Detodounpoco

Julio 17, 2008

La mentira y la falsedad

Archivado en: cultura, divulgación, educación, enseñanza, información, pedagogía, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:45 am

Nunca el hombre ha dispuesto de tantos medios para estar informado. Las herramientas a su disposición eran inimaginables hace tan sólo quince años y, sin embargo, las mismas herramientas que le permiten el acceso a la información han servido para confundirlo y desorientarlo. Se ha dicho alguna vez que el exceso de información es ruido, que la información sencilla, servida de forma inmediata, sin una formación previa adecuada, que nos garantice el marco adecuado para situarla, para filtrarla y para seleccionarla, puede resultar contraproducente.

La información, hablando “grosso modo”, puede ser verdadera o falsa, y la información falsa puede ser originada con un propósito intencionado de engañar o, sencillamente, se puede transmitir la falsedad de forma involuntaria. En el primer caso hablamos de mentira, mientras que en el segundo hablamos sencillamente de falsedad.

Hablando “grosso modo” también, la información puede ser contrastable o no contrastable. Esta última no merece siquiera el nombre de información, y deberíamos reservar para ella el nombre de opinión, o cualquier otro término similar. El problema está en que en muchísimas ocasiones, de forma abierta o solapada, consciente o inconsciente, se pretende hacer pasar por información lo que es una mera opinión, y el daño y la confusión están servidos. Cualquier pretendida autoridad, individual o mediática, que hacen pasar por información la mera opinión están causando un importante daño, porque los posibles receptores de dicha pseudoinformación se convierten a su vez en agentes activos de transmisión (algo que hace unos años apenas tenía un efecto práctico), y el efecto multiplicador puede conducir a una suerte de engaño colectivo. Quizás, la primera prevención que deberíamos guardar en un mundo como el nuestro es aprender a distinguir la información de la mera opinión, y no siempre resulta fácil. En principio, una regla que nos puede proporcionar algunos resultados es la siguiente: la información trata sobre hechos, puesto que éstos suelen ser contrastables, mientras que la opinión versa sobre interpretaciones, y suele incluir juicios de valor. De este modo, la información sería descriptiva, mientras que la mera opinión sería connotativa, interpretativa o valorativa y, por tanto, subjetiva. Debemos ser cautos, no obstante. Si bien las reglas anteriores son válidas, y suelen proporcionar buen resultado, se nos puede conducir a engaño proporcionándonos una información absolutamente veraz. Esto lo conseguimos proporcionando la información oportuna, de forma sesgada, para crear de este modo un determinado estado de opinión, y sin necesidad de vertir opinión alguna sobre el asunto. Proporcionamos parte de la información - siempre veraz - y ocultamos la otra parte, creando un inevitable sesgo en la mente del receptor. Quizás sea ésta la forma más perversa de mentir, o la forma más sutil de transmitir falsedades. Es lo que se ha llamado siempre decir una verdad a medias. El mejor antídoto contra esto es el sano hábito de formular preguntas, no conformándonos con la información que nos sirven, convirtiéndonos de este modo en agentes activos en la búsqueda de la información que surge de nuestro hábito inquisitivo.

Otra forma de trasmisión de una mentira, o de una falsedad, es presentar una información falseada. De nuevo, el mejor antídoto contra esto es convertirnos en agentes activos en la búsqueda de información, contrastando las diversa fuentes, hasta obtener la verdad con un alto grado de probabilidad. El mejor correctivo que podríamos aplicarle a aquellas personas, o a aquellos medios, que de esta forma se comportasen, sería dejar de leerlos o de escucharlos, lo cual redundaría en un aumento en la trasmisión de la verdad. Este correctivo también sería de aplicación, por supuesto, en los casos descritos anteriormente.

Hemos dicho en un párrafo anterior que cualquier información no contrastable la podríamos tildar de mera opinión, y es así en términos generales, aunque no siempre. Si yo digo que ayer vi un burro volando, obviamente se trata de una información no contrastable, pues pertenece a un pasado que no volverá, pero al mismo tiempo se trata de una cuestión de hecho ( pues se está afirmando que un burro volaba) que no podemos incluir en el marco de lo que entendemos por opinión. Por tanto, hay informaciones no contrastables que no constituyen opiniones. A este tipo de informaciones deberíamos prestarle poca atención, así como a las personas o medios que abusan de éllas.

Otro criterio importante, a la hora de enfrentarnos a la mentira o a la falsedad, es el criterio de verosimilitud. En el ejemplo anterior, la información relativa al burro volando es a todas luces inverosímil, pero a veces descubrir la inverosimilitud no es tan inmediato, y requiere mayor análisis y sutileza por nuestra parte. Nos puede resultar útil a la hora de valorar diversas informaciones encadenadas que encierran algún punto contradictorio, el cual nos puede poner sobreaviso sobre la veracidad de las informaciones, puesto que varias informaciones verdaderas no pueden ser contradictorias entre sí. No conozco mejor medicina para desarrollar este importante “olfato” que desarrollar nuestra capacidad de análisis.

Una medida más eficaz que todas las anteriores juntas, para combatir toda la información y falsedad a la que estamos expuestos, sería dejar de leer o de escuchar toda la información que nos ofrecen, y buscar sólo aquella que nos interese de forma puntual, aunque discutir sobre las ventajas y desventajas de esto último requeriría por sí mismo de un amplio artículo.

