Muchos de nosotros conocemos aquella famosa frase de Marx – Groucho, por supuesto -, en la que anunciaba: “Señores, estos son mis principios, pero si no les gustan tengo otros”.
Ahora Rajoy anuncia un nuevo patriotismo, al parecer para recuperar la senda de la prosperidad. Parece que ha comprendido la frase de Groucho, que se ha dado cuenta de que sus nuevos principios, tras perder las elecciones, no agradaban, y se dispone a cambiarlos.
He leído algunas cosas de este nuevo patriotismo, y confieso que no sé en qué consiste eso, aparte de en una serie de obviedades. Parece que se da cuenta de que la gente lo está pasando mal con la crisis, y que la forma de salir de ella es “dar la batalla de las ideas”, y “asegurar la cohesión de su partido”, y “pegarse a la piel del país, y escuchar sin miedo el latido de su cuerpo social”. O sea, que parece que “el nuevo patriotismo” que propugna Rajoy es para salir de la crisis y alcanzar la prosperidad, y por eso hasta ahora no se le había ocurrido su gran idea. Mientras no había crisis, ni el paro era alarmante, ni había signos de alarma social, no hacía falta ningún patriotismo, ni nuevo ni antiguo. Por eso permitió que su partido aprobara en Valencia, o en Andalucía, Estatutos tan patrióticos, y por eso apoyó tanto la ponencia de María San Gil, porque como “no había crisis” no se necesitaba ningún patriotismo.
Hombre, señor Rajoy, ¿ahora nos viene usted con patriotismos?, ¿no le parece que se le ha pasado un poco el arroz?, ¿no piensa que se ha pasado usted de gallego con todos los españoles, incluidos sus votantes, y que debe dejar paso a personas con más crédito?. Samuel Johnson dijo que “el patriotismo es el último refugio de los canallas”. Yo no creo que usted sea un canalla, pero sí creo que es un absoluto pusilánime, y cuando la pusilanimidad alcanza cierto nivel es fácil confundirla con la canallería. Y eso creo que le ha pasado a usted, y se lo digo con todo el respeto: que a fuer de ser pusilánime ha parecido usted ser un canalla, sin serlo; otros, sin embargo, siendo absolutos canallas, por no ser pusilánimes han pasado por héroes. Fíjese usted qué destino tan triste el suyo: pasar por canalla sin serlo, y observar que otros, que usted cree -y otros también creemos -, que valen mucho menos que usted se lo llevan de calle.
¡Qué le vamos a hacer!. Usted habría sido muy feliz, quizás – no llego a tanto -, en su oficina del registro en Santa Pola, pero se ve que eso de tocar el poder engancha, y a pesar de las evidencias de que usted carece del temple, de la dosis de mala leche, de la astucia, y del cinismo que la política precisan, usted no va a renunciar.
Como expliqué en otro artículo sobre el patriotismo, éste es un concepto mucho menos noble, o menos virtuoso, de lo que a simple vista podría sugerir, o podría pensarse.. El patriotismo, en cuanto sentimiento, es una memez, por cuanto implica un sentimiento de orgullo por pertenecer a un colectivo en el que no tenemos arte ni parte. ¿O es que acaso un ciudadano de Burundi es menos por no haber tenido la suerte de nacer en Estados Unidos?. Tendrá menos oportunidades, sin duda, pero el sentimiento de orgullo por un azar del destino es algo absurdo. Yo envidio a los estadounidenses, pero no por su sentimiento patriótico – que lo tienen -, sino porque no se plantean que puedan ser otra cosa. El patriotismo es un sentimiento estúpido, pero qué duda cabe que es un sentimiento útil. Si he de elegir entre que nuestra nación no se desmorone, o que esté poseída de un sentimiento patriótico, prefiero lo primero. No debemos olvidar, sin embargo, cómo se ha utilizado a lo largo de la historia el sentimiento patriótico para enviar a la muerte a miles de combatientes que no sabían por qué luchaban. Cuando se habla de sentimientos es muy importante distinguir, y no meter en el mismo saco sentimientos naturales, como el amor por ejemplo, con sentimientos prefabricados, como el patriotismo. ¡Qué decirle, señor Rajoy, si pienso eso del patriotismo, lo que puedo pensar de su “nuevo patriotismo”!
Ortega Hablaba de que lo más que podíamos conseguir de España era hacerla un “proyecto sugestivo de vida en común”. No apelaba a sentimientos, sino al intelecto. Es cierto que los sentimientos se pueden domeñar, y está más que demostrado, pero eso es mucho más fácil de conseguir en las democracias populistas que en las democracias verdaderas, porque aquellas utilizan todos los medios del poder para sus fines, mientras que éstas – las verdaderas – están basadas en el contrapeso de poderes. Quizás lo más que podamos conseguir de España, y lo veo difícil, sea un proyecto tolerable y conveniente de vida en común, y eso no se consigue apelando a nuevos patriotismos, ni a antiguos, sino apelando a razones plausibles que aconsejen que ese proyecto esté vigente. Por supuesto, para que la gente “vea” esas razones habría que cambiar muchas cosas, y habría que explicarlo claro, en base a razones fundamentadas, y no en base a “nuevos patriotismos” de hojalata tan oportunistas.
Usted es tan poco astuto, señor Rajoy, que como decimos por aquí se le ve el plumero. ¡Vaya que si se le ve!