Detodounpoco

Mayo 13, 2008

La inducción científica

Archivado en: ciencia, divulgación, enseñanza, filosofía, lógica, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 10:56 am

Siempre se nos enseñó que las ciencias, y en particular la física, eran inductivas, mientras que las matemáticas eran una disciplina deductiva. Las primeras partían de lo particular para establecer verdades generales, mientras que la matemática procedía al revés.

Hoy sabemos que la ciencia no es sólo, ni principalmente, inductiva, sino que su método es más bien hipotético deductivo. Si hubiera sido tan sólo inductiva, basada en la observación repetida, no hubiera podido avanzar tanto. La formulación de hipótesis, que trasciende a la simple observación, es la que nos permite des-cubrir, des-velar, lo que está oculto tras los fenómenos. Nunca se habría descubierto la primera ley de Newton, la de la inercia, la de que todo cuerpo permanece en reposo o en movimiento uniforme a menos que una fuerza actúe sobre él, si no llega a ser por un portentoso esfuerzo de imaginación. En la práctica observamos que todos los cuerpos frenan su movimiento, sin que aparentemente actúen fuerzas sobre ellos. Karl Popper fue el primero en insistir en que el método científico es, principalmente, hipotético deductivo. El sol seguirá saliendo mañana, no por la sencilla razón de que lo haya hecho hasta ahora, sino por toda una red de hipótesis, leyes, observaciones y deducciones que explican no sólo la salida del sol, sino que constituyen toda una teoría explicativa de gran generalidad.

Hace algún tiempo leí en un libro de Martin Gardner, titulado “Ajá”, una  cuestión que me resultó sorprendente e interesante a un tiempo. Yo me permito añadirle algún pequeño ingrediente para precisar más la cuestión que se plantea.

Supongamos que la observación nos ha conducido a clasificar un determinado tipo de aves como cuervos, y la definición de dichas aves viene caracterizada por toda una serie de peculiaridades, excepto por su color. No obstante, hasta el momento, y tras realizar numerosas observaciones, todos los cuervos con los que nos hemos topado son de color negro. Si seguimos observando cuervos, y todos son negros, es natural que nos planteemos la conjetura de que “todos los cuervos son negros”. En esta situación, si nos topamos con un nuevo cuervo, y resulta ser negro, esta observación “reforzará” nuestra conjetura. Si suponemos que el universo está formado por un número finito de objetos, ¿ la observación de una vaca marrón reforzará en algún modo la conjetura de que “todos los cuervos son negros”?

Este ejemplo lo planteó el filósofo alemán Hempel, con la intención de mostrar que la inducción científica no tenía que resultar intuitiva, sino que más bien podía resultar lo contrario. Desde entonces se ha derramado mucha tinta sobre este asunto, y es probable que se siga haciendo. Filósofos y lógicos de la talla de Quine se han interesado por el asunto, y en el caso concreto de este lógico opinaba que dicha observación - la de ver una vaca marrón - no reforzaba para nada la conjetura sobre el color de los cuervos.

Habiendo advertido sobre el hecho de que se trata de una cuestión polémica paso, a continuación, a exponer mi punto de vista sobre la cuestión.

La conjetura de que “todos los cuervos son negros” es equivalente a la conjetura de que “ningún objeto no negro es un cuervo”. En efecto, es fácil ver que si existen objetos que llamamos cuervos, de los cuales suponemos que todos son negros, esto equivale a suponer que ningún objeto no negro puede ser un cuervo. De igual manera, la suposición de que ningún objeto no negro pueda ser un cuervo, exige suponer que todos los cuervos han de ser negros. Si la prmera conjetura implica la segunda, y viceversa, ambas son equivalentes, o, lo que es lo mismo, son intercambiables. Por tanto, de la misma forma que observar un nuevo cuervo negro “refuerza” la conjetura de que todos los cuervos son de este color, la observación casual de que un nuevo objeto no negro resulta no ser un cuervo debería  ”reforzar” la conjetura de que ningún objeto no negro es un cuervo, y por ende, la proposición equivalente a ésta, la de que todos lso cuervos son negros. En este sentido, la observación casual de una vaca marrón debería “reforzar” la conjetura de  que todos los cuervos son negros.  Sin embargo, resulta absolutamente contraintuitivo, tal como Hempel pretendía ilustrar.