Abril 17, 2008

Apuntes sobre la cultura 2

Archivado en: cultura, divulgación, enseñanza, filosofía, pedagogía, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:23 am

Vivimos en la era de las telecomunicaciones, y cualquier evento sucedido en un punto del planeta puede ser conocido por una gran cantidad de personas situada en las antípodas casi al momento. Esto propicia la libre difusión de memes, de forma que todas aquellas sociedades en las que la información circula sin cortapisas no permanecen ajenas a las innovaciones, a las modas, y a los valores preponderantes que se imponen en sociedades distantes. Esta difusión cultural tiene indudables ventajas, y algunas desventajas, que podrían ser minimizadas con una actitud racional hacia los logros de nuestro pasado, y definiendo de forma racional lo que debe ser entendido por progreso. No hay que olvidar que la difusión cultural ha servido también para propagar hábitos y actitudes nocivas. Intentar frenarla, sin embargo, sería como pretender ponerle puertas al campo. La forma que tienen los gobiernos de encauzar la difusión cultural en un sentido positivo es formar a sus ciudadanos proporcionándoles una educación de calidad, que les permitiera adoptar libremente hábitos y actitudes racionales.

No debemos confundir la difusión cultural, que como hemos explicado se produce libremente, con la aculturación, que es la imposición de una cultura sobre otra, como consecuencia de la conquista y de la dominación. El colonialismo ha constituido el ejemplo más paradigmático de este fenómeno.

La difusión cultural, propia de nuestros días, tuvo su antagonista en el aislamiento y la deriva cultural en tiempos pretéritos, así como en la actualidad en sociedades totalitarias extremadamente aisladas. La decadencia del imperio romano hizo que su lengua, el latín, se desgajara en las lenguas románicas, y que sociedades que antes eran más homogéneas se quedasen aisladas y se perdiesen muchos memes por falta de uso.

Otro concepto importante, fundamental, porque es motivo de crisis cultural es el decalaje cultural, que consiste en que unos memes se difunden con mucha más rapidez que otros. Así, por ejemplo, los avances en la disminución de la mortalidad infantil en el tercer mundo no han ido acompañados, de forma paralela, de la correspondiente disminución de la natalidad, produciéndose una explosión demográfica que es causa directa de la miseria en estos países. De la misma forma, los avances tecnológicos en el uso de armamentos han difundido con mucha más rapidez que los avances políticos en determinadas sociedades, en muchos casos ancladas en planteamientos medievales.

El etnocentrismo consiste en la hipervaloración de los memes propios, con desprecio irracional hacia los memes ajenos, procedentes de culturas ajenas a la nuestra. No es un fenómeno de nuestros días, pues ya los antiguos griegos eran absolutamente etnocéntricos, y pensaban que su lengua y sus costumbres eran muy superiores a la de los bárbaros. En tiempos recientes, quizás el caso más paradigmático de etnocentrismo haya sido el colonialismo europeo.

En la actualidad un tipo de etnocentrismo virulento, aunque de alcance provinciano, es el nacionalismo. El horizonte de las preocupaciones de éstos no traspasa sus fronteras, pero dentro de las mismas muestran un afán desmedido por imponer sus propias pautas culturales, mostrando un desprecio absoluto hacia lo ajeno. La homogeneidad cultural de la población es su ideal, y no reparan en medios para imponer la uniformidad étnica, lingüística, etc., etc., sea por las buenas o por las malas.

Otro tipo de etnocentrismo es el religioso, que trata de imponerse a los “infieles” por la fuerza, los cuales han de ser convertidos, derrotados o expulsados.

A veces el etnocentrismo surge de forma espontánea, pero la gran mayoría de veces es atizado por los privilegiados del grupo que temen perder sus privilegios ante la difusión de memes provenientes de otras culturas, que pudieran poner en evidencia su absoluta incapacidad para destacar fuera de la mitología creada con el supuesto enemigo de fuera. El etnocentrismo hace imposible el análisis y la elección racional, pues ya sitúa ” a priori” a unos memes como superiores a otros, por el simple hecho de ser propios. Desde este punto de vista debe ser considerado como un anacronismo cultural, que sólo puede desaparecer cuando los ciudadanos sometidos a ese “lavado cerebral” comprendan que están labrando su propia ruina, al anteponer la elección racional de unos memes por otros a la imposición por una casta privilegiada, que lo único que pretende es perpetuar sus privilegios.

En el polo opuesto está el el relativismo, que considera que todos los memes son igualmente válidos. Está claro que hay memes que son imponderables, como comparar la sardana con la sevillana, pero hay memes ponderables como el hacha de acero y el hacha de piedra. Ambos cumplen la misma función, que es cortar, pero uno lo hace con mucha mayor precisión y eficacia. El relativismo, como el etnocentrismo, al partir de una postura tomada con antelación, imposibilita la crítica y la elección racional. El segundo nos orienta demasiado, imposibilitándonos elegir, mientras que el segundo trata de convencernos de lo vano que resulta toda elección racional. El etnocentrismo promueve el conformismo, mientras que el relativismo estimula la indiferencia. Sus análogos en filosofía serían el dogmatismo y el escepticismo, y los argumentos para refutar ambas posturas también nos sirven para combatir estos anacronismos culturales.

Suponiendo que la actual tendencia a la convergencia cultural universal se plasme, al tiempo que se logre evitar el empobrecimiento cultural que supondría la desaparición de rasgos culturales minoritarios, el panorama sería un sistema cultural con una enorme variedad de memes homólogos. Esto haría más importante que nunca la formación de ciudadanos en el pleno sentido de la palabra, con capacidad de tomar decisiones racionales por sí mismos, y con la posibilidad de elegir enter numerosas ofertas culturales homólogas. ¿Qué religión o ideología adoptar o desechar? ¿Qué actividad productiva desempeñar? ¿Qué idioma elegir para comunicarnos de forma más eficaz? ¿Qué comer, y cómo cocinarlo de la forma más apetecible?

Pasaríamos de una sociedad de pautas únicas a una sociedad de pautas múltiples, en las que el ciudadano libremente elegiría aquellas que mejor satisfacen sus necesidades y sus gustos personales. La convergencia cultural nos daría más posibilidades, pero como contrapartida nos exigiría más responsabilidad a la hora de elegir las más óptimas entre una oferta cada vez más amplia.

Los conceptos aquí expuestos están narrados de forma mucho más extensa y detallada en el libro de Mosterín al que me referí en mi anterior artículo, y titulado “Filosofía de la cultura”.

