El problema territorial
No hace mucho, el Rey, tras ser interpelado por una periodista respecto a Zapatero, afirmó que era un hombre honesto e íntegro, y que sabía muy bien hacia dónde iba, y lo que quería. ¿Hemos de interpretar esas palabras como tranquilizadoras?. Pudiera parecer que sí, pues si el Rey dice que es honesto e íntegro, y que al mismo tiempo sabe muy bien hacia dónde se dirige, y si el Rey conoce su proyecto, el mismo debería ser un proyecto cabal. Pero claro, por otra parte, no estamos - o no deberíamos estar - en un país de súbditos, y lo que el Rey diga o deje de decir no debería tener excesiva importancia.
Lo verdaderamente alarmante es, desde mi punto de vista, que cualquier ciudadano de a pie no sepa con claridad hacia dónde vamos, y pueda enjuiciar por su cuenta si vamos o no hacia buen puerto, sin necesidad de que ningún Rey paternalista se lo cuente. La opinión del Rey es una opinión más, y una democracia transparente debería proporcionar a cualquier ciudadano los mismos elementos informativos para formar su opinión que tiene el Rey. Existe la sensación generalizada de estar asistiendo a un cambio de Régimen del que los ciudadanos no formamos parte, y donde tan sólo una minoría - Rey incluido - conoce las claves de hacia dónde nos dirigimos. Esta situación, anómala donde las haya, me animó a escribir hace aproximadamente un año un artículo titulado “Prohibido cumplir más de lo que prometió”.
En efecto, los gobernantes deberían limitarse a cumplir aquello que prometieron, pero deberían tener absolutamente prohibido cumplir algo que no hubieran prometido, porque si no es así les abrimos las puertas para acometer todo tipo de reformas que podrían subvertir el régimen constitucional que nos hemos dado entre todos. Sí, ya sé que ahí está el Alto Tribunal Constitucional para corregir los excesos del Ejecutivo, pero no nos engañemos…..Todos sabemos que no hay más que conocer a los miembros del Tribunal para saber de antemano el sentido de su voto, hasta el punto de que muchas veces nos hacen dudar de la utilidad de que exista un Tribunal tan Alto. Por esto, no estaría de más que el Ejecutivo se limitara a implantar aquello que prometió, aunque entretanto no estuviera de más reformar al Alto Tribunal para que en verdad respondiera a las altas expectativas que en él todos deberíamos depositar.
Las últimas elecciones generales nos permiten intuir que los magníficos resultados electorales del PSOE en Cataluña se deben, en buena parte, a haber logrado captar gran parte del voto nacionalista. La caída de ERC parece haber beneficiado al PSOE, que ha pescado votos en dicho caladero. Los resultados del PP, importantes pero insuficientes, parecen haberles aconsejado presentar una “cara más amable” que les permita igualmente captar parte de este voto. Esta nueva política se ha cobrado ya -y se sigue cobrando- sus víctimas, pero intenta conseguir a medio plazo esos dos o tres millones de votos precisos para gobernar. Parece como si el PP hubiera hecho suya parte de la politica del PSOE, a fin de hacerse más simpáticos en las regiones con aspiraciones nacionalistas, y así poder pescar en dichos caladeros. Piensan, y quizás tengan razón, que la tormenta desatada es pasajera y que cuando todo vuelva a su cauce, tras el congreso de junio, saldrán reforzados con una imagen más moderna y simpática.
Tras el encuentro de Zapatero con Ibarretxe, y el rechazo a su órdago de referéndum de autodeterminación para octubre de este año, es el socialista vasco Patxi López quien parece acaparar todo el protagonismo político en dicha región, asumiendo muchas de las tesis nacionalistas, quizá en un intento de repetir la jugada que tanto éxito les brindó en Cataluña.
La impresión que causan nuestros políticos es que han renuciado a los principios o, mejor, que han hecho suyo aquello que dijo Groucho: “Éstos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”. Entretanto, los ciudadanos que se preguntan por lo que pasa - cada día menos -, asisten perplejos a un espectáculo que cada día que pasa resulta más esperpéntico. Antes los ciudadanos no sabían lo que quería el PSOE, pero al menos creían saber lo que quería el PP, y ahora ya no saben nada. Además, si lo aclararan, ¿quién se fia ya?.
Hay que reconocer que los partidos radicales, como ANV, o ERC, siempre han expuesto de forma mucho más clara sus posturas, en cuanto a la cuestión territorial se refiere, que los partidos de ámbito nacional.
El problema territorial, tan decisivo, tan fundamental para todos -nacionalistas incluidos - sigue ahí, larvado, enquistado, silenciado, sin que nadie lo aborde con la valentía y la firmeza que requiere. Mientras tanto, ambos, PP y PSOE, antes sólo uno, alimentan las ínfulas nacionalistas mirando exclusivamente el corto plazo, más preocupados por sus respectivos resultados electorales que por el futuro ominoso que nos están creando, y que puede que cuando lo quieran atajar se les haya escapado absolutamente de las manos.