona. El Estado Mundial sería propietario de la mayor parte de la tierra, y no dejaría a los individuos al albur de la suerte, ayudándoles a crear su propio destino. Por supuesto, las prestaciones sociales estarían aseguradas, y si hiciera falta que todos trabajasen menos horas, para asegurar que hubiera trabajo para todos, pues habría que hacerlo, aunque fuera a costa de reducir los ingresos de los más afortunados. Habría elecciones periódicas, para que nadie se autoperpetuara en el poder, ni se creara un amplio círculo de intereses a su alrededor. Por supuesto, la libertad real, material, de las personas, sería mucho mayor que la actual, que en la práctica no es sino una libertad formal.

Los principios constitucionales establecidos por los padres fundadores de este Estado Mundial, que gozarían de un amplio consenso, no podrían ser cambiados por las veleidades de un gobernante díscolo, pues estaría contemplado como el mayor delito contra el Estado Mundial constituido.

El problema de nuestra sociedad no es un problema de escasez, ni un problema científico, ni tecnológico; es un problema moral. Mientras no se vea así, el G20, o el 40, o el 50, serán sólo meros parcheos, que no haran más que aplazar la solución del problema.

febrero 10, 2009

La sabiduría

En el artículo anterior, que titulé Educación para la sabiduría, en contraposición a Educación para la ciudadanía, defendí mi postura de que era preferible una asignatura para enseñar a pensar que impartir contenidos concretos sobre temas discutibles, aunque advertí que el librepensador puede ser peligroso para los gobiernos de turno, sean del signo que sean. Siempre preferirán formar prosélitos que ciudadanos que puedan cuestionar su gestión.

No entré de lleno en lo que yo entiendo por sabiduría, aunque sí aludía en un artículo anterior a la definición del DRAE, que entiende por tal el más alto grado de conocimiento, o la conducta prudente en la vida o en los negocios. La primera acepción es como no decir nada, y en cuanto a la segunda, un individuo precavido, sensato, ya merecería la consideración de sabio.

Antes de entrar a considerar lo que podemos entender por sabiduría, me gustaría dejar claro que no es posible enseñar a pensar sobre determinadas materias hasta una determinada edad, y menos sobre la sabiduría, algo muy relacionado con la experiencia y bastante alejado del batiburrrillo hormonal propio de la juventud. No obstante, se puede conseguir mucho, pero han de colaborar todos los agentes sociales, y no únicamente la escuela.

Las principales cuestiones, a modo de resumen, que desde el principio de los tiempos han preocupado al ser humano, con todas las variantes que queramos añadirles, son éstas: ¿quién soy?, ¿qué sé, y qué debo saber?, y ¿qué debo hacer, o cómo debo actuar?. De la primera se ha ocupado, y se ocupa, la psicología y sus diferentes escuelas, y del sentido de la existencia, si es que tiene algún sentido, se han ocupado las diferentes religiones. De la segunda pregunta se ha ocupado, y es la que lo hace con mayor eficacia, la ciencia, que propone preguntas concretas y ofrece respuestas concretas. No obstante, hay muchas áreas del saber que no son científicas, propiamente dichas, como el hecho de atarse unos cordones, que atañen al saber práctico, y que son imprescindibles para nuestra cotidianeidad. Esto ya lo tratamos con algo más de amplitud en otro artículo titulado la importancia de la cultura, y no es el momento de abundar más en él.

La tercera de las preguntas: ¿qué debo hacer, cómo actuar, cómo comportarme?, es, desde mi punto de vista, la cuestión que más se acerca a la sabiduría, a ese tipo de saber práctico que no consiste en saber cómo freír un huevo, sino en la forma más adecuada de llevar una vida “correcta”, para nosotros mismos y para los demás. Por esto no me convence la definición del diccionario, porque los sabios saben lo que hacer, pero además lo hacen, aún a costa de tener que tomarse la cicuta, como fue el caso de Sócrates, o a sufrir y padecer el escarnio y la cruz, como Jesucristo, o a vivir como un indigente, como Diógenes, y podríamos proseguir los ejemplos sin fin, sin olvidar a Buda, a Lao Tsé, o a Confucio, por si tengo algún lector de la zona de levante. Por tanto, la sabiduría puede suponer asumir riesgos, por comportarse de forma contraria a la moda imperante, o a los cánones aceptados, y esa conducta nunca podría ser calificada como prudente.

Si admitimos que la sabiduría es lo que han sabido y han hecho los sabios, podemos intentar ver si existe un común denominador entre ellos, y si existe alguna inconsistencia insoslayable. Yo, en una primera aproximación, considero que el sabio es un híbrido de inteligencia, bondad, compromiso, serenidad, mesura y desapego por las comodidades materiales. ¿Quién da más?