Abril 10, 2008

Apuntes sobre la cultura 1

Archivado en: antropocentrismo, cultura, divulgación, enseñanza, pedagogía, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 9:50 am

Se han dado muchas definiciones de cultura, algunas ingeniosas sin duda, pero que distan mucho de ser capaces de proporcionar una teoría coherente.

 La existencia de los seres vivos, a la luz de la evolución, es algo sumamente improbable, pues constituyen una excepción al principio del aumento de entropía del universo, y se mantienen en un frágil equilibrio. Su existencia sólo puede ser explicada por la aparición y el registro de una enorme cantidad de “trucos”, que una vez descubiertos son aplicados una y otra vez en millones de organismos. Estos “trucos” constituyen información. Los seres vivos menos evolucionados son capaces de transmitirse información genética, y los animales superiores procesan la información mediante dos sistemas: el genoma y el cerebro. El primero transmite la información de forma eficaz y fiable, pero extremadamente lenta. Por eso,  el cerebro puede ser considerado desde un punto de vista evolutivo como una solución para transmitir la información de forma rápida.

Esa información transmitida de cerebro a cerebro, y que se va constituyendo en una red creciente de información, es lo que llamamos cultura, en contraposición a la “natura”, que es la información incorporada en los genes.

Las cosas más inmediatas para nuestra supervivencia, y también las más difíciles, como respirar, bombear la sangre, reproducirnos, ser capaces de aprender una lengua, y muchísimas más, se deben a nuestra naturaleza, y la información para ejecutarles viene en los genes.

Conducir un auto, cultivar patatas, bailar una sevillana, multiplicar dos números, cocinar, o leer un libro, o aprender inglés, se trasmiten mediante aprendizaje social, y constituyen la cultura. El conocimiento adquirido mediante la experiencia personal, y de carácter no trasmisible, al no ser una información transmisible de cerebro a cerebro no se puede considerar cultural. Por eso, la experiencia individual se construye en los individuos desde cero, a diferencia de la cultura, que se trasmite por aprendizaje social. Un conocimiento adquirido individualmente, mediante invención o por ensayo- error, transmisible, pero no trasmitido aún a otro miembro de nuestra especie, no se puede llamar cultural hasta que no se transmite. La cultura se transmite entre individuos de la misma especie, quedando excluido de este concepto el conocimiento que adquiere un animal mediante doma o amaestramiento. La transmisión entre humanos de las técnicas y conocimientos sobre doma o amaestramiento, sí constituirían cultura.

El soporte de la información genética está contenido en el DNA de los cromosomas, y en biología molecular se conoce como cistrón el segmento de cromosoma que codifica la síntesis de una proteína. El cistrón sería la base molecular del concepto de “gen”, o unidad de información transmitida genéticamente. El soporte de la información cultural trasmitida de cerebro a cerebro no está tan claro.

Richard Dawkins introdujo el término “meme”, en correspondencia con el termino “gen”, como la unidad de información cultural. Este paralelismo entre información genética e información cultural es más plausible en la genética mendeliana, que atiende a la transmisión de caracteres fenotípicos, como el color de los ojos, que con la genética molecular, en la que un gen adquiere un significado mucho más unívoco, como un segmento concreto del DNA. Si estudiamos las diversas lenguas empleadas en Cataluña un meme sería el español, y otro el catalán. Si estudiamos, sin embargo, los dialectos del español, un meme sería el castellano, otro el andaluz, el porteño, el mejicano, etc. Según el contexto al que nos refiramos, un mismo meme puede ser subdividido en otros memes diversos. Los memes no son, por tanto, unidades de información en el sentido técnico de bits.

De igual forma que no son lo mismo unos ojos azules que la secuencia de bases de DNA que lo codifican, tampoco es lo mismo la información necesaria para construir un hacha de piedra ( el meme correspondiente en este caso ) que el propio hacha encontrado en una excavación. El hacha constituiría la expresión fenotípica del meme imprescindible para construirlo, de la misma manera que los ojos azules son la expresión fenotípica del correspondiente gen. Los memes son información cerebral, y su manifestación sensual, o sensible, sería su fenotipo. Los bienes trasmitidos sin la información correspondiente no constituyen cultura. Desde este punto de vista, un microondas sin la información para usarlo estaría tan alejado de su función como si nos aportaran un pequeño cajón.

Se ha pretendido extender el paralelismo entre genes y memes de forma un tanto artificiosa, y de la misma forma que los genes se organizan en cromosomas, los memes se agruparían en complejos culturales, y en dimensiones culturales. Así, hay memes que evolucionan de forma paralela, como los artilugios para montar a  caballo; es decir, la silla de montar , los estribos, espuelas, etc. La cocina de un determinado país constituiría toda una dimensión cultutal, como la forma de organización política, o como la religión predominante, etc.,etc. Los memes que informa funcionalidades semejantes, a semejanza de los alelos genéticos, se llaman alomemes. La información para construir un hacha de piedra, o para hacerlo de acero, serían alomemes. De la misma forma, la información para bailar una sardana o una sevillana también lo serían. En el primer caso, parece claro que el alomeme que nos informa sobre cómo construir el hacha de acero resulta más eficaz que el que nos informa sobre la construcción del mismo artilugio en piedra. Sin embargo, en el caso de la sardana y la sevillana, no podríamos decir que un alomeme es superior al otro, sino tan sólo que nos gusta más o menos.

Los conceptos expuestos anteriormente, procedentes de un magnífico libro de Jesús Mosterín titulado “La filosofía de la cultura”, nos servirán para analizar cuestiones de actualidad como la difusión cultural, el etnocentrismo, el relativismo cultural, el decalaje cultural, y otros más, pero eso será en otro artículo.

Enero 28, 2008

Promesas electorales

Archivado en: divulgación, libertad, pedagogía, pensamiento, política — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:17 am

Es muy triste observar el espectáculo que ofrecen nuestros políticos, para inmediatamente a continuación pensar que tenemos lo que nos merecemos.