Enero 2, 2008

La familia en Navidad

Archivado en: Navidad, divulgación, felicidad, moda, pensamiento, religión — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:07 am

La mayoría de las familias españolas, fuesen o no católicas, solían reunirse con motivo de las fiestas navideñas, y el recuerdo infantil de muchos de nosotros está vinculado a la escena de una familia unida en torno a unos padres aún jóvenes.

El paso del tiempo hace imposible revivir dichas escenas, a veces por pérdidas irremediables, a veces por ausencias, y otras porque los padres atraviesan un difícil invierno en sus vidas. El hecho es que ya nada vuelve a ser igual.

 Observar el declive físico de los padres, y la consiguiente pérdida de autonomía para las funciones más cotidianas, constituye un panorama desolador. La posibilidad de poder suplir tan graves deficiencias con la ayuda de algún ser querido, o mediante mercenarios, constituye un privilegio en los días que corren, pero resulta un consuelo insuficiente. Las personas que han sido activas y autónomas no suelen aceptar con resignación la llegada de su invierno vital, y la falta de alegría y de ánimo suele ser una constante, y el disponer de tiempo les supone un enorme inconveniente pues no encuentran la forma de emplearlo.

La pérdida de memoria y de facultades mentales se encuentra entre las deficiencias que más despersonalizan. Al fin y al cabo, nuestro “yo” no es más que la conciencia de nuestra biografía revivida en la memoria. Sabemos que somos porque recordamos lo que hemos sido, y llega un momento en que desconocemos a los demás e incluso a nosotros mismos. Es cuando seguimos estando, pero ya no somos. O somos sólo a ratos un pobre remedo de lo que fuimos.

El sentido religioso de la Navidad se ha ido perdiendo y, perdido el sentido familiar, la fiesta queda reducida a muñecotes colgados en los balcones, a lucecillas multicolores, a muchedumbres que atestan los supermercados, y a carritos atestados de viandas hipercalóricas. Se ha convertido en la fiesta del consumismo por excelencia, y ha perdido su sentido original, conservando su sentido familizar tan sólo para los más pequeños. A los demás, con muchos más años, la Navidad nos devuelve el recuerdo de lo que nuestros padres fueron y ya nunca podrán ser. Quizás, ese consumismo grotesco sea la torpe forma que tenemos de soslayar la añoranza de lo perdido.

En otro tiempo, la mayor escasez y un profundo religioso sentido de la vida hacían que las pérdidas insolasyables se combatieran con resignación cristiana. La resignación, entendida como la forma cabal de aceptar lo inevitable, no es el signo de nuestros tiempos. Hoy, se nos dice que la cirugía estética hace milagros, que podemos mantenernos jóvenes y saludables con cremas y potingues diferentes durante mucho tiempo, y que los viejos estarán magníficamente atendidos con la nueva ley de Dependencia.

La resignación no tiene que tener un sentido religioso, pero la mayoría de las personas es más fácil que la tengan si poseen fe. La resignación sin fe exige una cierta sabiduría que la mayoría de las personas no poseemos, y que hace que busquemos en la Ciencia - en el mejor de los casos -, o en la superchería - en el peor - la solución a todos nuestros males y a todos nuestros desvelos.

No quiero que se interprete que estoy justificando la existencia de la religiosidad en dichas razones, puesto que para mí la religiosidad sólo se puede entender desde la fe, y nunca desde el oportunismo o desde la conveniencia. Sí constituye, sin embargo, una explicación a parte de la insatisfacción vital que vive nuestra sociedad, y que en la Navidad su manifestación más expresiva se traduce en un consumismo obsceno.

Marzo 28, 2007

Cerebro y Lógica

Archivado en: cerebro, lenguaje, lógica, mente, pensamiento — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:26 am

La pregunta, a cuya respuesta nos queremos aproximar en este escrito es la siguiente:

¿Nuestra Lógica es un producto de nuestro cerebro?  Dicho de otro modo: ¿otros cerebros inteligentes podrían desarrollar otras Lógicas?

 Sabemos que nuestro cerebro ha desarrollado varias Lógicas: la Lógica binaria, la difusa, la probabilística, y otras. Sin embargo, aquí, para discernir y poder encontrar una respuesta a nuestra pregunta debemos preguntarnos por la naturaleza de la Lógica Formal.