¿Es posible, o conveniente, una asignatura que intente inculcar en los jóvenes dichas cualidades?

Primero deberíamos plantearnos si es conveniente, lo cual equivale a plantearnos si es conveniente un nivel bastante generalizado de sabiduría para nuestra sociedad. Mi respuesta es un no tajante. Nuestra sociedad, con los valores imperantes actualmente, y con una economía que funciona en base a los mismos, es incompatible con una sociedad de sabios. Por tanto, y si estáis de acuerdo, tendréis que admitir que avanzar por la senda de la sabiduría nos llevaría a una sociedad completamente diferente a la actual en todo. Incluso a una sociedad diferente de cualquier otra habida anteriormente, en cualquier otro tiempo.

Si, a pesar de todo, admitiéramos la conveniencia de una sociedad más sabia, completamente diferente a las sociedades de las que hayamos tenido noticia, entonces, y sólo entonces, nos debemos plantear si eso es posible, el hecho de intentar generalizar la sabiduría, entendida ésta como la posibilidad de procurar en los individuos ese denominador común al que nos referíamos en un párrafo anterior.

Yo creo que esta segunda pregunta tiene mucha más fácil respuesta, porque todos sabemos la inmensa capacidad del hombre para la propaganda, para la manipulación, para el adoctrinamiento. Si el hombre ha sido capaz, repetidas veces, de convertir la mentira en verdad, a su conveniencia, entonces, ¿por qué hemos de dudar de su capacidad para infundir valores mucho más nobles, desprovistos de cualquier adoctrinamiento de cualquier otro tipo, si es esto lo que se propusiera? Sería cuestión de empeñarse en conseguirlo, y de emplear para ello todos los medios a su alcance: la escuela, la familia, la televisión, la radio, y todos aquellos que utilizan cuando desean hacer creíble una historia, por increíble que parezca.

La cuestión del millón, y que sería objeto de varios artículos dedicados sólo a este tema, sería preguntarnos por el tipo de sociedad, y por el tipo de economía, que producirían unos ciudadanos formados en esos valores. La respuesta fácil sería que eso conduciría a un retorno a la caverna, y que tanta sabiduría conllevaría un empobrecimiento material a todos los niveles. Yo no estoy de acuerdo con el retorno a la era de las cavernas, ni creo que el hombre sabio estuviera dispuesto a asumir tal coste. Sí creo que ganaría preponderancia la vida espiritual, en detrimento de la exclusivamente material, que la economía tendría forzosamente que cambiar, que el mundo sería mucho más seguro, y que el medio ambiente estaría más protegido. Por supuesto, se avanzaría sin pausa hacia un gobierno mundial, en el que todos seríamos ciudadanos del mundo, y muchos preferirían trasladarse a Sudán que quedarse en Nueva York.

Lógicamente, esto no sería de hoy para mañana. Habría que esperar a que todos los gobiernos se pusiesen de acuerdo en procurar ese “homo sabius” cultural del que hablábamos en un artículo anterior. La experiencia nos demuestra que el “homo sabius” genético queda aún muy lejos, a juzgar por la escasez de sabios que en el mundo hay. Es preciso emprender la tarea de formarlos.

Quiero señalar, por último, que el sabio no es un masoquista, que abomine de cualquier comodidad material. Los grandes sabios, por desgracia, se han visto obligados a vivir entre una gran mayoría de imbéciles, que les han hecho la vida insufrible, pero si la sabiduría se generalizara no sería difícil imaginar a Sócrates tomándose unos langostinos en Sanlúcar, al tiempo que departiría con algun otro sabio del lugar. Sí, sin embargo, resultaría más difícil imaginárselo tomando langostinos un día sí, y el otro también, o comprando un piso para endosárselo al prójimo unos días más tarde, y embolsarse unos cuantos milloncejos, la única sabiduría conocida y practicada en nuestro país hasta hace unos días, cuando explotó la llamada burbuja inmobiliaria. Ni que decir tiene que picaresca y sabiduría son incompatibles, aunque una gran mayoría prefiera seguir siendo pícaro.

mayo 27, 2008

El problema territorial

Archivado en: divulgación,nación,nacionalismo,pensamiento,política — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:43 am

No hace mucho, el Rey, tras ser interpelado por una periodista respecto a Zapatero, afirmó que era un hombre honesto e íntegro, y que sabía muy bien hacia dónde iba, y lo que quería. ¿Hemos de interpretar esas palabras como tranquilizadoras?. Pudiera parecer que sí, pues si el Rey dice que es honesto e íntegro, y que al mismo tiempo sabe muy bien hacia dónde se dirige, y si el Rey conoce su proyecto, el mismo debería ser un proyecto cabal. Pero claro, por otra parte, no estamos - o no deberíamos estar – en un país de súbditos, y lo que el Rey diga o deje de decir no debería tener excesiva importancia.