 Todos estamos acostumbrados a que en época preelectoral los políticos prometan cosas que puedan hacer atractiva su oferta a los electores, pero de ahí a convertir la campaña en un mercadillo de todo a cien va un abismo, que - digo yo - marcará una diferencia entre las democracias maduras y las populistas.

Cualquier persona que pueda verse beneficiada por cualquiera de los señuelos electorales prometidos debería preguntarse: ¿ y por qué no me lo han ofrecido antes ?. Aparte, debería preguntarse hasta qué punto queda atrapado su voto por unos políticos sin escrúpulos, y si esas medidas que ahora aparentemente le favorecen no podrán perjudicarle por otro lado.

Ese goteo continuado de promesas, según marchen las encuestas de intención de voto, demuestran que nuestros políticos nos consideran títeres que pueden manejar a su antojo. Esta política demagógica, ruin, y ruinosa a un tiempo, es tan nefasta que todos los políticos se ven abocados, si quieren tener alguna oportunidad, a participar en esa carrera desenfrenada de promesas.

El clientelismo político que genera esta clase de políticas supone un cáncer para cualquier democracia, y todos los países que emprenden ese senda sin rubor tienen un difícil retorno.

No es lo mismo implementar una serie de reformas estructurales para abaratar el precio del suelo que pagar la mitad del alquiler, la fianza y el aval a determinados jóvenes, aunque estas últimas medidas sean más rentables electoralmente.

Las promesas electorales no sólo se reducen al puro mercantilismo con los electores.

Parece ser que una gran mayoría de la población aplaude la ilegalizacion de organizaciones, como el PCTV (Partido comunista de las tierras vascas) y ANV ( Acción nacionalista vasca), cuya vinculación con Batasuna era para todos algo más que una sospecha. Sin embargo, ¡casualidad de casualidades!, las pruebas oportunas para iniciar los trámites de su ilegalización no han aparecido hasta ahora. En este terreno se traspasa la barrera de la tunantería y de la desvergüenza, para penetrar en los abismos de la más profunda inmoralidad. Sin embargo, las encuestas vaticinan que el pueblo español está capacitado para soportar mayores dosis de engaño. Adelante con ello, pues.

Los problemas que ya anticipó Tocqueville, y que fueron magistralmente plasmados por Orwell, nos demuestran que el Estado no está dispuesto a ceder su papel de “Gran Hermano”, en favor de la independencia ciudadana, y que le sale mucho más rentable seguir considerándonos lo que en relidad somos: súbditos. Sólo aquellas naciones suficientemente cultas - no es el caso de España -, o aquellas con economías estructuralmente asentadas en el sector privado, pueden disponer de alguna posibilidad de combatir la inmensa demagogia que es la tentación continuada de nuestras democracias.

De lo contrario, en democracias débiles como la nuestra, sometidas a embates desde diversos frentes, la única forma de desalojar a un Gobierno en unas elecciones es,  o bien que ocurra una enorme catástrofe, de la cual se pueda responsabilizar al gobierno de turno, o bien que el nivel de paro y de corrupción generalizada haga ver imprescindible el cambio.

Es lógico que las personas se vean afectadas por el bolsillo, pero lo que no es lógico es que esa sea la única causa por la que las personas se vean afectadas. Esa especie de anestesia a todo lo demás que ocurre a su alrededor, excepto al bolsillo, muestra la imagen más decadente de una sociedad sin fibra y sin valores. Un partido político que quiere tener a los ciudadanos a su merced, con tan sólo llenarles la barriga, debe procurar cultivar un hedonismo superficial que impregne a toda la sociedad. No creo que una educación de calidad, destinada a formar ciudadanos librepensadores, interese a nuestros políticos, sino más bien una educación “light”, destinada a formar posibles futuros votantes manipulables desde la llamada de sus tripas.

Enero 23, 2008

La mecánica de la enseñanza y la enseñanza de la mecánica

Archivado en: divulgación, enseñanza, pedagogía, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:58 am

Los niños de hoy deben aprender a razonar, y para ello se emplean innumerables tácticas, y se imparten cursos sobre didáctica de las matemáticas,. sobre didáctica de la lengua, de los idiomas, etc., etc. Se procura que el niño comprenda todo lo que está estudiando, evitando al máximo que se aprendan las materias de memoria, y para ello se emplean fichas y material didáctico de lo más diversos. Hace unos días me comentaba un familiar, dedicado a la enseñanza, que ahora se emplea una tabla sobre la que están incrustados en forma perpendicular pequeños vástagos, de forma que los niños con una goma elástica podían rodear los diversos vástagos, creando cuadrados, triángulos, ractángulos y diversos polígonos.

La enseñanza clásica insistía en la repetición y en la memorización de actividades, en el dominio por parte del niño de diversas mecánicas. Las tablas de sumar y de multiplicar se memorizaban cantando, y se adiestraba a los niños mediante la repetición mecánica de numerosas actividades. Se pensaba que tras la repetición mecánica se alcanzaría la comprensión. Hoy día se ensayan numerosas estrategias destinadas a facilitar la comprensión, y luego, sólo luego, se realizan algunos ejercicios destinados a concretar la teoría.

Cada método puede tener sus partidarios y sus detractores, o se puede optar por una fórmula de compromiso entre ambas opciones, pero al final la evaluación de los resultados será la que establezca la bondad de cada método. En principio, podría resultar más plausible el método “moderno”, más orientado hacia la comprensión que hacia la memorización. Esto último resulta, sin duda, más autoritario, mientras que lo primero parace más democrático. La cuestión que nos planteamos es si los métodos democráticos deben ser extendidos al ámbito de las aulas.

