Detodounpoco

abril 27, 2007

El chándal

Archivado en: libertad,moda,ropa,sociedad — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 7:05 am

Este atuendo deportivo, utilizado para que los deportistas no se enfriaran en los momentos anteriores y posteriores a la prueba, ha pasado a convertirse en la prenda más universal.

Se usa para todo. Vamos de visita a un domicilio y es corriente que nuestros anfitriones nos reciban en chándal. Acudimos a un bar, o a una cafetería, y vemos chándales por doquier. En los supermercados y grandes superficies, en hospitales, paseando por las calles, en restaurantes. No sé si ha llegado a las embajadas, pero no me extrañaría.

Lo usan por igual niños que niñas, jóvénes que jóvenas, adultos que adultas, y hasta los abuelos y las abuelas. Sí, sí, hasta éstos. Normalmente combinados con los tenis, que son como las antiguas zapatillas de deporte pero más mazacotas y de colores variados.

Los hay de diversos tejidos y de todos los colores y combinaciones de colores, abundando los fosforitos, lo cual contribuye a crear un ambiente multicolor muy alegre vayamos donde vayamos.

Se trata de una prenda cómoda y suelta, ideal para sentirse como en casa. Además, como se usa igual en casa que en la calle, permite a sus usuarios tomar el camino del supermercado sin pasar por el dichoso trance de arreglarse para salir.

Ha igualado los sexos, porque lo usan casi por igual hombres y mujeres, por lo que podemos considerarla la prenda menos machista que existe.

En las mujeres amas de casa ha sido el sustituto ideal de la bata de guatiné, con lo cual ha eliminado las conotaciones negativas – de marujeo – que aquella pudiera tener.

Es, hasta ahora, después del atuendo chino, la prenda más igualadora y democrática que existe pues lo usan todas las clases económicas.

Se ha impuesto tanto, y en tantos ámbitos, que si vistes una americana te miran como a un bicho raro, y si vistes traje de chaqueta piensan que trabajas en El Corte Inglés o eres director de una sucursal bancaria. Es decir, el chándal no sólo se ha generalizado, sino que se ha impuesto a todo lo demás.

Dentro de poco, si las cosas avanzan al mismo ritmo, en nuestro país habrá dos prendas: el chándal para el invierno, con toda su gama multicolor, y la bermuda para el verano, también multicolor.

Debo de decir que detesto esta moda, y que opino que esta uniformidad en el vestir que nos marca el chándal es lo más chabacano que existe. La elegancia en el vestir formaba parte de una cierta estética que contribuía a alegrarnos la vida.

Ese afán desmedido por la comodidad, en detrimento de la elegancia, es reflejo de un desprecio absoluto por la estética y de la imposición de una tiranía de la cultura light, que ha afectado de forma transversal y simultánea a todas las generaciones.

Ese concepto de la comodidad a cualquier trance, sin matices añadidos, nos conduce directamente a la bermuda como prenda universal del verano y al chándal para el tiempo frío.

Yo entiendo el vestir como una forma de respeto hacia uno mismo, y como el comienzo de una forma de respeto a los demás, y esta prenda, fuera de su uso como atuendo deportivo, se me hace poco respetable.

Yo agradezco a mis padres que me hayan privado de ese espectáculo multicolor del chándal.

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