Detodounpoco

enero 26, 2009

¿Política de principios o política de oportunidades?

Archivado en: divulgación,emoción,patriotismo,pedagogía,pensamiento,política,sentimiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:05 am

Muchos de nosotros conocemos aquella famosa frase de Marx – Groucho, por supuesto -, en la que anunciaba: “Señores, estos son mis principios, pero si no les gustan tengo otros”.

Ahora Rajoy anuncia un nuevo patriotismo, al parecer para recuperar la senda de la prosperidad. Parece que ha comprendido la frase de Groucho, que se ha dado cuenta de que sus nuevos principios, tras perder las elecciones, no agradaban, y se dispone a cambiarlos.

He leído algunas cosas de este nuevo patriotismo, y confieso que no sé en qué consiste eso, aparte de en una serie de obviedades. Parece que se da cuenta de que la gente lo está pasando mal con la crisis, y que la forma de salir de ella es “dar la batalla de las ideas”, y “asegurar la cohesión de su partido”, y “pegarse a la piel del país, y escuchar sin miedo el latido de su cuerpo social”. O sea, que parece que “el nuevo patriotismo” que propugna Rajoy es para salir de la crisis y alcanzar la prosperidad, y por eso hasta ahora no se le había ocurrido su gran idea. Mientras no había crisis, ni el paro era alarmante, ni había signos de alarma social, no hacía falta ningún patriotismo, ni nuevo ni antiguo. Por eso permitió que su partido aprobara en Valencia, o en Andalucía, Estatutos tan patrióticos, y por eso apoyó tanto la ponencia de María San Gil, porque como “no había crisis” no se necesitaba ningún patriotismo.

Hombre, señor Rajoy, ¿ahora nos viene usted con patriotismos?, ¿no le parece que se le ha pasado un poco el arroz?, ¿no piensa que se ha pasado usted de gallego con todos los españoles, incluidos sus votantes, y que debe dejar paso a personas con más crédito?. Samuel Johnson dijo que “el patriotismo es el último refugio de los canallas”. Yo no creo que usted sea un canalla, pero sí creo que es un absoluto pusilánime, y cuando la pusilanimidad alcanza cierto nivel es fácil confundirla con la canallería. Y eso creo que le ha pasado a usted, y se lo digo con todo el respeto: que a fuer de ser pusilánime ha parecido usted ser un canalla, sin serlo; otros, sin embargo, siendo absolutos canallas, por no ser pusilánimes han pasado por héroes. Fíjese usted qué destino tan triste el suyo: pasar por canalla sin serlo, y observar que otros, que usted cree -y otros también creemos -, que valen mucho menos que usted se lo llevan de calle.

¡Qué le vamos a hacer!. Usted habría sido muy feliz, quizás – no llego a tanto -, en su oficina del registro en Santa Pola, pero se ve que eso de tocar el poder engancha, y a pesar de las evidencias de que usted carece del temple, de la dosis de mala leche, de la astucia, y del cinismo que la política precisan, usted no va a renunciar.

Como expliqué en otro artículo sobre el patriotismo, éste es un concepto mucho menos noble, o menos virtuoso, de lo que a simple vista podría sugerir, o podría pensarse.. El patriotismo, en cuanto sentimiento, es una memez, por cuanto implica un sentimiento de orgullo por pertenecer a un colectivo en el que no tenemos arte ni parte. ¿O es que acaso un ciudadano de Burundi es menos por no haber tenido la suerte de nacer en Estados Unidos?. Tendrá menos oportunidades, sin duda, pero el sentimiento de orgullo por un azar del destino es algo absurdo. Yo envidio a los estadounidenses, pero no por su sentimiento patriótico – que lo tienen -, sino porque no se plantean que puedan ser otra cosa. El patriotismo es un sentimiento estúpido, pero qué duda cabe que es un sentimiento útil. Si he de elegir entre que nuestra nación no se desmorone, o que esté poseída de un sentimiento patriótico, prefiero lo primero. No debemos olvidar, sin embargo, cómo se ha utilizado a lo largo de la historia el sentimiento patriótico para enviar a la muerte a miles de combatientes que no sabían por qué luchaban. Cuando se habla de sentimientos es muy importante distinguir, y no meter en el mismo saco sentimientos naturales, como el amor por ejemplo, con sentimientos prefabricados, como el patriotismo. ¡Qué decirle, señor Rajoy, si pienso eso del patriotismo, lo que puedo pensar de su “nuevo patriotismo”!

Ortega Hablaba de que lo más que podíamos conseguir de España era hacerla un “proyecto sugestivo de vida en común”. No apelaba a sentimientos, sino al intelecto. Es cierto que los sentimientos se pueden domeñar, y está más que demostrado, pero eso es mucho más fácil de conseguir en las democracias populistas que en las democracias verdaderas, porque aquellas utilizan todos los medios del poder para sus fines, mientras que éstas – las verdaderas – están basadas en el contrapeso de poderes. Quizás lo más que podamos conseguir de España, y lo veo difícil, sea un proyecto tolerable y conveniente de vida en común, y eso no se consigue apelando a nuevos patriotismos, ni a antiguos, sino apelando a razones plausibles que aconsejen que ese proyecto esté vigente. Por supuesto, para que la gente “vea” esas razones habría que cambiar muchas cosas, y habría que explicarlo claro, en base a razones fundamentadas, y no en base a “nuevos patriotismos” de hojalata tan oportunistas.