Mi opinión es que la enseñanza requiere, en gran medida, de la repetición de hábitos y de mecánicas que no pueden ser muy bien comprendidos en dicha etapa, y que no por ello deben dejar de ser estudiados. La comprensión de que ” 2+ 2 = 4″ desde un punto de vista formal requiere de diversos conocimientos, algunos más profundos de lo que un profano pueda sospechar, y sin embargo casi todo el mundo convendrá en que la tabla de sumar es de lo primero que debe ser enseñado. Por tanto, su aprendizaje no puede ser explicado en profundidad, y deberemos apelar a la memoria. Si alguna táctica, como aprenderla cantando, o cualquier otra, puede facilitar su rápido aprendizaje, pues bienvenida sea.

El aprendizaje de los idiomas es otro ejemplo que ilustra la opinión anteriormente expuesta. Los niños no precisan aprender filología para manejar una lengua, y su aprendizaje está basado en la repetición, a veces atorrullada y torpe, de palabras y estructuras gramaticales apenas aprendidas. Aprovecharé este ejemplo para exponer mi idea de que todo lo deberíamos aprender de esta forma: al principio de forma repetitiva y mecánica, pero intentando conseguir el máximo grado de eficacia, para sólo más tarde, cuando la mecánica haya hecho reposar esos conocimientos, plantearnos el porqué de las diversas estructuras gramaticales empleadas, o el porqué de la propiedad conmutativa de la suma de naturales. ¿Os imagináis el intento de enseñar una lengua a un niño empezando por la gramática?. Bueno, pues un dislate del mismo calibre es enseñar matemáticas, o física, o literatura, prescindiendo de la memoria.

Por otra parte, desprestigiar los conocimientos adquiridos de forma mecánica, o repetitiva, encierra contradicciones que trataré de poner en evidencia. De la misma forma que un niño nacido en Inglaterra se puede entender en su lengua mejor que un español que haya estudiado filología inglesa, un electricista que monta a diario instalaciones eléctricas lo hará con mucha mayor eficacia que un ingeniero del ramo, aunque éste comprenda mucho mejor los fundamentos de la materia. De igual forma, se puede haber estudiado de forma exhaustiva la integral de Riemann, y ser incapaz de aplicar un truco de sustitución para resolver una integral concreta.

La importancia de la repetición y de la mecánica en los procedimientos no se limita al ámbito de la enseñanza, aunque haya constituido hoy la razón de este artículo. Todos aprendemos a conducir, sin tener necesidad de saber lo que hace un embrague. Sin embargo, somos tan conscientes de los peligros que encierra una torpe conducción que nos afanamos en conseguir la mejor realización práctica de dicha actividad. Si el desconocimiento del inglés nos causase los mismos estropicios que no saber conducir adecudamente, nos afanaríamos en buscar la forma de aprenderlo de una vez por todas, dejando aparte todo tipo de consideraciones teóricas. Es el caso de alguien que ha de sobrevivir en un país extranjero.

El filósofo y matemático Whitehead decía que la civilización avanza tan sólo cuando consigue repetir de forma mecánica actividades que había costado siglos aprender. Y a mi juicio tenía razón.

¿Os imagináis al cirujano que debe extirparnos el apéndice pensándose si realiza la laparotomía por este sitio o por aquél?. Con la enseñanza debería ocurrir lo mismo, y los políticos que la utilizasen para realizar experimentos con el futuro de nuestros hijos deberían pagar por ello, porque el asunto es tan serio al menos como conducir de forma inadecuada.

Diciembre 13, 2007

Patriotismo, patrioterismo y educación

Archivado en: divulgación, educación, enseñanza, patriotismo, pedagogía, pensamiento, política — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 12:14 pm

Un país como el nuestro, en el que muchas personas de determinadas regiones manifiestan no sentirse españolas, es difícil que sea patriótico. He escuchado muchas veces admirar el patriotismo de los estadounidenses, y compararlo con el nuestro.

Pero, ¿en qué consiste el patriotismo?. Parece que se trata de un sentimiento de orgullo por pertenecer a una determinada nación, o a un determinado pueblo. No es, por tanto, un sentimiento basado en méritos propios, sino basado en la coyuntura, casual, de haber nacido en un determinado lugar. No parece, por tanto, un sentimiento muy cabal, pues a nadie se le ocurriría sentirse orgulloso de haber sido premiado en la primitiva, aunque sí enormemente satisfecho. Por tanto, yo puedo entender que uno sienta cierta satisfacción, y agradecimiento al destino, por poder vivir en la nación más próspera del mundo, de la misma forma que por gozar de unas enormes ventajas por razón de nacimiento, pero de ahí a sentir orgullo por una circunstancia puramente casual, media un abismo. Uno puede también, si queremos, admirar la nación en la que ha nacido, por considerar que han sabido aprovechar las circunstancias mejor que otros, y que su prosperidad es debida a haber seguido el camino adecuado. Es muy discutible, pero podemos comprenderlo.

No obstante, a pesar de lo anteriormente expuesto, el patriotismo se vende muchas veces como una virtud, cuando, como hemos visto, no puede haber nada virtuoso en la pura casualidad. La educación, sin embargo, debidamente dirigida puede conseguir cualquier objetivo imaginable.

Parece más adecuado referirnos al patriotismo como un sentimiento de admiración - más que de orgullo - a la nación, o al pueblo que a cada uno le ha reservado el destino. La forma de conseguir esa admiración, mediante la educación, es ensalzar mediante una enseñanza diseñada “ad hoc” los méritos propios, soslayando a un tiempo los logros de otros pueblos. Dadme la asignatura de historia, y en una generación convertiré a Cádiz en la nación más orgullosa de la tierra.

Yo tampoco entiendo la admiración por los pueblos como tales, y pienso que la multicausalidad que hace que unas naciones sean prósperas y otras pobres es algo que trasciende a los individuos. Los individuos, como tales, sí pueden ser dignos de admiración en determinadas facetas particulares, y hay multitud de ejemplos de individuos ejemplares procedentes de lugares pobres.