No resulta concebible que otros seres inteligentes - supongamos, por el momento, que entendemos lo que queremos decir con “inteligentes” -, y que entendieran nuestro lenguaje, tuvieran otra Lógica que les permitiera concluir que “el caballo blanco de Santiago debe ser negro”, ni que ” esto es un hombre y no es un hombre” es verdadero.

 Estos ejemplos, que se podrían multiplicar, muestran que la Lógica es algo íntimamente vinculado al lenguaje que la desarrolla.

 Recuerdo que había otro principio de la Lógica aristotélica que establece que “el todo es mayor que la parte”. No creo, sin embargo, que esto sea un principio lógico - aunque lo pueda parecer -, sino empírico. De hecho, no se cumple para conjuntos infinitos, pues sabemos que el conjunto de los números pares, por ejemplo, se puede poner en correspondencia biunívoca con el de los números naturales.

 Si entendemos la Lógica como un producto no contingente, sino como un producto necesario de nuestro lenguaje, la pregunta queda reducida a  si los diferentes tipos de lenguaje pueden producir Lógicas contradictorias entre sí.

 Pero: ¿Qué es primero: la Lógica, o el lenguaje?. ¿Acaso es posible estructurar un lenguaje sin una Lógica previa?. O, ¿ se van haciendo el uno al otro, la Lógica al lenguaje y el lenguaje a la Lógica?

Sea como fuere, los diferentes lenguajes deben poseer una estructura linguística que subyace a los mismos, y que debe ser el objeto del estudio de la lingüística. Esto lo afirmo con algún riesgo, porque mis conocimientos de linguística son muy escasos. Creo también que cualquier lenguaje, suficientemente expresivo, debe ser capaz de desarrollar una Lógica, y que las Lógicas desarrolladas por lenguajes diversos no son sólo compatibles, sino superponibles en muchos aspectos.

 Creo, por tanto, y resumiendo, que la Lógica es un producto universal de cualquier cerebro capaz de desarrollar un lenguaje, y no algo contingente a un cerebro o a un lenguaje concreto.

 Por supuesto, algunos lenguajes me parecen más apropiados para desarrollar contenidos lógicos que otros. En este sentido el idioma inglés me parece mejor estructurado para la Lógica que el español, por ejemplo, aunque por ser ambos suficientemente expresivos habrían desarrollado la misma Lógica, aunque no hubiera habido contacto alguno entre ambas lenguas. Un marciano inteligente, ídem de ídem, aunque su física, su matemática y todo lo demás difiriera en todo de lo nuestro.

El cerebro, producto de la evolución y de la adaptación al medio, sería el hardware, la Lógica sería el sistema operativo obligado - más o menos como el Windows de Microsooft -, y todos los demás contenidos de la mente serían los programas.

Marzo 23, 2007

A modo de justificación

Archivado en: Uncategorized — Ernesto Sánchez de Cos Escuin @ 11:07 am

Me gustaría poder decir que la motivación de mi blog es la vanidad de tener muchos lectores. No puedo decir eso porque mi esperanza estriba en que alguno de mis amigos  lean alguna que otra cosa suelta. No es, pues, la vanidad lo que me induce a escribir o a comenzar con un blog.

A mí me gusta escribir, me gusta expresar con claridad mis ideas sobre temas diversos, y casi todo lo que voy escribiendo lo acabo perdiendo. Pienso que el blog puede ser como un gran cajón virtual en el que ir echando todo aquello que se me vaya ocurriendo.

 Por otra parte, los intereses personales se reflejarán en el blog y puede que estos intereses coincidan con los de otras personas, por lo que el blog puede ser también un escaparate en el que uno muestra sus inquietudes, así como un medio para conocer a otros que las compartan.

 El título del blog “Detodounpoco” refleja la indefinición del mismo, en el que pretendo que tenga cabida cualquier cosa que se me vaya ocurriendo, aunque quizás más adelante se me ocurra cambiarlo.

La intención es que el blog, aunque diverso y variopinto en su contenido, refleje en general un sistema de pensamiento, que constituya una invitación a la reflexión sosegada y que se aleje de tecnicismos. Podríamos decir que mi intención, quizá algo pretenciosa, es invitar a los lectores a pensar conmigo. En general, y salvo algún artículo de refresco, la lectura del blog exigirá un cierto esfuerzo. 

Ah, y se me olvidaba, la razón principal de mi blog: lo escribo porque me da la gana.

Blog de WordPress.com.