Usted es tan poco astuto, señor Rajoy, que como decimos por aquí se le ve el plumero. ¡Vaya que si se le ve!

diciembre 13, 2007

Patriotismo, patrioterismo y educación

Archivado en: divulgación,educación,enseñanza,patriotismo,pedagogía,pensamiento,política — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 12:14 pm

Un país como el nuestro, en el que muchas personas de determinadas regiones manifiestan no sentirse españolas, es difícil que sea patriótico. He escuchado muchas veces admirar el patriotismo de los estadounidenses, y compararlo con el nuestro.

Pero, ¿en qué consiste el patriotismo?. Parece que se trata de un sentimiento de orgullo por pertenecer a una determinada nación, o a un determinado pueblo. No es, por tanto, un sentimiento basado en méritos propios, sino basado en la coyuntura, casual, de haber nacido en un determinado lugar. No parece, por tanto, un sentimiento muy cabal, pues a nadie se le ocurriría sentirse orgulloso de haber sido premiado en la primitiva, aunque sí enormemente satisfecho. Por tanto, yo puedo entender que uno sienta cierta satisfacción, y agradecimiento al destino, por poder vivir en la nación más próspera del mundo, de la misma forma que por gozar de unas enormes ventajas por razón de nacimiento, pero de ahí a sentir orgullo por una circunstancia puramente casual, media un abismo. Uno puede también, si queremos, admirar la nación en la que ha nacido, por considerar que han sabido aprovechar las circunstancias mejor que otros, y que su prosperidad es debida a haber seguido el camino adecuado. Es muy discutible, pero podemos comprenderlo.

No obstante, a pesar de lo anteriormente expuesto, el patriotismo se vende muchas veces como una virtud, cuando, como hemos visto, no puede haber nada virtuoso en la pura casualidad. La educación, sin embargo, debidamente dirigida puede conseguir cualquier objetivo imaginable.

Parece más adecuado referirnos al patriotismo como un sentimiento de admiración – más que de orgullo – a la nación, o al pueblo que a cada uno le ha reservado el destino. La forma de conseguir esa admiración, mediante la educación, es ensalzar mediante una enseñanza diseñada “ad hoc” los méritos propios, soslayando a un tiempo los logros de otros pueblos. Dadme la asignatura de historia, y en una generación convertiré a Cádiz en la nación más orgullosa de la tierra.

Yo tampoco entiendo la admiración por los pueblos como tales, y pienso que la multicausalidad que hace que unas naciones sean prósperas y otras pobres es algo que trasciende a los individuos. Los individuos, como tales, sí pueden ser dignos de admiración en determinadas facetas particulares, y hay multitud de ejemplos de individuos ejemplares procedentes de lugares pobres.

La exaltación del patriotismo, como sentimiento de admiración por la propia nación, tiene efectos sin duda positivos, como son activar las respuestas de los individuos ante una posible agresión por parte de otros pueblos, pero también efectos claramente negativos, como justificar la dominación y la explotación abusiva de unos pueblos por otros, basados en una supuesta superioridad. Por otra parte, los políticos, una vez conseguida una nación o un pueblo de patriotas pueden invertir ese sentimiento según el gusto, como quien invierte en bolsa, para este fin o para aquel otro. Un sentimiento estúpido, como creo que es el patriotismo, puede dar mucho de sí, y se puede utilizar para la guerra y para la dominación, para mitificar a un enemigo inexistente, para inventar un victimismo que asegure de forma permanente en el poder a determinadas oligarquías, y para cuantos fines perversos podamos imaginar. En este sentido, recuerdo aquella famosa frase cuyo autor no recuerdo ahora, y que decía: “El patriotismo es el último refugio de los canallas”.

Por tanto, el patriotismo, aunque estúpido como sentimiento, puede resultar enormemente útil para ser utilizado por la clase política, y es improbable que renuncien a ese enorme poder por nuestro bien. Entretanto, cada uno lo que puede hacer es analizar estas cuestiones con perspectiva para ser más inmunes a la manipulación.

A nivel colectivo, la única salida a muy, muy largo plazo, para combatir patriotismos y nacionalismos sería avanzar hacia un gobierno mundial, aunque eso es hoy por hoy una enorme utopía, pero es la única forma que concibo de que todos nos sintiéramos ciudadanos del mundo. No creo que las grandes multinacionales estén muy interesadas en esta propuesta, porque el avance de la civilización que propiciaría un gobierno mundial sería menos proclive a la explotación.

Por patrioterismo entiendo algo mucho más inocente, mucho más inmaduro e infantil, como es el aplauso incondicional a una selección de fútbol que está realizando un mal partido, o a un piloto huraño que comparte nuestra nacionalidad. Esto no se diferencia mucho de los niños que animan al equipo de fútbol de su colegio y, en cierto modo, remeda el sentimiento infantil de pertenencia a un grupo. Me parece preferible disfrutar de un buen partido, o hacer abstracción de la nacionalidad del piloto, pero he de reconocer que los efectos de esto me resultan mucho menos dañinos.

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