La exaltación del patriotismo, como sentimiento de admiración por la propia nación, tiene efectos sin duda positivos, como son activar las respuestas de los individuos ante una posible agresión por parte de otros pueblos, pero también efectos claramente negativos, como justificar la dominación y la explotación abusiva de unos pueblos por otros, basados en una supuesta superioridad. Por otra parte, los políticos, una vez conseguida una nación o un pueblo de patriotas pueden invertir ese sentimiento según el gusto, como quien invierte en bolsa, para este fin o para aquel otro. Un sentimiento estúpido, como creo que es el patriotismo, puede dar mucho de sí, y se puede utilizar para la guerra y para la dominación, para mitificar a un enemigo inexistente, para inventar un victimismo que asegure de forma permanente en el poder a determinadas oligarquías, y para cuantos fines perversos podamos imaginar. En este sentido, recuerdo aquella famosa frase cuyo autor no recuerdo ahora, y que decía: “El patriotismo es el último refugio de los canallas”.

Por tanto, el patriotismo, aunque estúpido como sentimiento, puede resultar enormemente útil para ser utilizado por la clase política, y es improbable que renuncien a ese enorme poder por nuestro bien. Entretanto, cada uno lo que puede hacer es analizar estas cuestiones con perspectiva para ser más inmunes a la manipulación.

A nivel colectivo, la única salida a muy, muy largo plazo, para combatir patriotismos y nacionalismos sería avanzar hacia un gobierno mundial, aunque eso es hoy por hoy una enorme utopía, pero es la única forma que concibo de que todos nos sintiéramos ciudadanos del mundo. No creo que las grandes multinacionales estén muy interesadas en esta propuesta, porque el avance de la civilización que propiciaría un gobierno mundial sería menos proclive a la explotación.

Por patrioterismo entiendo algo mucho más inocente, mucho más inmaduro e infantil, como es el aplauso incondicional a una selección de fútbol que está realizando un mal partido, o a un piloto huraño que comparte nuestra nacionalidad. Esto no se diferencia mucho de los niños que animan al equipo de fútbol de su colegio y, en cierto modo, remeda el sentimiento infantil de pertenencia a un grupo. Me parece preferible disfrutar de un buen partido, o hacer abstracción de la nacionalidad del piloto, pero he de reconocer que los efectos de esto me resultan mucho menos dañinos.

Noviembre 26, 2007

Matemática y realidad

Archivado en: Matemática, axiomática, cerebro, divulgación, enseñanza, pedagogía — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 5:14 pm

En una lista a la que pertenezco alguien planteó la pregunta de porqué la matemática es tan útil para comprender el mundo real. En otras palabras, por qué algo que se desarrolla con papel y lápiz, sin necesidad de observar nada, se muestra tan aplicable a las disciplinas empíricas.

Hubo quien defendía posturas idealistas, platónicas, afirmando que nosotros poseemos “a priori” la idea de triángulo, o la idea de número, y que el mundo real de algún modo nos “despierta” esas ideas. Es el mito de la caverna, de Platón, centrado en las ideas matemáticas.

 Personalmente, la teoría de las ideas de Platón me resulta algo rebuscada, y la hipótesis más sencilla me resultará la más plausible, siempre que resulte suficientemente explicativa.

 Yo pienso que la idea de número, como la idea de triángulo, o la de cuadrado, o la del número 4, son ideas adquiridas por la humanidad tras un largo proceso de observación, y de abstracción posterior. Al principio, dos colecciones de piedras con diferente cardinalidad se nombrarían de forma completamente diferente, y tuvo que pasar algún tiempo hasta que aprendimos a decir: ” 2 piedras”, o ” 4 piedras”, etc., etc. Fue la observación continuada de diferentes conjuntos, y el consiguiente y elaborado proceso de abstracción lo que nos hizo concebir la idea de “1″, de “2″, de”3″, de “4″,…………, y al final la idea de número, en general.

De igual forma, la observación repetida de diferentes formas geométricas, existentes o creadas, nos llevó por un proceso de abstracción progresivo a la idea de “línea recta”, de “punto”, de “triángulo”, de “rectángulo”, de “cuadrado”, y después a la idea de “forma geométrica” a la idea de “perímetro”, o a la de “área”. Es sabido que los que dominaban las técnicas para calcular áreas se beneficiaban, haciendo creer a los legos que mayor perímetro equivalía a mayor área.

Resulta claro, así explicado, que el “número” y las “formas” no brotaron exclusivamente del papel y el lápiz, sino de la observación continuada de diversos aspectos del entorno, como fueron las diversas colecciones de objetos - con su diferente numerosidad, o cardinalidad -, y las diferentes formas geométricas.

El origen de la matemática no fue especulativo, ni se formalizó o axiomatizó en un primer momento. La aritmética, y la geometría, surgieron para resolver cuestiones del mundo real, y no es de extrañar, por tanto, que se adapten tan bien a éste. En un proceso mucho más tardío se encontró la forma de axiomatizar y formalizar la geometría, algo que hizo Euclides con sus Elementos de geometría, y casi 23 siglos más tarde Peano, con su formalización de la arimética y su axiomatización del número natural. Estas formalizaciones procuraron siempre respetar el origen práctico de la arimética y de la geometría, de forma que muchos de los resultados teóricos de Euclides ya eran conocidos de forma empírica por los egipcios, de igual forma que los axiomas de Peano conducen a que  2+2 =4.

Posteriormente se vio que eran posibles otras geometrías, y surgieron las geometrías no euclídeas, que, en un principio carecían de modelos reales a los que aplicarse, pero a los que posteriormente se encontró aplicación, como es el caso de la geometría de Riemann a la teoría general de la relatividad de Einstein.

 Es decir, en un principio la matemática surge hermanada con la realidad, posteriormente se emancipa,  se sigue alejando más, y en el momento más insospechado alguien le encuentra una aplicación a esas teorías. Es el caso de Murray Gell-Mann a la teoría de grupos para la física de partículas, o los espacios de Hilbert a la mecánica cuántica, o la encriptación de datos a la teoría de números, etc.,etc.,etc.