Lo verdaderamente alarmante es, desde mi punto de vista, que cualquier ciudadano de a pie no sepa con claridad hacia dónde vamos, y pueda enjuiciar por su cuenta si vamos o no hacia buen puerto, sin necesidad de que ningún Rey paternalista se lo cuente. La opinión del Rey es una opinión más, y una democracia transparente debería proporcionar a cualquier ciudadano los mismos elementos informativos para formar su opinión que tiene el Rey. Existe la sensación generalizada de estar asistiendo a un cambio de Régimen del que los ciudadanos no formamos parte, y donde tan sólo una minoría – Rey incluido – conoce las claves de hacia dónde nos dirigimos. Esta situación, anómala donde las haya, me animó a escribir hace aproximadamente un año un artículo titulado “Prohibido cumplir más de lo que prometió”.

En efecto, los gobernantes deberían limitarse a cumplir aquello que prometieron, pero deberían tener absolutamente prohibido cumplir algo que no hubieran prometido, porque si no es así les abrimos las puertas para acometer todo tipo de reformas que podrían subvertir el régimen constitucional que nos hemos dado entre todos.  Sí, ya sé que ahí está el Alto Tribunal Constitucional para corregir los excesos del Ejecutivo, pero no nos engañemos…..Todos sabemos que no hay más que conocer a los miembros del Tribunal para saber de antemano el sentido de su voto, hasta el punto de que muchas veces nos hacen dudar de la utilidad de que exista un Tribunal tan Alto. Por esto, no estaría de más que el Ejecutivo se limitara a implantar aquello que prometió, aunque entretanto no estuviera de más reformar al Alto Tribunal para que en verdad respondiera a las altas expectativas que en él todos deberíamos depositar.

Las últimas elecciones generales nos permiten intuir que los magníficos resultados electorales del PSOE en Cataluña se deben, en buena parte, a haber logrado captar gran parte del voto nacionalista. La caída de ERC parece haber beneficiado al PSOE, que ha pescado votos en dicho caladero. Los resultados del PP, importantes pero insuficientes, parecen haberles aconsejado presentar una “cara más amable” que les permita igualmente captar parte de este voto. Esta nueva política se ha cobrado ya -y se sigue cobrando- sus víctimas, pero intenta conseguir a medio plazo esos dos o tres millones de votos precisos para gobernar. Parece como si el PP hubiera hecho suya parte de la politica del PSOE, a fin de hacerse más simpáticos en las regiones con aspiraciones nacionalistas, y así poder pescar en dichos caladeros. Piensan, y quizás tengan razón, que la tormenta desatada es pasajera y que cuando todo vuelva a su cauce, tras el congreso de junio, saldrán reforzados con una imagen más moderna y simpática.

Tras el encuentro de Zapatero con Ibarretxe, y el rechazo a su órdago de referéndum de autodeterminación para octubre de este año, es el socialista vasco Patxi López quien parece acaparar todo el protagonismo político en dicha región, asumiendo muchas de las tesis nacionalistas, quizá en un intento de repetir la jugada que tanto éxito les brindó en Cataluña.

La impresión que causan nuestros políticos es que han renunciado a los principios o, mejor, que han hecho suyo aquello que dijo Groucho: “Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”. Entretanto, los ciudadanos que se preguntan por lo que pasa – cada día menos -, asisten perplejos a un espectáculo que cada día que pasa resulta más esperpéntico. Antes los ciudadanos no sabían lo que quería el PSOE, pero al menos creían saber lo que quería el PP, y ahora ya no saben nada. Además, si lo aclararan, ¿quién se fia ya?.

Hay que reconocer que  los partidos radicales, como ANV, o ERC, siempre han expuesto de forma mucho más clara sus posturas, en cuanto a la cuestión territorial se refiere, que los partidos de ámbito nacional.

El problema territorial, tan decisivo, tan fundamental para todos -nacionalistas incluidos - sigue ahí, larvado, enquistado, silenciado, sin que nadie lo aborde con la valentía y la firmeza que requiere. Mientras tanto, ambos, PP y PSOE, antes sólo uno, alimentan las ínfulas nacionalistas mirando exclusivamente el corto plazo, más preocupados por sus respectivos resultados electorales que por el futuro ominoso que nos están creando, y que puede que cuando lo quieran atajar se les haya escapado absolutamente de las manos.

octubre 1, 2007

La Casa Real y la unidad de España

Archivado en: divulgación,monarquía,nación,pensamiento,política — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 1:22 pm

Hace aproximadamente una semana el diario El Mundo se hizo eco de la preocupación de la Casa Real en torno a la quema de fotos de los Reyes en Gerona, lo cual, según afirmaba el mismo diario, no se interpretaba como un ataque a la persona de Don Juan Carlos, sino más bien como un ataque a la unidad de España y a la Constitución. Este mismo lunes, en Oviedo, Don Juan Carlos ha destacado que la Monarquía parlamentaria que sustenta nuestra Constitución ha determinado el más largo período de estabilidad y properidad en democracia vividos en España.