Hoy, la matemática constituye un mundo aparte, y eso hace que nos parezca sorprendente que el mundo de las ideas matemáticas encuentre tal cantidad de aplicaciones al mundo real.

Habitualmente se usa como paradigma de verdad aquello de que 2+2 =4, aunque sólo unos pocos serían capaces de demostrarlo a partir de las correspondientes definiciones y axiomas. Sin embargo, todo el mundo emplea aquello de que “está más claro que 2 y 2 son 4″. Curiosamente nadie dice: “está tan claro como que 2367 y 4378 son 6745″. Este ejemplo nos muestra, una vez más, el origen empírico de la suma de números. Si el origen no hubiera sido empírico estaría tan claro lo uno como lo otro. Todos estamos familiarizados con lo primero, con que 2 y 2 son 4, pero no con lo segundo.

Noviembre 20, 2007

La crítica y el elogio

Archivado en: divulgación, educación, pedagogía, pensamiento, psicología — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:56 am

Desde el momento que decidí escribir un blog supe que entrañaba ciertas dificultades, porque desde el primer momento me propuse abordar cuestiones impersonales, y siempre guiado por una metodología común, tratase el tema que tratase. He procurado, por tanto, alejarme de elogios y críticas hacia personas cercanas, incluso lejanas, y he procurado centrarme en los argumentos. Si, hasta el momento, lo he conseguido o no, sólo el lector asiduo, si es que tengo alguno, lo podrá decidir.

 Ayer, mi semblanza de Rick constituyó un paréntesis en lo que había sido mi blog hasta el momento.

Sé que estamos mucho más acostumbrados a la crítica que al elogio, y que cuando esto último ocurre suele suscitar desconfianza. Nada más lejos de mi personalidad que el halago fácil para cultivar la vanidad ajena, quizás por las sospechas inmediatas que nuestra sociedad demuestra hacia el elogio sincero, que con frecuencia se confunde con la lisonja.

Sin embargo, no existen razones objetivas para cultivar más la crítica que el elogio. No me refiero a la crítica constructiva, destinada a mejorar algo, sino a la descalificación sin más. Sí pueden existir razones subjetivas, que van desde la antipatía personal, la envidia, o el sentimiento de inferioridad que muchos pueden experimentar por alabar lo ajeno. Para el elogio sincero - lo contrario sería falsa lisonja - las razones han de ser mucho más objetivas pues, por desgracia, tenemos más facilidad para envidiar que para admirar algo. En otro artículo expliqué las razones por las que la admiración no debía sobrepasar los límites de lo admirado, y porqué la admiración personal puede revelar un fondo de inmadurez.

Dado que la crítica personal - no aquella dirigida a mejorar y a construir - suele ser menos virtuosa que el elogio sincero, deberíamos extremar las precauciones en nuestras críticas, permitiéndonos una mayor laxitud en el elogio. Sin embargo, nos concedemos todo tipo de laxitudes para la crítica personal, y extremamos todas las precauciones cuando elogiamos.

 Cuando hablo de elogio no me refiero tampoco al que podemos prodigar a un hijo para animarlo a mejorar en sus tareas, por muy benéfico que pueda resultar éste. Hablo de un elogio absolutamente desinteresado, destinado a aplaudir algo concreto que nos ha parecido valioso. Un ejemplo de esto a lo que me refiero puede ser el famoso aplauso que recibió Pavarotti, que duró más de una hora, y que salió del alma de los espectadores, o de su gran mayoría.

La única motivación que encuentro para este tipo de elogio al que me refiero es una emoción intensa, muy humana, pero muy poco prodigada, que nos impele a actuar de esa forma. Por supuesto, expresar esta emoción en grupo, o ante alguien famoso, por muy sincera que pueda ser la emoción, es mucho menos corriente que hacerlo de forma aislada, o que hacerlo ante alguien desconocido.

Prodigarse en elogios suele despertar recelos fundamentados, pues esa emoción intensa que nos impele a elogiar suele ser escasa, y no hay nada que resulte más empalagoso que fingir falsas emociones positivas. Por esa misma razón el elogio sincero siempre debe ser sobrio, sin exageraciones que desvirtúen su noble naturaleza.

Quizás alguien, no sé si de forma maliciosa, jocosa, o simplemente equivocada, malinterpretara mis palabras de elogio hacia Rick. De hecho, decir que alguien, por su curiosidad universal, me recuerda el espíritu más genuinamente renacentista no implica que estemos hablando de Leonardo Da Vinci.

De cualquier forma, siempre habré de agradecerle, fuera su intención la que fuese, haberme sugerido este corto artículo, que por supuesto no estaba dirigido a él, sobre cuya nobleza no albergo dudas.

Si consigo que alguien se prodigue algo más en el elogio sobrio y sincero, y consiga extremar las precacuciones en la crítica personal, este artículo habrá servido a su propósito.

Octubre 16, 2007

La cortesía de la claridad

Archivado en: divulgación, educación, pedagogía, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 1:17 pm

El ensayista debe ser claro, y después de eso debe intentar ser todo lo demás: ser ameno, ingenioso, original, estimulante, etc. Muchas veces se sacrifica la claridad a algunos de los epítetos expuestos anteriormente, o a otros, como a un enorme despliegue de erudición. Estamos hartos de leer ensayos en los que el autor nos abruma con una inmensidad de datos, con un montón de citas de numerosos autores, sin que tal despliegue contribuya a centrar la esencia del problema, sino que muchas veces sucede lo contrario: el problema queda diluido.

Es cierto que numerosas cuestiones no se pueden abordar directamente, siendo preciso dar un rodeo, tratando cuestiones previas, para que al final la cuestión esencial se vea clarificada, se vea de este modo facilitada su comprensión. Esto, al final , redundará en una exposición más clara y precisa de la cuestión a tratar.

La principal cortesía que un escritor debe a sus lectores es la claridad, pero no es frecuente que los filósofos, por poner un ejemplo, hayan sido claros. Más bien lo contrario. Otros ensayistas divagan y, al final, se muestran incapaces de centrar la cuestión sobre la que están tratando. Es la sensación que se produciría cuando, tras leer un libro de ensayo,  aunque nos hubiera gustado, no sabríamos resumir sus ideas principales, por la sencilla razón de que no había ideas principales que resumir.

La claridad depende del contenido a tratar, pero depende fundamentalmnte del autor. Hay autores cuyo empeño principal es la claridad y, cuando sobre una cuestión no hay una respuesta definitiva, presentan al lector las diversas alternativas para que sea él quien establezca la valoración. Obviamente, la claridad requiere honestidad. Es preferible plantear dudas razonables que certezas dudosas. No es lo mismo buscar la verdad - sea esto lo que sea - de una manera honesta que precipitarse en encontrarla.

Muchas veces la falta de claridad es inherente al autor, porque el pobre no da para más, y no distingue lo claro de lo oscuro, pero la mayoría de las veces subyacen otras razones, todas en el fondo deshonestas.

A veces, utilizar un lenguaje críptico parece dotar al ensayo de un prestigio añadido. Muchas pseudociencias se dotan de una jerga extraña que, al final, todos los adeptos acaban manejando de forma mimética. También es frecuente que algunos filósofos utilicen un lenguaje prácticamente ininteligible. Muchas ciencias poco fundamentadas, o incipientes, emplean un lenguaje impreciso.

Otro defecto muy extendido, tanto en escritores como en profesores, es la pedantería. El pedante no se preocupa de ser claro, sino de impresionar. Todo su despliegue dialéctico y todo su empeño están centrados en él mismo, y no en los alumnos, o en los lectores. A veces pretende impresionar con frase hechas “brillantes”, otras abrumando con datos y más datos, pero siempre pensando en la mejor forma de exhibirse. El fin del pedante no es quien lo lee, o quien lo escucha, sino él mismo. Si resulta claro no es porque lo haya buscado, sino porque la claridad le ha resultado propicia para exhibirse. El erudito, sin más, es una variante del pedante.

Otros autores son oscuros porque no les queda más remedio, porque lo que escriben es una sarta de fantasías o de mentiras, y está dirigido a un público especialmente crédulo. Son los que, con apariencia de ensayistas, explotan la superstición de muchas personas. Suelen estar entre los más crípticos, y también entre los que gozan de mejores ventas. No hace falta dar nombres, porque todos conocemos a alguno.

Octubre 13, 2007

La admiración

Archivado en: divulgación, pedagogía, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:50 pm

La envidia, como por todos es sabido, constituye uno de los siete pecados capitales. No es el objeto de este post discutir sobre lo que la envidia significa, pues por mi parte no conozco mejor descripción de la misma que la que realiza Unamuno en su novela Abel Sánchez.

No sé con seguridad si el antónimo de la envidia es la admiración, pero a simple vista bien podría serlo. Podría pensarse entonces que estamos ante una virtud,  pero un análisis más detenido nos puede hacer cambiar de opinión.

Me refiero aquí a la admiración a la persona, y no a la admiración por su obra. Nada tiene de malo admirar la obra pictórica de Velázquez, o la teoría de la relatividad de Einstein, o las canastas de Michael Jordan. Sin embargo, la admiración a la persona supone un ejercicio de extrapolación demasiado arriesgado.

Yo mismo leí una gran parte de las obras de Bertrand Russell, y durante un tiempo le rendí admiración. Utilizo la palabra rendir porque me parce la más adecuada; al fin y al cabo, ese arriesgado ejercicio de extrapolación supone una rendición ante la obra de un personaje. Se pasa, sin solución de continuidad, de la admiración por la obra a la admiración a la persona, lo cual supone una admiración incondicional, una cierta forma de vasallaje.

En efecto, más adelante comprendí que la vida y el pensamiento de Russell encerraban profundas contradicciones. En uno de sus libros, en el que nos habla de su adolescencia, nos dice que hubo varias pasiones que le evitaron el suicidio, y que fueron el deseo de saber más matemáticas, un anhelo pasional por algún tipo de verdad indudable, y un sentimiento de piedad inmenso por el género humano. Sin embargo, un análisis detenido de su vida amorosa revela que su prójimo más próximo podía importarle bastante menos que el más lejano. La piedad en abstracto le resultaba mucho más cercana que la piedad concreta.

Hoy, sin embargo, con el paso de los años, sigo admirando parte de su obra, pero encarnada en una persona con enormes defectos y contradicciones. 

La admiración por la persona, siendo un sentimiento mucho más noble que la envidia, supone un enorme error conceptual , como es el confundir la parte - la obra - con el todo - la persona -, y suele revelar una importante inmadurez. La envidia, sin embargo, por lo que conocemos es un sentimiento que no tiene edad, por lo que deberíamos buscar un antónimo más apropiado para la misma.

La admiración, por otra parte, supone una renuncia al propio “yo” para encomendar nuestro criterio y nuestra opinión al dictamen de la persona admirada. En ese sentido, la admiración supone una renuncia al deber sagrado de pensar por nosotros mismos, lo único que nos puede seguir dando sentido como individuos. El pensamiento, si es genuino, ha de ser libre, y ni nosotros mismos  tenemos por qué conocer, “a priori”, adonde nos conducirán los mismos. Quiero decir, con esto, que el pensamiento es un camino por hacer para el que piensa, puesto que recorrer los caminos hechos sin espíritu crítico constituyen un puro mimetismo.

Admirar, en el sentido anteriormente expuesto, es poner grilletes al pensamiento. Nadie que admire a otro, de forma plena e incondicional, está en las mejores condiciones para descubrir algo nuevo. La admiración supone, también, un inconfesado reconocimiento de inferioridad ante la persona admirada, y una merma de la confianza en nuestras propias capacidades.

Entradas siguientes »

Blog de WordPress.com.