 Ante estas manifestaciones de la Casa Real, y del Rey mismo, sólo se me ocurre decir: ” A buenas horas, mangas verdes”. Debo explicar que por “mangas verdes” se conocía en Cádiz a unos policías que, cuando se les requería, siempre aparecían a destiempo. Puede ser que sea la Monarquía la Institución que haya determinado la etapa de mayor estabilidad y prosperidad vividas en democracia en nuestro país, pero si eso fuera cierto no estaría de más que dicho reconocimiento viniera de la mano de otras personas más desinteresadas en dicho juicio.

No hacía falta, digo yo, que se quemaran fotos de los Reyes como para verlas venir. Ya se veía mucho antes, y había sido advertido por numerosos medios de comunicación, y a los representantes del PP en Cataluña se les perdona la vida de continuo, y en las Vascongadas aún peor. Sin embargo, los Reyes de todos los españoles sólo han visto el peligro que eso supone cuando han visto quemadas su fotos.  Desde mi punto de vista reaccionan tarde y mal, porque al menos podrían haber disimulado un poco, dejar que el tiempo hiciera que todos nos olvidáramos del agravio sufrido por sus personas, y por la Institución que encarnan, y entonces, sólo entonces, expresar su preocupación por la unidad de España y por el tormento no figurado, sino real, que sufren muchos españoles por el totalitarismo nacionalista.

Aparte, aunque dos Repúblicas hayan fracasado estrepitosamente en España, por mucho que se empeñen la unidad de España y la Corona no deben seguir caminos convergentes necesariamente. Particularmente, la unida de España me importa mucho, mientras que la Corona sólo me importa en cuanto que instrumento secundario para garantizar la estabilidad, pero sin establecer necesariedad alguna entre la continuidad de España como nación y la continuidad de la Corona. Me parece un instrumento muy útil, aunque en forma alguno necesario. Si me pareciera necesario los que me parecerían prescindibles serían el conjunto de los españoles. Nuestro futuro como nación no debe depender de una Institución.

Personalmente, me parece mucho más racional la República que la Corona, y no albergo una especial simpatía por la Institución ni por quienes la representan, cuyo servicio a España no me ha parecido el más acertado, al menos en lo que a su función moderadora se refiere. No obstante, hace mucho tiempo que dejé de pensar que lo óptimo desde el punto de vista racional es lo óptimo desde un punto de vista real. De igual forma que pienso que un sistema democrático, con separación de poderes, y con un Estado de Derecho ejemplar, no funcionaría en Burundi, albergo serias dudas sobre un nuevo experimento republicano en España. Por supuesto, también albergo serias dudas sobre la continuidad de la España que consagra la Constitución con la institución de la Corona que tenemos, y con el Gobierno actual.

Respecto a la unidad de España, los únicos partidos que se han expresado con claridad en favor de la independencia son ERC, HB, o en su defecto ANV, y el BNG. El PNV a medias, ahora abiertamente, y CIU siempre de forma ambigua. La claridad es de agradecer, porque no esconden sus cartas, y saben que la separación entraña riesgos evidentes que están dispuestos a asumir, o al menos eso parece.

No entiendo, sin embargo, cómo la Constitución da cabida a partidos abiertamente separatistas, que no respetan las reglas del juego, y que lanzan desafíos anticonstitucionales, como el referéndum propuesto por Ibarreche. Los partidos separatistas sólo podrían tener cabida en nuestro sistema si admitieran que la única manera de obtener respuesta a sus aspiraciones secesionistas fuera mediante una reforma constitucional, en la forma que la propia Constitución prevee.

Yo considero el suelo catalán tan mío como de Maragall, de la misma forma que el suelo de Cádiz, y entiendo que los residentes en Cataluña sólo tienen el usufructo de su suelo, por lo que considero que la decisión de separarse no es competencia exclusiva de los usufructuarios, sino de todos los propietarios; en nuestro caso, de todos los españoles.

Sin embargo, si llegado el caso, se planteara un referéndum y nada, ni nadie, lo impidiera, exijo el mismo derecho del resto de España a elegir el momento y las condiciones más oportunas para desprendernos de lo que se ha constituido en una verdadera rémora. Esto sería, tan sólo, la aplicación de un principio de reciprocidad en desventaja, porque si una parte más pequeña siente el derecho de ser autónoma, más razones aún le corresponderán a la parte más grande para desprenderse de la más pequeña. Esta última cuestión siempre ha sido eludida por los catalanes de las listas en las que he intervenido, e ignoro, francamente, el porqué.

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